De su cosecha poética, Villagra Marsal ha publicado Antología mínima, Guarania del desvelado, El júbilo difícil, en 1996; y Poesía congregada, en México y España, en el mismo año.
Junto a José María Gómez Sanjurjo y Jorge Gómez Rodas, Villagra Marsal fue cofundador y director de Alcándara Editora que, de 1982 a 1988, sacó a luz sesenta volúmenes de poesía paraguaya.[2] Pero fue además director de la Editorial Araverá, entre los años 1985 y 1987.
Durante los difíciles años de la dictadura de Stroessner, Carlos Villagra Marsal condujo la bien recordada «Tertulia Hispanoamericana del Paraguay», que se realizaba una vez por semana en el Centro Cultural Juan de Zalazar.
Villagra Marsal redactó Mancuello y la Perdiz mientras ocupaba un cargo en la sede de la ONU en Santiago de Chile, logrando el premio del matutino La Tribuna.
En Mancuello y la perdiz, Villagra Marsal, como cualquier escritor de una comunidad bilingüe, aprovecha la vigencia de dos códigos lingüísticos con carácter de difusión general en la colectividad, según se señaló en el programa «Voces», de Radio Nederland en la que habló de su novela corta. El guaraní, lengua ampliamente mayoritaria en el Paraguay, ha sido mantenido en situación predominante de orabilidad, siendo considerada como instrumento de la comunicación 'corriente', 'familiar' o 'espontánea' y de la cual se excluyen múltiples esferas de la comunicación y de las relaciones sociales, según algunos los lingüistas.
Su novela corta, Mancuello y la Perdiz, que obtuvo el Premio de Narrativa, periódico La Tribuna, 1965; pertenece a los clásicos de la narrativa paraguaya de ficción. El autor, mediante la utilización del castellano paraguayo y la traducción directa de las expresiones y las sintaxis guaraníes, alcanza las raíces de la paraguayidad con tanta frescura como precisión.
Mancuello y la perdiz ofrece al lector una historia de corte maravilloso, cuya propuesta podría resumirse así: poco importa que las circunstancias sean nefastas, letales, invivibles; un día, algo ocurrirá y todo cambiará, para mejor. Se lee en un fragmento de esta obra "¿De qué o de quién depende que la vida se desarrolle en circunstancias difíciles de soportar? De un arriero, mestizo de negro, más traicionero que víbora-liana, jugador, borracho, pendenciero, asesino: Pantaleón Mancuello, quien impone su fuerza funesta a todo un pueblo de la región Oriental del Paraguay. Y, ¿a qué o a quién incumbe que el pueblo se libre de Mancuello?. A un forastero, educado, cortés, respetuoso, «un arribeño que iba de cruzada, llamado José, quien resultará siendo el Ángel Gabriel. ¿Cómo José se deshace del malvado? En una rencilla, sacudiéndole latigazos sin duelo ni tregua. Para escapar de ellos, Mancuello se zambulló directamente en el caraguatal. José se marchó del pueblo montado en un zaino que galopeaba en el aire, señal de su condición angelical".
El mecanismo narrativo reitera el de los relatos paraguayos y vernáculos primigenios; y, asimismo, el de los de Edgar Allan Poe, en «Eureka», por ejemplo: el narrador de la leyenda es un campesino, «un arriero», «un hombre». El destinatario es «un niño», «un muchacho», el «patrón» del hombre. Ambos innominados, en función paradígmica. El discurso mezcla palabras y estructuras de la lengua guaraní con las del castellano, logrando tal naturalidad y ritmo, que el lector, por la realidad del discurso, se acerca con facilidad a la de la ficción.
Las escenas se sitúan en ámbitos típicamente paraguayos y los personajes, auténticos, contribuyen a la veracidad y al carácter vivido de la historia.
Villagra es poeta y narrador a la vez; fue profesor de Literatura; conoce y sabe darles vigor eficaz a los mecanismos del discurso, logrando una obra literaria que, particularmente en 1966, respondió al horizonte de espera de los lectores, que ni enjuicia ni cae en maniqueísmos que le habrían restado eficacia a la intención. Y a esta, la figura del Ángel Gabriel le pone claridad y esperanza. Nada más observar que, cada vez que la perdiz aparece, se pone a llover, probando que los ruegos del pueblo porque acabara la sequía se oyeron.