Castillo de Bonilla de la Sierra
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| Castillo de Bonilla de la Sierra[1] | ||
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Bien de interés cultural Patrimonio histórico de España | ||
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| Localización | ||
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| Comunidad |
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| Provincia |
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| Localidad | Bonilla de la Sierra | |
| Datos generales | ||
| Categoría | Monumento | |
| Código | Protegido genéricamente[2] | |
| Declaración | Decreto de 22 de abril de 1949/[1] y es Bien de Interés Cultural. | |
| Construcción | Siglos XII - XVI | |
El castillo de Bonilla de la Sierra está estrechamente vinculado a la historia de la iglesia abulense, por su carácter de señorío del obispado, que lo utilizó como residencia de verano de sus prelados.
El origen del castillo, y del recinto amurallado del que forma parte en su extremo noroeste, parece remontarse al siglo XII, pero es a partir del XIV cuando es objeto de importantes reformas y labores de mantenimiento que se reflejan en distintos escudos conservados, correspondientes a los obispos que emprendían las obras. En la Baja Edad Media la Iglesia tiene un protagonismo especial en la política castellana, de tal manera que resulta difícil deslindar sus ámbitos de autoridad, los asuntos eclesiásticos de los civiles. El castillo de Bonilla constituye un claro ejemplo de esta doble vertiente; es por ejemplo sede del Sínodo Episcopal de 4 de julio de 1384, convocado por D. Diego de los Roeles, un siglo más tarde, en 1440 acoge al rey Juan II, obligado a recurrir al asilo del activo y fiel obispo D. Lope de Barrientos, ante el acoso de los Infantes de Aragón.
Todos los obispos abulenses se relacionan con la villa, como propietarios y como usuarios del castillo, siendo el huésped más relevante, por su importancia en las letras castellanas D. Alonso de Madrigal El Tostado que muere en él (1455). En el residirán los obispos la mitad del año, sobre todo en época estival, si bien, algunos, como el obispo Miguel Fernando Merino fueron criticados por permanecer casi todo su mandato sin salir de Bonilla. El principal impulsor de la fortaleza debió ser el obispo don Sancho Blázquez Dávila (1312-1348) del que sabemos remodeló cerca y palacio, dejando su escudo de armas como muestra de tales edificaciones adintelando las puertas. También existe constancia de las obras llevadas a cabo en el palacio por Diego de Álava (1552) (Libros de fábrica) quien también reparó la puerta del Mirón, que daba salida a la calle de la Pasión. En 1655, Bernardo Atayde de Lima Perera volvió a remodelar la torre y fortaleza, quedando, el palacio, según sus palabras como espléndido edificio; otros prelados como José del Yermo y Santibáñez (1726), y Fray Julián de Gascuña (1793) emprendieron obras importantes, este último, por ejemplo, gastó en el palacio 20.600 reales[3]
Hasta el siglo XIX, en que la Desamortización lo desvincula del obispado, no sólo es vivienda estacional, ya que se habitó durante el traslado -a partir de 1771- del Palacio Episcopal de Ávila, donde lo que hoy constituye la Casa de la Cultura a su emplazamiento actual. Últimamente en manos particulares, se ha emprendido su restauración.