El cementerio fue establecido a fines del siglo XIX para responder a las necesidades de la población local, en particular de la comunidad protestante de ascendencia alemana, que requería un espacio digno para las sepulturas. Hasta 1925, la religión oficial del Estado chileno fue el catolicismo, lo que otorgaba a la Iglesia católica en Chile el derecho de excluir a personas de otros credos de ser sepultados en los llamados “campos santos”, al ser considerados como "impuros". En este contexto, a los protestantes se les prohibía enterrar a sus difuntos en cementerios católicos.[1]
En 1870, Hermann Hube y Georg Aubel Albrecht adquirieron el terreno del antiguo cementerio municipal de Osorno, que había sido abandonado por falta de espacio y reemplazado por un predio más amplio, conocido entonces como cementerio parroquial y hoy cementerio católico de la ciudad. Hube, en coordinación con el municipio, organizó el traslado de los restos de difuntos católicos desde el camposanto antiguo al nuevo, utilizando carretas tiradas por bueyes.[2] Posteriormente, la administración del terreno quedó en manos de la Asociación Evangélica Alemana, lo que convirtió el lugar en un espacio funerario central para la comunidad protestante de Osorno. El valor de cada sepultura era de 12,5 centavos de peso por metro cuadrado, lo que permitió el acceso a personas de recursos limitados.[3]
En los primeros años se construyó una pequeña capilla luterana destinada a velorios y funerales, lo que consolidó la vinculación entre la Iglesia Luterana en Chile y la administración del cementerio.[4]
Durante la pandemia de COVID-19 y en otras ocasiones especiales, la administración implementó protocolos sanitarios, incluyendo el uso obligatorio de mascarilla y la habilitación de estaciones de lavado de manos en el recinto.[5] En noviembre de 2022, un incendio afectó una estructura interna utilizada como bodega, sin provocar daños a las tumbas históricas ni a la arquitectura principal del cementerio.[6]