Cuando el Gobierno Provisional se manifestó en favor de la Monarquía, rompiendo lo acordado en Ostende de esperar a las elecciones a Cortes Constituyentes para que cada partido de la coalición revolucionaria defendiera su postura a favor de la república o la monarquía, se abrió un debate en el Partido Demócrata sobre la compatibilidad de la monarquía con la democracia y sobre la "accidentalidad" de las formas de gobierno. La mayoría de los demócratas se decidieron por la república por lo que se refundó el partido bajo el nombre de Partido Republicano Democrático Federal, mientras la minoría encabezada por Rivero, Martos y Becerra defendió que lo fundamental era el reconocimiento del sufragio universal (masculino) y de los derechos y libertades individuales y no la forma de gobierno a la que consideraban "accidental". Esta minoría de demócratas que aprobaron la monarquía fueron llamados "cimbrios" por una frase del Manifiesto del Gobierno Provisional del 12 de noviembre de 1868 en la que se decía que estarían
abrazados a los principios políticos como aquellos antiguos cimbrios que combatían encadenados para mejor defender sus mujeres, sus hijos y su hacienda[2]
Según Jorge Vilches, el monarquismo de los "cimbrios" era circunstancial porque apoyarían la monarquía hasta el momento en que las condiciones materiales y educativas del pueblo permitieran el carácter democrático de todas las instituciones, incluida la jefatura del Estado, sin que por ello peligrara la libertad.[2] En una carta enviada por Nicolás María Rivero al diario granadino La Idea, y que luego fue reproducida, el 23 de febrero de 1869, por La Época, decía que asegurada la democracia,[3]
la República no está más que aplazada, y yo tengo la seguridad de que el día que los españoles sepan usar con mesura de todas las libertades, la República está hecha