En la ladera del errose alza una estatua de un toro en bronce de tamaño natural, diseñada por Francisco Piria y traída desde París. La escultura se encuentra en medio de un espeso bosque, donde conviven especies indígenas y foráneas. El bosque forma un semicírculo alrededor de la explanada en forma de herradura, dejando en el centro una superficie de aproximadamente 200 m², protegida por barandas y escalinatas que conducen hasta la estatua, de cuya boca brota agua mineral, dando origen a la conocida Fuente del Toro.
Desde la fuente, los visitantes pueden ascender hasta la cumbre del cerro, que ofrece una panorámica impresionante del balneario. Para algunos historiadores, esta cima fue cementerio de los indios charrúas, mientras que geólogos consideran que se trata del cráter de un volcán extinguido, añadiendo un toque de misterio y valor histórico al lugar.