Charlatanería radiactiva
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La charlatanería radiactiva designa la promoción de supuestos beneficios terapéuticos de la radiactividad en productos de consumo y remedios patentados. A diferencia de la radioterapia —uso médico regulado de la radiación ionizante para tratar, entre otros, tumores malignos—, la charlatanería radiactiva atribuyó, sin aval científico, propiedades salutíferas a la ingestión, aplicación o inhalación de sustancias radiactivas.[1] Este fenómeno alcanzó su auge en las primeras décadas del XX, al calor del entusiasmo popular por el radio y el radón.[2]
- Radithor (Estados Unidos, 1925–1931): solución de agua destilada con radium (Ra-226 y Ra-228) vendida como tónico. Su consumo crónico causó el célebre caso de Eben Byers; tras su testimonio, la Comisión Federal de Comercio ordenó en 1931 cesar las afirmaciones terapéuticas y de inocuidad del producto.[3]
- Pasta de dientes Doramad (Alemania, ca. 1940–1945): contenía trazas de torio; su publicidad aseguraba que la «radiación» aumentaba las defensas de dientes y encías y blanqueaba el esmalte.[4]
- Jarras Revigator (Estados Unidos, década de 1920): recipientes cerámicos con mineral uranífero que «radiactivaban» el agua potable al enriquecerla con radón. Se vendieron por cientos de miles de unidades.[2]
- Cosméticos Tho-Radia (Francia, 1932–1937): cremas y polvos ideados por el farmacéutico Alexis Moussalli, publicitados con la «fórmula del Dr. Alfred Curie» (sin parentesco con Marie Curie). En 1937, tras restricciones francesas a productos con radio/torio, la marca abandonó dichos ingredientes.[5]