Carolino
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Los carolinos (en sueco: karoliner) fueron un tipo de soldados empleados por los ejércitos de los reyes suecos Carlos XI y Carlos XII durante el siglo XVII. Fueron ampliamente empleados durante las campañas suecas en Europa Central y Oriental y en su momento fueron consideradas una de las fuerzas más efectivas del continente. Se caracterizaron por el uso combinado de armas de fuego, picas y espadas en una táctica ofensiva (llamada Gå–På) y el uso de la religión como elemento de cohesión para imprimirles un esprit de corps.

Para compensar para su carencia de soldados y recursos, Suecia tuvo que innovar para crear un ejército eficaz en comparación a las fuerzas ya existentes en otros estados europeos. Este proceso está vinculado con la centralización y creación de una autoridad estatal fuerte en el país.
Tras su participación en algunos de los principales conflictos europeos como la Guerra de los Treinta Años, Suecia era una potencia en auge que estaba creando lo que se llamó posteriormente como imperio sueco. Sin embargo, la Guerra Escanesa mostró las limitaciones del ejército sueco y llevó al rey Carlos XI a plantear una reforma tras la batalla de Lund. Ese mismo año Carlos XI pasó una ley en el parlamento estableciendo un sistema de distribución de tierras en el que los campesinos de cada lote debían proporcionar un regimiento de 1000 soldados con sus armas y uniformes. Cada lote se dividía en rotes de uno a cinco campesinos, que debían proporcionar un soldado y pagarle su propia residencia y parcela.[1] La caballería se conformaba igual, estando exento los rotes que proporcionaban un caballo de parte de los impuestos debidos a la corona.[2] De este modo Carlos XI se aseguraba un ejército profesional de 18.000 infantes y 8.000 jinetes (además de los 7.000 soldados y 3.000 jinetes de Finlandia). En las costas se aplicó el sistema para proporcionar 6.600 marineros en Suecia y 600 en Finlandia.[2]
Las unidades provinciales resultantes fueron consideradas una de las fuerzas militares más eficaces de su época habiendo participado en batallas como Narva, Düna, Klissow, Pultusk, Jakobstadt, Gemauerthof, Varsovia, Fraustadt, Holowczyn, Helsingborg y Gadebusch.

Aun así, debido al escaso número de soldados suecos, cualquier caso de pérdidas masivas podía ser irreparable. Los generales suecos tuvieron que elegir sus batallas sabia y cuidadosamente para mantener bajo el número de bajas. A pesar de un desempeño temible en la Gran Guerra del Norte, su reducido número hizo difícil para Suecia el mantener su esfuerzo bélico, marcando dicha guerra el principio de la decadencia del imperio sueco.
Después de una marcha larga y fatídica en las tierras del interior ruso, donde sufrieron una política de tierra quemada, guerrillas y el clima ruso frío, el agotado ejército carolino fue decisivamente derrotado por los rusos en la batalla de Poltava (1709). Se estima que la guerra causó 35.000 muertos en las filas suecas - el 70 por ciento del ejército. 25.000 de estos fueron muertos en combate y otros 10.000 murieron de hambre, enfermedad y agotamiento. El poder sueco empezó a debilitarse y en 1718, la muerte de Carlos XII (seguida por la llamada marcha de la muerte carolina), marca el final del ejército carolino.
Organización

El ejército carolino estaba organizado en regimientos provinciales que podían ser:
- Regimientos de caballería, como el regimiento de dragones de Jämtland y Bohuslän o la guardia real (Livdrabanterna).
- Regimientos de infantería, incluyendo los regimientos de Värmland y Västerbotten.
- Regimientos de artillería.
El ejército también incluía una unidad especial llamada el Livdrabanterna (Cuerpo de Guardia de Vida Real), con 100 hombres bajo el mando personal del rey. El rey era su capitán directo y se requería el rango de capitán para ser admitido en la unidad, cuyo mando efectivo era un coronel con el título de Kaptenlöjtnant (Capitán Lugarteniente). Este cuerpo acompañó al monarca hasta su final y sus veteranos llevaron el féretro de Carlos XII a su llegada a la capital para el entierro en 1719.
Uniformes, logística y abastecimiento
El uniforme carolino fue una variante del uniforme estándar sueco introducido por Carlos XI de Suecia. Constaba de casacas con azules con puños amarillos. Los pantalones eran blancos y el chaleco amarillo. Muchos regimientos se distinguían por variaciones en el uniforme. Por ejemplo, los dragones de Bohuslän portaban abrigos verdes y el regimiento de Närke-Värmland usaba puños rojo. La artillería usaba abrigos grises con puños azules. Llevaban tricornio o una gorra especial llamada Karpus. La caballerá de élite Trabant Garde eran las únicas en portar armadura, llevando corazas de acero.
La ración diaria de un soldado constaba de 625 gramos de pan seco, 850 gramos de mantequilla o cerdo, 1/3 de litro de guisantes y 2.5 litros de cerveza (para evitar el agua, que muchas veces era no potable). La mantequilla o el cerdo eran a menudo reemplazado por pescado si este estaba disponible.[3]
Moral y creencias religiosas

La disciplina estricta era necesaria en el ejército carolino, dada su táctica muy ofensiva que exponía a los soldados al fuego enemigo hasta estar cercano a los enemigos y poder disparar. Se decía popularmente que no debían responder al fuego enemigo con sus propias armas hasta ser capaces de distinguir "el blanco en los ojos de los enemigos". La táctica pretendía evitar los disparos fallidos y asustar al enemigo al enfrentarse a un ejército que seguía avanzando hasta el combate cercano.
Para lograr tal nivel disciplina, el ejército seguía una estricta normativa. Incluso la vida privada de un soldado estaba regulada por rigurosas normas. La religión era utilizada como herramienta para mantener la moral alta entre las tropas. Los sacerdotes regulares predicaban sobre las virtudes de servir a la corona y, dentro del ejército, a menudo participaban en la batalla para levantar los ánimos. La iglesia también creaba un sentimiento de solidaridad entre soldados al ser la fe luterana un pilar del estado sueco. Muchas veces luchaban frente a otras religiones (católicos polacos y alemanes, ortodoxos rusos...) lo que tenía un significado religioso para las tropas dado el estatus de campeón protestante que Suecia tenía desde la guerra de los treinta años.
Del soldado carolino no se esperaba que mostrara temor en la batalla. El determinismo luterano implicaba que si el plan de Dios era que debía morir, moriría aunque intentara esquivar las balas; mientras que si estaba destinado a sobrevivir, sobreviviría pese a las adversidades. Este razonamiento acompañaba a la táctica ofensiva del ejército carolino, que requería una férrea disciplina para tener éxito. Así, después de la batalla de Narva muchos soldados creyeron que Dios les había enviado la ventisca que les ayudó a vencer, mientras que la derrota en Poltava fue vista como el castigo de Dios por su hubris y pecados.[cita requerida]
Los regimientos se reclutaban según las provincias y regiones del reino para crear un sentimiento de unidad y generar lealtad entre soldados que procedían de la misma tierra.

Disciplina
Las ordenanzas eran estrictas para el soldado carolino. Por ejemplo, robar la comida de otro soldado suponía un duro castigo. El saqueo estaba prohibido aunque ocasionalmente se recurría a él como en Narva y Lemberg.[cita requerida]
La moral religiosa estaba muy presente y tomar el nombre del dios en vano era uno de los peores delitos que un carolino podía cometer. Tanto eso como interrumpir la oración estaba penado con la muerte.[cita requerida]

