Cerro del Fraile (Holguín)
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| Cerro del Fraile | ||
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| Loma del Fraile | ||
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| Ubicación | ||
| Continente | América | |
| Cordillera | Grupo Maniabón | |
| País |
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| Provincia | Holguín | |
| Municipio |
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| Coordenadas | 20°53′36″N 76°17′00″O / 20.893333333333, -76.283333333333 | |
| Características | ||
| Tipo | Colina | |
| Cota máxima | 331 m s. n. m. | |
| Geología | ||
| Tipos de roca | Serpentinita | |
| Mapa de localización | ||
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El cerro del Fraile, más conocido como loma del Fraile, es la elevación más prominente del municipio y la ciudad de Holguín, en la provincia de igual nombre de Cuba. Se distingue por las numerosas leyendas populares que lo rodean, por la pureza de sus aguas, sus cuevas, y por su importancia natural, cultural e histórica dentro del paisaje urbano y rural holguinero.[1]
Tiene un carácter simbólico para los habitantes de Holguín, tanto por su presencia física visible casi desde toda la ciudad, como por la tradición oral que lo envuelve.[2]
El cerro del Fraile forma parte de una rama del grupo orográfico de Maniabón, que circunvala la ciudad de Holguín. Geográficamente se inserta en la región fisiográfica natural conocida como peniplano Camagüey – Las Tunas – Holguín, una zona de sabanas extensas que rodean las elevaciones que actúan como un anfiteatro geológico alrededor de Holguín.[3]
Se halla colindante con la Loma de la Cruz, símbolo natural de la ciudad, y con el barrio de Ciudad Jardín —uno de los sectores ubicados a los pies de la loma—, lo que le da un papel importante en el abastecimiento de agua y en la relación cotidiana de los habitantes con la naturaleza.[4]
Historia
Origen del nombre
El nombre “El Fraile” proviene de una leyenda que se remonta a antes de 1848. Según esta tradición, un fraile franciscano que trabajaba en Holguín perdió sus facultades mentales, y comenzó a subir a las faldas del cerro para dar largas peroratas, usualmente amenazantes. Con el tiempo, el fraile se acostumbró al lugar y pasaba las noches allí, mientras que vecinos de la ciudad le llevaban alimentos y ropa para ayudarlo con el frío y la intemperie.
Cuando las vecinas que transitaban hacia el cerro preguntaban hacia dónde llevaban los bultos (de ropa o alimentos), respondían que “para El Fraile”, frase que terminó por asociarse al cerro. También se le atribuye al nombre la antigua creencia de que en la cima se anidaba un ave agorera.
Actividades humanas y economía minera
En el pasado, el Cerro del Fraile fue objeto de explotación o al menos de intentos de explotación minera. Por ejemplo, se construyó una pequeña cueva de boca angosta en su frente opuesto, hace más de un siglo, para buscar minerales —erróneamente conocida como “Cueva del Indio”.
Dos personajes, San Juan Bidopia y Don Demetrio Pittaluga, solicitaron permisos y emitieron acciones o barras con valor de 200 pesos cada una para recaudar fondos y llevar adelante esas perforaciones mineras. En un acto notarial fechado el 2 de mayo de 1834 ante el escribano Miguel de Aguilera, se emitieron 24 acciones; Bidopia y Pittaluga se reservaron once de ellas, y distribuyeron las otras entre diversos habitantes de la zona.
Uso tradicional del agua
El cerro también ha sido importante para la ciudad de Holguín por su manantial. En Ciudad Jardín, a los pies del Fraile, se ubica un manantial cuyas aguas se han considerado muy puras y apreciadas por los vecinos. Durante muchos años, el agua del manantial del Fraile fue repartida en botellones —en tiempos tetracristales, luego de plástico— mediante un camión conocido popularmente como “el camión del Fraile”.
Existen relatos de que muchos vecinos preferían esta agua para beber, cocinar o bañarse, considerándola de mejor calidad que otras disponibles. También se dice que durante sequías fuertes, disponer de agua del manantial del Fraile fue una ventaja para quienes vivían cerca o tenían acceso al servicio de reparto.
Asimismo, hay denuncias de daños al manantial y al sistema natural de cavernas, al parecer debido a acciones humanas como uso de explosivos con fines militares, que habrían alterado gravemente esas formaciones naturales.
Características

Geomorfología y fisiografía
El cerro del Fraile mide aproximadamente 331 metros de altitud sobre el nivel del mar. Esa altura, la mayor del municipio, lo convierte en una prominencia sobresaliente pero no en una montaña de gran elevación.
Pertenece al grupo orográfico de Maniabón, y junto con otras elevaciones que rodean Holguín, forma un conjunto que le da a la zona un aspecto de anfiteatro natural. Se encuentra en un peniplano que alterna sabana extendida y colinas rocosas. Su relieve, suelos y rocas subyacentes (especialmente serpentinitas) condicionan su vegetación y su uso.
Flora y vegetación
La vegetación del Fraile es típica de matorrales xeromorfos espinosos asentados sobre serpentinitas, lo que en Holguín se conoce como cuabales.
Se identifican especies como yerbas guineas y paraná, yayas, espartillos, y variedaes de Copernicia, como el yarey. También aparece la mimosa púdica, conocida localmente como “mori-viví”.
Adicionalmente, el área alberga flora endémica asociada a las serpentinitas de Holguín, que incluyen especies de cactáceas y otras plantas adaptadas a suelos pobres en nutrientes y con metales pesados como níquel y manganeso. Ejemplo notable es el cactus enano (una especie que apenas sobrepasa los dos centímetros de altura), que aparece en la loma del Fraile, y cuya población es objeto de protección.[5]
Hidrología
El Cerro del Fraile es fuente de agua mediante manantiales locales. El manantial ubicado en su interior abastece de agua potable a barrios cercanos, con tradición de llevar agua en botellones, así como por medio de camiones repartidores. La calidad del agua ha sido motivo de orgullo comunitario.
Durante sequías, mantener acceso al agua del Fraile ha sido especialmente importante para quienes viven en Ciudad Jardín y zonas adyacentes.
Importancia ecológica
El Fraile contiene especies botánicas singulares, incluyendo flora endémica que requiere condiciones específicas como suelos serpentínicos, alta insolación, clima seco y presencia de ciertos metales pesados.
La reducción o daño de sus hábitats amenaza especies como el cactus enano, que además tienen dificultad para reproducirse o sobrevivir fuera de sus condiciones naturales.[6]
