Casilda Manrique de Luyando y Hurtado de Mendoza
Casilda Manrique de Luyando y Hurtado de Mendoza, pertenecía a una antigua familia de la nobleza española, que ocupó el puesto de Guarda Mayor de las damas, sucesivamente de las reinas Isabel de Borbón y Mariana de Austria, esposas del rey Felipe IV, con quien tuvo un hijo ilegítimo, Carlos Fernando de Austria y Manrique
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Casilda Manrique de Luyando y Hurtado de Mendoza (Orduña aprox. 1597-Madrid 26/08/1670), pertenecía a una antigua familia de la nobleza española, que ocupó el puesto de Guarda Mayor de las damas, sucesivamente de las reinas Isabel de Borbón y Mariana de Austria, esposas del rey Felipe IV, con quien tuvo un hijo ilegítimo, Carlos Fernando de Austria y Manrique (Madrid 1639 -Guadix, Granada, 31/03/1696)
Perteneció a una familia llena de personajes con grandes servicios a la Corona. Su abuelo paterno fue don Ochoa de Luyando, hombre de confianza del emperador Carlos V y de Felipe II y secretario del Consejo de Indias, diseñó entre otros los planos del castillo de la Real Fuerza en Cuba para defenderlo del ataque de los piratas.
Don Ochoa había casado con doña Casilda Hurtado de Mendoza, adscrita al poderoso clan de los Mendoza, de cuyo seno habían salido entre otros los primeros virreyes del Perú, o el accitano don Pedro de Mendoza y Luxan, Adelantado del Río de la Plata y primer fundador de Buenos Aires.
Ochoa y Casilda, fundaron un rico mayorazgo en la verde ciudad de Orduña, a orillas del río Nervión, en Vizcaya; y fueron padres entre otros de don Juan de Luyando, caballero de la orden de Santiago, que casó con doña María de Sopelana, Butrón y Manrique, nieta de Juan Manrique III marqués de Aguilar y conde de Castañeda y de Luisa Manrique (hermana del gran Cardenal Pedro Manrique, uno de cuyos hijos legitimados por el Papa y por la reina Isabel la Católica fue don Rodrigo de Mendoza, marqués del Cenete y quien encargó construir el Castillo-Palacio de la Calahorra). El lema del escudo de los Manrique o Manrique de Lara es: "Nos non venimos de reyes, que reyes vienen de nos".
Los padres de Casilda, don Juan de Luyando y doña María de Sopelana, abuelos maternos del canónigo, tuvieron también a doña Antonia Mª de Luyando, (que casó con don Antonio de Robles Guzmán, vizconde de Santa Marta) y a doña Luisa Manrique con don Rodrigo Quijada de Almaraz.
Casilda, debió de nacer en torno a 1597, pues ya en 1611, era madre y bautizaba en la parroquia de San Miguel de Vitoria a su primer hijo Alfonso, que sería investido caballero de la orden de Alcántara en 1623, con apenas doce años. A Casilda debieron casarla a la edad temprana pero habitual en la época, de 13 años, con don Juan Ortiz de Luyando, viudo de acaudalada familia y con una hija, Mª Alfonsa (heredera de la Casa de Zárate, que había casado con Luis Bravo de Acuña, virrey de Navarra). Juan Ortiz era hijo de Ventura de Luyando y Ana Ortiz de Mendieta. Doña Ana era nada menos que hermana de los Adelantados del Río de la Plata don Juan Ortiz de Zárate Mendieta y don Lope Ortiz de Mendieta, parientes también de Juan de Garay, segundo fundador de Buenos Aires. El Adelantado Ortiz de Zárate, combatió muy joven al lado de Francisco Pizarro en el Perú e hizo gran fortuna con explotaciones ganaderas y con las minas de plata del Potosí, llegando a ser uno de los hombres más ricos de América.
Casilda tuvo otros tres hijos: Diego que se bautizaría en la misma parroquia que Alfonso, pero en 1620, obteniendo en 1634, con catorce años el hábito de la orden de Calatrava. Ambos hermanos, Alfonso y Diego, fueron nombrados meninos de la reina Isabel de Borbón, primera esposa de Felipe IV y compartieron juegos con el malogrado príncipe Baltasar Carlos, que fallecería con 17 años por “unas calenturas mal sangradas”.
Los otros hijos de Casilda, fueron: Francisca, nacida seguramente hacia 1618, y Joseph sobre 1622. Joseph sería nombrado caballero del hábito de Santiago en 1631. El esposo, Juan Ortiz de Luyando, falleció sobre 1623, dejando a Casilda viuda, con apenas 26 años y cuatro hijos. Alfonso y Diego, los dos varones mayores, ya ejercían de meninos en palacio bajo el ojo vigilante de su tía Antonia, hermana mayor de su madre, casada como vimos con el mayordomo de la reina Isabel de Borbón, el vizconde de Santa Marta: don Antonio de Robles Guzmán (pariente del conde-duque de Olivares puesto que sus abuelos eran hermanos).
Vida en la Corte
Entre 1623 y 1633, Casilda consta que administró su patrimonio y la herencia de sus hijos, viviendo entre Vitoria y Orduña. Sería hacia 1634, cuando en agradecimiento a los servicios prestados por sus antepasados a la familia real, y también indudablemente gracias su cuñado, el vizconde de Santa Marta, obtuvo por parte del rey Felipe el nombramiento de Señora de Honor y Guarda mayor de las damas de la reina Isabel. Su hija Francisca, obtuvo el puesto de Dama menina; pasando todos a residir en el palacio del Real Alcázar madrileño.
Casilda como Guarda mayor tuvo que aprender la rígida jerarquía, etiqueta y protocolo regulados por las Ordenanzas de la Casa de Borgoña, entre las que figuraban ordenar a las damas "respeto y acatamiento debido así en lo que toca a la templanza y modo de andar y reír, como en las demás cosas que se puedan ofrecer". La guarda mayor de las damas tenía derecho a portero y criadas propias. En los actos protocolarios figuraba junto a la Camarera mayor.
Hacia 1638, Casilda llevaría ya unos años ocupando el puesto de Señora de Honor y Guarda mayor de las damas de la reina Isabel de Borbón, se movía con soltura en el ambiente palaciego, y llevaba ya casi catorce años de viuda. Sus hijos prestaban servicios en la Corte. Por su cargo como guarda mayor, Casilda tenía trato frecuente con la reina y con el rey, a quien gustaba conocer los cotilleos de la Corte.
En 1639 nacería un niño de aspecto rollizo y saludable a diferencia de los hijos legítimos del monarca enfermizos por la consanguinidad familiar habitual entre los Austrias. La comadrona sería doña Inés de Ayala, comadrona real durante un cuarto de siglo, tanto de hijos legítimos como bastardos. Al recién nacido se le impondrían los nombres de Carlos Fernando por los dos hermanos del Rey, el Infante don Carlos y el Infante Don Fernando. Debió bautizarse en las proximidades del Alcázar; seguramente en la parroquia de San Juán o en la de San Nicolás.
Siguiendo el procedimiento acostumbrado con los hijos ilegítimos, se envió al vástago real bien lejos, en este caso a Flandes, para que se criase, bajo la tutela de su hermano, el Cardenal-infante D. Fernándo que se encontraba en Bruselas como Gobernador General de los Países Bajos españoles.
En noviembre de 1641, don Fernando cayó enfermo y falleció, siendo el niño Carlos Fernando reclamado por el rey para que volviese a Madrid, según describe un memorial, del archivo del Duque de Osuna, presentado en 1671 a la Reina-regente, en solicitud de ayuda y acomodo a su servicio.