Carlos Ometochtzin

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Fallecimiento 1539 Ver y modificar los datos en Wikidata
Causa de muerte Muerte en la hoguera Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Acolhua
Padres Nezahualpilli
Carlos Ometochtzin
Información personal
Fallecimiento 1539 Ver y modificar los datos en Wikidata
Causa de muerte Muerte en la hoguera Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Acolhua
Familia
Padres Nezahualpilli
Familiares Fernando Cortés Ixtlixóchitl

Don Carlos Ahuaxpitzatzin Ometochtzin Yoyontzin Ixtlixóchitl Mendoza, también llamado Carlos de Texcoco,[1] fue un noble acolhúa de Tezcoco, que fue ejecutado en la hoguera por la Inquisición, acusado de idolatría y herejía dogmatizante.[a][2][3] El juicio, llevado a cabo por fray Juan de Zumárraga, primer obispo de Nueva España, supuso un escándalo para las autoridades españolas, que lo consideraron un error y un abuso, y contribuyó a que los indígenas quedasen excluidos de la jurisdicción de la Inquisición española en América a partir de 1571.

Juicio y ejecución

Se trata de uno de los personajes de la historia de Texcoco sobre los que se tienen más interrogantes y versiones contradictorias, tanto en las fuentes primarias como secundarias. Sus muchos nombres, a los que se suma el título hereditario de los monarcas texcocanos, Chichimecatecuhtli, es uno de los factores que han contribuido a que a menundo se le confunda con varios personajes diferentes. Siendo nieto de Nezahualcóyotl e hijo de Nezahualpilli, hay evidencia de que este último lo designó en 1516 como su sucesor tlatoani de Tezcoco, pero que sus hermanos le impidieron asumir el mando.[1][3]

Se crio en la familia de Cortés y estudió con los franciscanos del colegio de Santa Cruz de Tlatelolco, de quienes recibió el bautizmo en 1524. Se casó con María de Guaxutla en 1535. Accedió al cacicazgo de Texcoco probablemente tras la muerte de Fernando Cortés Ixtlixóchitl en 1535. Gozaba de una prestigiosa posición en la sociedad texcocana de su época. Estaba emparentado con los caciques de Chiconautla y Tacuba, así como con Fernando de Alva Ixtlixóchitl. [4][3]

Algunos autores, como Bradley Benton, proponen que en realidad nunca logró su meta de ocupar el cargo de tlatoani, aludiendo a un error probablemente proveniente de la crónica de Domingo Chimalpahin, quien lo llama Carlos Ahuachpitzactzin y afirma que gobernaba como tlatoani durante nueve años antes de su ejecución, dato contradicho por otra de las crónicas.[5][6] Para Benton, Carlos Ahuachpitzactzin pudo ser un brevísimo tlatoani hispánico, ausente en la mayoría de crónicas y de quien no se sabe cuándo y cuánto gobernó.[7][8] Sin embargo, la gran mayoría de las fuentes coinciden en que sí ocupó el cargo de cacique de Texcoco, como López de Gómara, Clavijero, Chimalpahin, García Icazbalceta, Orozco y Berra, Prescott, Gibson, Ricard, de Ibañez, Greenleaf o García Granados, aunque difieren considerablemente en el rango de fechas de su mandato. [9][3][10]

El 22 de junio de 1539, Ometochtzin fue denunciado como dogmatizador ante el Santo Oficio, por un indio de Chiconautla llamado Francisco Maldonado. Don Carlos había viajado a Chiconautla que estaba azotada por la peste y la sequía, y el párroco había animado a los indios a que rezaran pidiendo misericordia. Carlos ridiculizó estas prácticas inculcadas por los frailes. según el testimonio del indio Francisco, había desestimado la doctrina cristiana y la enseñanza impartida en los colegios virreinales, además de decirles a los indios que, así como cada una de las órdenes mendicantes tenían su propia vestimenta, era correcto que los indios también tuvieran su propio modo de vivir y de practicar su culto. También lo acusó de criticar que el concubinato y la embriaguez se castigaban en los indios mientras que se permitían como privilegios a los españoles. Además, Francisco de Chiconautla lo acusó de decir una arenga en contra de las autoridades españolas:[11][3]

Hermanos, dad acá, ¿quiénes son estos que nos mandan y están sobre nosotros y nos vedan y deshacen? Pues aquí estoy yo, que soy señor de Tetzcuco, y allí está Yoanizi, señor de México, y allí está mi sobrino Tetzapilli, que es señor de Tacuba; y no hemos de consentir que ninguno se ponga entre nosotros ni se nos iguale. Después de que fuéramos muertos bien podrá ser, pero agora aquí estamos y esta tierra es nuestra y nuestros abuelos y antepasados nos la dejaron.
Don Carlos Ometochtzín[12]

Después de estudiar la denuncia, Zumárraga ordenó su arresto y el embargo de sus propiedades. En sus propiedades, se encontraron imágenes de Quetzalcóatl, Xipe, Coatlicue y Tlaloc. Entre el 4 y el 12 de julio, fueron interrogados varios testigos, entre los que destacaron su esposa, su hijo, su hermana y su cuñada. El testimonio de su hijo agravó su situación, puesto que el niño, de once años de edad, tenía nulos conocimientos de doctrina cristiana, ya que su padre le había prohibido ir a la iglesia. Su cuñada lo acusó de haberla visitado en su casa para forzarla.[11][3]

El 15 de julio, Don Carlos fue llevado ante el inquisidor apostólico para el interrogatorio formal. Bernardino de Sahagún fue el intérprete. Carlos manifestó lealtad a la iglesia y negó casi todos los cargos, excepto el de tener concubina. La prueba más contundente fue el discurso subversivo de Carlos, por lo que el virrey Antonio de Mendoza y la Audiencia se convencieron de apoyar la sentencia de relajamiento promovida por Zumárraga.[11]

El 22 de agosto de 1539, Carlos Ometochtzín fue exonerado del cargo de idolatría y condenado por dogmatizar herejías entre la población indígena. Su abogado, Vicencio de Riverol, intentó refutar sin éxito las acusaciones del fiscal. Como última medida, alegó que la denuncia era obra de una conspiración para arrebatarle el puesto de cacique.[11][3]

El 28 de noviembre fue condenado y remitido al brazo secular bajo la sentencia de quema en la hoguera y enajenación de todas sus pertenencias. El auto se efectuó en el zócalo el domingo 30 de noviembre, ante la presencia del virrey, el obispo y otros dignatarios, además de una multitud de indios y españoles. Zumárraga dio el sermón y ordenó al secretario inquisidor, Miguel López de Legazpi que leyera la sentencia y que se le tradujera al náhuatl al condenado antes de su final ejecución.[11]

Los indios fueron tratados como ordinarios por la Inquisición hasta 1571. De 1536 a 1543 Zumárraga ejerció el cargo de inquisidor apostólico y llevó 183 causas contra los sospechosos de no ser creyentes (de acuerdo al derecho de Indias), incluyendo al menos.[11][3]


Consecuencias

Este fue el caso más notable de Zumárraga, por el que se ganó la censura de la Corte, entre ellos el mismo rey Carlos V. El inquisidor apostólico Tello de Sandoval anuló una de las consecuencias de la ejecución, la referente a los bienes del ajusticiado (que pasaban a formar parte del patrimonio del inquisidor que lo mandaba ejecutar).

La condena y posterior ejecución en la hoguera de don Carlos llevó a plantear con claridad los alcances de la jurisdicción inquisitorial. Cuando se constituyó el Santo Oficio en las virreinatos de ultramar, en 1571, los indígenas fueron dejados fuera de su jurisdicción, al considerarlos neófitos que todavía no tenían la fe católica lo bastante arraigada como para poder ser hechos responsables de herejía.[13]


Notas

Referencias

Bibliografía

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