Maris Kreizman, escritora para The Atlantic, argumentó que la interacción de Carol con la mente colmena reflejaba experiencias que había tenido antes de la trama de Pluribus, afirmando que la sensación de intentar apaciguar a sus lectores comprometiendo su visión era similar. Creía que su ocupación era importante para la trama, añadiendo que su objetivo era mostrar la importancia del pensamiento crítico y la toma de decisiones por uno mismo en lugar del colectivo. También citó una escena en la que la mente colmena le dice que su libro es tan bueno como la obra de William Shakespeare, afirmando que esto le disgustaba, porque Carol valora la capacidad de distinguir cosas como esta. Sobre su personaje, Kreizman creía que, si bien no necesariamente puede ser una buena persona, tiene un carácter fuerte que valora el individualismo y está dispuesta a mejorar a pesar de sus defectos.[6] Maya Phillips de The New York Times, percibió la identidad de Carol como el de una creadora convencional que se ve a sí misma como superior, alineando su identidad como una de los únicos humanos desconectados, afirmando que estaba «verdaderamente separada» y que irónicamente es una de las únicas creativas en un mundo donde la creatividad no tiene valor.[7]
Alison Herman, escritora de Variety, analizó las similitudes y diferencias entre Carol y el personaje que Rhea Seehorn anteriormente había caracterizado, Kim Wexler; consideró que compartían la misma «inteligencia cautelosa», pero que Carol era más volátil. Herman consideró que la animosidad de Carol hacia la mente colmena era similar a la que siente hacia sus seguidores por disfrutar de su propia obra literaria. Elogió la actuación de Seehorn, describiéndola como «divertida y lastimosa, explosiva y vulnerable», y la interpretación de Seehorn como «magnética».[8] Kat Tenbarge de Spitfire News, sintió que su personalidad era irritante, misma que contrastaba con la mente colmena, lo cual le resultó agradable. También habló sobre las críticas en internet contra el personaje de Carol por ser «antipática», argumentando que parte de su rechazo se debe a los hombres a quienes les gusta Walter White, el protagonista de Breaking Bad, también de Vince Gilligan, así como a personajes masculinos con personalidades bruscas, enojonas y abiertamente violentas, sin que aparentemente encuentren ese tipo de disfrute en las mujeres de ficción. Encontró a su personaje «divertido, cercano y más razonable de lo que mucha gente cree», afirmando que no le importa ser agradable mientras intenta salvar al mundo, lo que hizo que Tenbarge la apreciara aún más. Citó a Vince Gilligan al respecto, quien no entendía cómo la gente podía encontrarla antipática, coincidiendo en que podría haber un sesgo contra un personaje femenino que actúa de esta manera.[9]
La sexualidad de Carol fue objeto de análisis por parte de los críticos. La escritora Mey Rude de Out, que se declaró abiertamente abiertamente lesbiana, comentó que Carol era la «heroína lesbiana con defectos» que Estados Unidos necesitaba. Afirmó que los héroes con defectos solían ser hombres, reconociendo que Carol era una «perra» y creyendo que las lesbianas disfrutan de tener un personaje grosero.[10] La escritora de Polygon, Aimee Hart, elogió a Gilligan por su manejo de Carol como personaje lésbico, afirmando que, si bien su sexualidad no es el rasgo más importante de su personaje, influye en su percepción de la mente colmena y sus acciones. Sintió que sus opiniones misántropas la hacían desagradable en ocasiones, pero su dolor por la muerte de Helen la hizo cercana y comprensiva. Refiriéndose a la preocupación de Gilligan por hacerle justicia a Carol, cree que esto ayudó a que el escritor manejara la muerte de Helen con «cuidado y atención». Hart sintió que el amor de Helen era único y que ahora era compartido con todos, a pesar de que la mente colmena carecía de la capacidad de desafiar a Carol.[11] Judy Berman de Time, creyó que tanto Carol como Kim Wexler eran geniales porque ninguna se definía por su género o sexualidad. Describió a Carol una «heroína imperfecta», opinando que sirve como modelo a seguir para quienes no se dejan consumir por la ira ni el dolor.[2] Michael Cuby de Them.us, dijo que la misantropía de Carol se derivaba al menos en parte de un «profundo trauma queer», creyendo que Carol nunca se recuperó de haber sido obligada a someterse a una terapia de conversión.[12]