Centro concentrado

El centro concentrado o penetración del centro se refería a una táctica militar usada desde la Antigüedad en que se rompía la línea enemiga en su centro. El historiador británico David G. Chandler la considera una de las siete tácticas básicas, quizás la más antigua, pues estudios arqueológicos indican que en las primeras batallas había una lluvia de proyectiles inicial y luego las fuerzas chocaban hasta que una se rompía. From Wikipedia, the free encyclopedia

El centro concentrado o penetración del centro[1] se refería a una táctica militar usada desde la Antigüedad en que se rompía la línea enemiga en su centro. El historiador británico David G. Chandler la considera una de las siete tácticas básicas, quizás la más antigua, pues estudios arqueológicos indican que en las primeras batallas había una lluvia de proyectiles inicial y luego las fuerzas chocaban hasta que una se rompía.[2]

Solía ser precedida por ataques en los flancos con el fin de inmovilizar a las alas del enemigo y/o atraer sus reservas a esos sectores. Después una fuerza de choque lanzaba el asalto principal contra el centro enemigo, rompiendo al ejército adversario en dos. De inmediato, una fuerza de reserva debía mantener y ampliar la brecha, girar y atacar cada mitad por separado. Se trataba de lanzar un ataque frontal, lo que exige tener superioridad numérica y/o emplear a las mejores tropas. El momento era crítico, no podía hacerse muy tarde, pues se debilitaban demasiado las propias alas, tampoco muy pronto, porque las reservas del enemigo podían no estar ocupadas y reaccionar al asalto frontal. Debe considerarse que la mayoría de las batallas han sido una combinación de las distintas tácticas básicas enumeradas por Chandler.[3]

Así, un enemigo hábil podía contraatacar con un movimiento de pinzas.[4] Por ejemplo, en Maratón, el centro de los persas, formado por los sacas, rompió el debilitado centro ateniense, pero fue una trampa.[5] Las alas atenienses derrotaron a sus contrapartes y las dejaron huir a los barcos, luego giraron y rodearon al centro persa, cuyos supervivientes huyeron como pudieron a la playa, encontrándose que su flota ya había zarpado.[6] También en Trebia o Cannas, las legiones romanas sólo podían realizar ataques frontales generalizados,[7] pues dependían demasiado de su densas formaciones, pero eran incapaces de girar cuando un enemigo más móvil, como el ejército de Aníbal Barca, los atacaba por los flancos y/o retaguardia.[8] Otro peligro es que la ruptura podía ser superficial, y el atacante se encontraba con una segunda línea enemiga, como ocurrió en Somme o Cambrai.[9]

Ejemplos

Referencias

Bibliografía

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