Cine de gánsteres

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Se conoce como cine de gánsteres al género cinematográfico que tiene como tema principal el crimen organizado. A diferencia de otros géneros cuyo tema central es el delito, en el cine de gánsteres predomina el punto de vista del propio criminal, lo que hace que muchas de estas películas resulten moralmente ambiguas; en ocasiones, obras de este género han sido acusadas de glorificación de la violencia, por lo que han tenido frecuentes problemas con la censura.

Edward G. Robinson en Little Caesar (1931).

Surgido en Estados Unidos en los años 1930, sus primeras películas emblemáticas incluyen El enemigo público (1931), Little Caesar (1931) y Scarface (1932).[1] Tras la Segunda Guerra Mundial, el género decayó debido a las limitaciones impuestas por el código Hays, y resurgió en los años 1970 gracias al éxito de El padrino (1972), de Francis Ford Coppola. Desde entonces, el género se ha visto significativamente enriquecido por el trabajo del director Martin Scorsese, especialmente con el filme Goodfellas (1990).[2]

El cine de gánsteres ha explorado diferentes comunidades y contextos: mafias italoestadounidenses (trilogía de El padrino), criminales judíos (Érase una vez en América), pandillas afroestadounidenses (Boyz n the Hood), cárteles hispanos (Scarface y Carlito's Way) y criminalidad de origen irlandés (Gangs of New York y The Departed). Este cine combina realismo, violencia estilizada y, en ocasiones, comedia o sátira (Some Like It Hot, Bullets Over Broadway o Made). Aunque este género se ha desarrollado principalmente en los Estados Unidos, existen ejemplos de cine de gánsteres en otras cinematografías, con ejemplos como Salvatore Giuliano (1962) en Italia, Círculo rojo (1970) en Francia y Asesino implacable (1971) en el Reino Unido.[3]

Descripción general

En 2008, el American Film Institute definió el cine de gánsteres como un género «centrado en el crimen organizado o en criminales marginales dentro de un contexto ambientado en el siglo XX».[4] Ese mismo año, el instituto lo incluyó entre los diez «géneros clásicos» en su lista 10 Top 10. Dicha selección reconoce tres películas producidas entre 1931 y 1932: Scarface, El enemigo público y Little Caesar. Entre 1933 y 1966, solo una obra del género fue incorporada a la lista, White Heat (1949), hecho que se atribuye en parte a las restricciones impuestas por el Código Hays. Este sistema de censura fue reemplazado en 1968 por el sistema de calificaciones de la Motion Picture Association.[5]

A partir de la década de 1960, el género experimentó una revitalización significativa en el marco del movimiento conocido como Nuevo Hollywood. Directores asociados a este período realizaron cinco de las seis películas mejor posicionadas en la lista: Bonnie and Clyde (1967), de Arthur Penn; El padrino (1972) y El padrino II (1974), ambas dirigidas por Francis Ford Coppola; Scarface (1983), una reinterpretación del filme homónimo de 1932 dirigida por Brian De Palma; y Goodfellas (1990), de Martin Scorsese. Uno de los motivos temáticos recurrentes del cine clásico de gánsteres es la representación del ascenso y la caída del protagonista criminal.[6]

Durante la década de 1970, el desarrollo de la teoría de los géneros como campo de estudio académico propició una clasificación más precisa del cine de gánsteres, diferenciándolo de otros subgéneros, en particular del wéstern. Este género ha sido caracterizado principalmente en función de su contexto histórico, ideológico y sociocultural.[7] De acuerdo con la teórica Martha Nochimson, pueden identificarse tres categorías principales dentro del cine de gánsteres: las películas que narran las acciones de rebeldes fuera de la ley, como Bonnie and Clyde; los melodramas centrados en figuras criminales antagonistas, con quienes se oponen tanto los personajes víctimas como el espectador, como Key Largo; y, de manera predominante, aquellas obras que siguen a un protagonista gánster inmigrante o marginal, con quien el público tiende a identificarse.[8]

Películas de gánsteres en los Estados Unidos

Hollywood de los primeros tiempos

James Cagney en Ángeles con caras sucias (1938).

En 1931 y 1932, se produjeron tres de las películas de gánsteres más perdurables de la historia: Scarface, Little Caesar y El enemigo público, que continuaron siendo tres de los mayores exponentes del género.[9][1] La instauración de la ley seca en los Estados Unidos en 1920 provocó una explosión del crimen y la representación del contrabando de alcohol es una ocurrencia frecuente en muchas de las primeras películas sobre mafiosos. A medida que avanzaba la década de 1930, Hollywood también experimentó con historias de criminales rurales y ladrones de bancos, como John Dillinger, Baby Face Nelson y Pretty Boy Floyd. El éxito de estos personajes en el cine se puede atribuir a su relevancia en las noticias, ya que sus hazañas emocionaban a un pueblo que se había cansado del gobierno ineficaz y la apatía en los negocios.[10]

La política, combinada con el clima social y económico de la época, influyó en la forma en que se realizaban las películas de crimen y en cómo se representaban los personajes. Muchas de estas películas sugieren que los criminales son una creación de la sociedad, más que simples rebeldes de la misma.[11] A menudo, las películas de gánsteres están estrechamente relacionadas con la realidad del crimen, reflejando el interés público en un aspecto particular de la actividad criminal. Así, el cine de gánsteres se convierte, en cierto sentido, en una historia del crimen en los Estados Unidos.[11] Varias de las películas de crimen de los años 1930 abordaron los conflictos de clase y etnia, especialmente las primeras, reflejando dudas sobre qué tan bien funcionaba el sistema estadounidense. Muchas películas transmitían el mensaje de que los criminales eran el resultado de una sociedad moral y económicamente deficiente, y muchos protagonistas criminales eran retratados con orígenes extranjeros o provenientes de las clases bajas. Así, el criminal cinematográfico suele ser capaz de evocar simpatía y admiración en el espectador, quien a menudo desvía la culpa de los hombros del criminal hacia una sociedad cruel en la que el éxito es difícil.[12] Al final de la década de 1930, las películas de crimen se volvieron más figurativas, representando metáforas, en lugar de los relatos más directos producidos a principios de la década, mostrando un creciente interés por ofrecer un mensaje que invitara a la reflexión sobre el carácter criminal.[13]

Sin embargo, a partir de mediados de la década de 1930, el Código Hays y sus requisitos —que imponían que toda acción criminal fuera castigada y que todas las figuras de autoridad fueran respetadas— hicieron que el género de gánsteres se debilitara durante las siguientes tres décadas. Los forajidos fueron reemplazados por figuras de la ley y el género sobrevivió principalmente en producciones «B», mientras Hollywood se enfocó en otros temas.[14] La censura cinematográfica impuso fuertes limitaciones al contenido relacionado con el crimen. No se autorizaba la aparición de ciertas armas, como las automáticas, ni la descripción minuciosa de actos delictivos o el uso de armamento. Del mismo modo, estaba prohibido representar la muerte de policías a manos de criminales. Cuando una película incluía personajes involucrados en actividades ilegales, la historia debía dejar claro que dichas acciones tenían consecuencias y que el delito no quedaba impune dentro del propio filme.[15]

A partir de mediados de la década de 1930, la industria cinematográfica estadounidense comenzó a reorientar sus producciones de crímenes hacia relatos centrados en los agentes de la ley, como G Men (1935), en lugar de glorificar a los criminales. Esta tendencia estuvo motivada tanto por la moral impuesta por el Código Hays como por la presión de censores y sectores de la sociedad preocupados por el impacto de la violencia y el delito en pantalla.[16] En este contexto, la notoriedad de figuras criminales como John Dillinger llevó a que los estudios de Hollywood acordaran no producir películas sobre su vida, por temor a glamurizar su figura.[17] Antes de su muerte en 1934, la oficina del Código Hays prohibió explícitamente la realización de biografías cinematográficas sobre Dillinger, y los estudios firmaron un acuerdo para cumplir con esta restricción. Asimismo, el FBI intervino para garantizar que cualquier aparición de Dillinger en el cine se limitara a su captura o muerte, evitando que se presentara de manera sensacionalista o heroica.[18]

El padrino como obra pionera del cine sobre la mafia italoestadounidense

Por su papel como Vito Corleone, Marlon Brando obtuvo los premios Óscar y Globo de Oro.
La participación de Al Pacino en El padrino impulsó su carrera en el cine.[19]

Con la abolición del Código Hays a finales de la década de 1960, los estudios y cineastas se encontraron libres para producir películas que abordaban temas que anteriormente habían estado vedados.[5] En 1972 se estrenó El padrino, del director Francis Ford Coppola. La historia épica de la familia Corleone —su transición generacional desde la posprohibición hasta la posguerra, sus intrigas fratricidas y su retrato del entramado criminal de la América de mediados del siglo XX— se convirtió en un enorme éxito tanto crítico como comercial. La película llegó a representar cerca del 10 % de la recaudación total de todas las películas estrenadas en 1972.[20] Obtuvo el Óscar a la mejor película, así como el premio al mejor actor para Marlon Brando y es ampliamente considerada una de las grandes obras del cine. En 1974, El padrino II se convirtió en la quinta película más taquillera del año y recibió once nominaciones a los Premios Óscar.

El impacto de estos éxitos no pasó desapercibido para Hollywood. A lo largo de las décadas de 1970 y 1980, los estudios produjeron de forma constante películas centradas en gánsteres italoestadounidenses y en la Mafia, algunas de ellas con gran reconocimiento crítico.

El legado de Scorsese y otros exponentes del cine de gánsteres

Tras el Código Hays, una de las primeras películas de la era del Nuevo Hollywood fue Bonnie and Clyde (1967),[21] el relato ambientado en la era de la Gran Depresión dirigido por Arthur Penn. La película fue uno de los mayores éxitos de taquilla de 1967 y obtuvo dos Premios Óscar, además de ocho nominaciones adicionales, incluida la de mejor película.[22] Sin embargo, tanto esta como otras obras similares quedaron eclipsadas posteriormente por el éxito de la saga de El padrino. En Mean Streets (1973), Martin Scorsese dirigió un relato de estilo cinéma vérité sobre un joven aspirante a mafioso y su amigo jugador compulsivo.[23]

Por su parte, Sergio Leone dirigió la producción ítalo-estadounidense Érase una vez en América (1984), sobre un grupo de criminales judíos que alcanza notoriedad en el mundo del crimen organizado de la ciudad de Nueva York.[24] Ese mismo año, Francis Ford Coppola presentó The Cotton Club, sobre un músico de los años 1930 que comienza a trabajar con el gánster judío Dutch Schultz para avanzar en su carrera.[25] La película The Untouchables (1987), de Brian De Palma, recibió cuatro nominaciones a los premios Óscar y Sean Connery ganó el premio al mejor actor de reparto por su interpretación de un colaborador de Eliot Ness en la caída de Al Capone.[26] No obstante, otras producciones incurrieron en estereotipos y en el uso gratuito de la identidad italoestadounidense para caracterizar a personajes secundarios vinculados al crimen, lo que generó un rechazo en sectores de la comunidad de origen italiano.[27]

Durante la década de 1990 se produjeron varias películas de mafiosos muy bien recibidas por la crítica, muchas de ellas inspiradas de manera libre en crímenes reales y en sus protagonistas. En 1990 se estrenó Goodfellas, dirigida por Scorsese y protagonizada por Ray Liotta en el papel de Henry Hill, colaborador real de la familia criminal Lucchese. La película, que narra la trayectoria de Hill y su relación con las familias criminales Lucchese y Gambino, se consolidó como una de las películas de gánsteres más destacadas de la historia.[2][28][29][30][31] Fue nominada a seis premios Óscar, incluidos los de mejor película y mejor director, y Joe Pesci obtuvo el premio al mejor actor de reparto por su interpretación.[32] Ese mismo año se estrenó El padrino III, en la que Al Pacino retomó su papel del icónico Michael Corleone. La película funcionó como el cierre de la trilogía de El padrino, siguiendo a Michael en su intento por legitimar a la familia Corleone en la etapa final de su carrera.[33]

El mismo año del estreno de Goodfellas y El padrino III proliferaron otros filmes de gánsteres de más bajo perfil. Los hermanos Coen hicieron su aporte al género con la cinta neo-noir Miller's Crossing (1990)[34] y el mismo año se estreanaron State of Grace, sobre el enfrentamiento entre grupo de criminales de origen irlandés y la mafia;[35] y El rey de Nueva York, sobre un capo de la droga que reconstruye su imperio criminal después de salir de prisión, interpretado por Christopher Walken. Jason Bailey, de The New York Times, dedicó un artículo a la influencia del cine de gánsteres del año 1990 en Hollywood. El crítico destacó State of Grace como un «descendiente directo» de Mean Streets y a su vez reconocó su influencia en filmes posteriores. El crítico añadió que State of Grace muestra la «separación (y tensión) entre la mafia irlandesa e italiana, ampliando la perspectiva italiana insular típica de las narrativas de gánsteres». Con respecto a Goodfellas, Bailey señaló que Scorsese adopta un enfoque subjetivo e inmediato que sumerge al espectador en la mente del protagonista, rompiendo con la distancia narrativa de los filmes de gánsteres clásicos y marcando un punto de inflexión en el género.[36] En 1991, el crimen organizado de origen judío se vio resepresentado con tres filmes: Mobsters, sobre la creación de la Comisión y Meyer Lansky;[37] Billy Bathgate, sobre Dutch Schultz;[38] y Bugsy, sobre Bugsy Siegel.[39]

Set de filmación de Enemigos públicos (2009).

En 1993, Pacino protagonizó Carlito's Way, de Brian De Palma, interpretando a un exgánster que, tras salir de prisión, decide abandonar definitivamente el mundo del crimen.[40] A partir de la influencia de Scorsese, surgieron cintas que presentaban conversaciones llamativas, poco convencionales y a menudo impregnadas de cultura pop como Reservoir Dogs (1992),[41] Pulp Fiction (1994)[42] y Things to Do in Denver When You're Dead (1995).[43] Tras su colaboración en Goodfellas, Scorsese, De Niro y Pesci volvieron a trabajar juntos en Casino (1995), basada en la figura de Frank Rosenthal, asociado del Outfit de Chicago que dirigió varios casinos en Las Vegas durante las décadas de 1970 y 1980.[44] En 1996, Armand Assante interpretó al célebre mafioso neoyorquino John Gotti en la película para televisión Gotti.[45] En Donnie Brasco (1997), Pacino actuó con Johnny Depp en la historia real del agente del FBI Joseph D. Pistone y su infiltración en la familia criminal Bonanno de Nueva York durante la década de 1970. La película fue nominada al Óscar al mejor guion adaptado.[46]

En 2002, llegaron al cine dos cintas de gánsteres relacionadas con la comunidad de ascendencia irlandesa: Gangs of New York, dirigida por Scorsese, que retrata los enfrentamientos violentos entre católicos y protestantes en el siglo XIX;[47] y Camino a la perdición, ambientada en 1931 durante la Gran Depresión, con Tom Hanks como un ejecutor de la mafia irlandesa-estadounidense.[48] En 2006, Scorsese estrenó The Departed, su adaptación de la película hongkonesa Infernal Affairs y basada libremente en la historia de Whitey Bulger y de la banda Winter Hill de Boston, liderada por este. La película le valió a Scorsese el Óscar al mejor director y obtuvo el premio a la mejor película.[49] Posteriormente, se estrenaron otras cintas relacionadas con la actividad criminal de origen irlandés como Kill the Irishman (2011) y Black Mass (2015).[50][51]

Comedia de gánsteres

Las comedias de gánsteres son un subgénero que combina elementos del cine criminal con humor, sátira y situaciones absurdas. Estas películas a menudo presentan criminales incompetentes, planes de crimen fallidos o personajes de la mafia enfrentados a circunstancias cómicas, parodiando los tropos del cine de gánsteres tradicional. Aunque surgieron a mediados del siglo XX, el subgénero se ha mantenido vigente en distintas décadas, adaptándose a los cambios del cine y de la sociedad. Un ejemplo temprano es Some Like It Hot (1959), donde dos músicos que presencian un asesinato de la mafia se disfrazan de mujeres para escapar de los gánsteres y se unen a una banda femenina.[52] En la década siguiente se estrenaron Robin and the 7 Hoods (1964) y The Happening (1967).[53][54]

Some Like It Hot (1959) mezcla elementos de películas de crimen de los felices años veinte con elementos básicos de la comedia disparatada.[55]

A partir de la década de 1980, el cine estadounidense produjo una serie de comedias y parodias centradas en el crimen organizado y los gánsteres. Una de ellas fue Johnny Dangerously (1984), que parodiaba de forma exagerada los filmes de gánsteres de los años 1930, utilizando clichés del género y diálogos humorísticos.[56][57] Durante los años siguientes, surgieron otros ejemplos significativos: El honor de los Prizzi (1985), dirigida por John Huston y protagonizada por Jack Nicholson,[58] y Married to the Mob (1988), de Jonathan Demme,[59] mientras que Dick Tracy (1990) y El novato (1990), con Marlon Brando interpretando nuevamente a un mafioso, jugaron con los arquetipos del crimen organizado en contextos estilizados o paródicos.[60][61] En Oscar (1991), Sylvester Stallone interpreta a un mafioso reformado que intenta salir de la vida criminal, protagonizando situaciones cómicas de enredos y malentendidos en torno a su intento de cambiar de vida.[62]

La década de 1990 continuó esta tradición con títulos como Bullets Over Broadway (1994) de Woody Allen,[63] Get Shorty (1995),[64] Analyze This (1999)[65] y Mickey ojos azules (1999),[66] películas que exploraron la interacción entre gánsteres y personajes ajenos al crimen, generando situaciones cómicas a partir del choque entre mundos opuestos. Durante la década siguiente, películas como Made (2001), protagonizada por Vince Vaughn y Jon Favreau; y Find Me Guilty (2006), dirigida por Sidney Lumet, incorporaron elementos de sátira y humor dentro de historias centradas en la mafia o el crimen organizado.[67][68]

Gánsteres afroestadounidenses

Además de contar sus propias historias de gánsteres afroestadounidenses, películas como El padrino de Harlem presentan a la mafia italoestadounidense de forma destacada. A menudo, las películas de blaxploitation de la década de 1970, como Shaft, narran la historia de gánsteres negros que se alzan y derrotan el orden criminal blanco establecido.[69] Fueron productores y directores afroestadounidenses de la década de 1990, como John Singleton, Spike Lee y los hermanos Hughes, quienes comenzaron a explorar el estilo de vida delictivo en las comunidades urbanas estadounidenses, narrando historias de drogas, cultura pandillera y violencia pandillera.[69] Una ruptura significativa con este modelo de separación racial similar a la del cine criminal convencional se produjo con El rey de Nueva York (1990), de Abel Ferrara, que presentó un entorno criminal racialmente integrado y otorgó un papel central a personajes afroestadounidenses. El rey de Nueva York ejerció una notable influencia tanto en el cine de gánsteres afroestadounidenses de la década como en la cultura hip hop de los años noventa.[36] Ejemplos de películas de la década de 1990 que encajan con el género de gánsteres incluyen New Jack City (1991), Boyz n the Hood (1991), Juice (1992), Menace II Society (1993)[70] y American Gangster (2007), esta última como ejemplo de una producción de gran presupuesto, dirigida por Ridley Scott, que retomó figuras históricas del crimen afroestadounidense.[71]

La cocaína y los cárteles

Los personajes de origen hispano ganaron visibilidad en el cine estadounidense a partir de la década de 1980, explorando temas como la inmigración, la marginalidad social, la ambición, la identidad cultural y el ascenso y caída dentro del mundo criminal. Una de las obras más influyentes es Scarface (1983), dirigida por Brian De Palma y protagonizada por Al Pacino, quien interpreta a un inmigrante cubano que asciende violentamente en el narcotráfico de Miami. Con el tiempo, la película se consolidó como un referente cultural y estilístico, influyendo tanto en el cine posterior como en la cultura popular.[72]

Durante la década de 1990, el subgénero se amplió y adquirió un tono más introspectivo. Carlito's Way (1993), también dirigida por De Palma y nuevamente protagonizada por Pacino, presenta a un exnarcotraficante puertorriqueño que intenta abandonar el crimen, enfatizando la imposibilidad de escapar del pasado y la tragedia inherente al mundo criminal.[73] De forma paralela, surgieron otras películas que abordaron el crimen organizado desde perspectivas comunitarias y culturales diversas. American Me (1992), dirigida y protagonizada por Edward James Olmos, y Blood In Blood Out (1993), dirigida por Taylor Hackford, exploraron el surgimiento de pandillas chicanas en Los Ángeles, así como la relación entre identidad, violencia y sistema penitenciario.[74]

Cine de gánsteres en Europa

Reino Unido

Michael Caine protagonizó Asesino implacable (1971).[3]

Diversas películas británicas de cine negro y drama criminal producidas durante las décadas de 1930, 1940 y 1950 se ambientaron en el mundo del hampa y presentaron personajes vinculados al crimen organizado, como Night and the City (1950).[75] La adaptación cinematográfica de 1947 de la novela homónima de Graham Greene, Brighton Rock, constituye una representación severa del liderazgo criminal juvenil y de las redes de extorsión que operaban en la ciudad de Brighton, y ha sido considerada una de las obras más destacadas del cine británico por el British Film Institute.[76]

Entre finales de la década de 1960 y comienzos de la de 1970 se produjo un breve auge del cine británico de gánsteres, en paralelo al desarrollo de películas de espionaje y de robos, en consonancia con tendencias observadas en Hollywood e Italia. En este período se estrenaron títulos como Robbery (1967), basada de manera ficcionalizada en el asalto al tren postal de Glasgow-Londres de 1963; The Italian Job (1969), de tono más ligero;[77] Performance (1970);[77] y Sitting Target (1972).[78] En contraste, películas como Villain[77] y Asesino implacable (ambas de 1971)[3] adoptaron una estética neo-noir más oscura, con narrativas fatalistas y una representación más explícita de la violencia asociada a la vida criminal.[79] Durante las décadas siguientes, el género continuó desarrollándose con producciones como The Long Good Friday (1980),[77] La venganza (1984), Mona Lisa (1986), Lunes tormentoso (1988)[77] y Face (1997), que contribuyeron a consolidar el cine de gánsteres británico dentro del panorama cinematográfico nacional.[80]

A finales de la década de 1990 y comienzos de la de 2000 se produjo un resurgimiento del cine de gánsteres, impulsado por películas de comedia negra de estructura coral como Lock, Stock and Two Smoking Barrels (1998) y Snatch (2000), de Guy Ritchie, así como por producciones de tono más realista y psicológico como Sexy Beast (2000).[77] A este período pertenecen también títulos como Essex Boys,[81] Gangster No. 1[82] y Love, Honour and Obey (todas de 2000),[77] I'll Sleep When I'm Dead (2003),[83] Layer Cake (2004),[77] The Business (2005),[84] Eastern Promises (2007), centrada en la mafia rusa en Londres,[85] RocknRolla (2008), In Bruges (2008),[77] Down Terrace (2009),[77] London Boulevard (2010),[86] Wild Bill (2011),[87] The Wee Man (2013), ambientada en el entorno del crimen organizado escocés,[88] y We Still Kill the Old Way (2014).[89]

Asimismo, el cine británico ha representado en reiteradas ocasiones a los gemelos Kray, figuras destacadas del crimen organizado activo durante las décadas de 1950 y 1960, a través de películas como The Krays (1990),[77] The Rise of the Krays (2015),[90] Legend (2015)[77] y The Fall of the Krays (2016).[91] El personaje interpretado por Richard Burton en Villain (1971) estuvo inspirado de forma parcial en Ronnie Kray.[77]

Francia

Un ejemplo temprano del cine de gánsteres francés es Justin de Marseille (1935), dirigida por Maurice Tourneur y ambientada en la ciudad de Marsella. A diferencia del modelo estadounidense, el gánster protagonista se caracteriza por valores como el honor, la artesanía, la pertenencia comunitaria y la solidaridad.[92] En 1937, antes de la consolidación del cine negro, Julien Duvivier dirigió Pépé le Moko, una obra representativa del realismo poético francés ambientada en la Casba de Argel. Su exhibición en Estados Unidos fue limitada debido a la producción del remake estadounidense Algiers (1938).[93] El cine de gánsteres francés experimentó un resurgimiento a mediados de la década de 1950 con títulos como Touchez pas au grisbi (1954), de Jacques Becker; Rififí (1955), del cineasta Jules Dassin; y Bob le flambeur (1956), de Jean-Pierre Melville. Estas películas establecieron un estilo sobrio y fatalista que influyó de manera decisiva en el género. Melville continuó esta línea con El silencio de un hombre (1967), protagonizada por Alain Delon como el asesino a sueldo Jef Costello, una figura asociada al crimen organizado.[94]

Entre 1969 y 1970 se estrenaron varias películas francesas de gánsteres de gran éxito comercial, protagonizadas por algunas de las principales figuras del cine francés. El clan de los sicilianos (1969), dirigida por Henri Verneuil, reunió a Jean Gabin, Alain Delon y Lino Ventura en una historia centrada en el robo de joyas y la mafia.[95] En 1970, Borsalino, ambientada en la Marsella de los años 1930, fue protagonizada por Delon y Jean-Paul Belmondo y abordó el auge de la mafia italiana en Francia.[96] Ese mismo año, Círculo rojo, dirigida por Melville, reunió a Delon, Gian Maria Volonté e Yves Montand en un relato sobre un atraco meticulosamente planificado.[97] Estas producciones tuvieron un notable éxito en Francia y otros países europeos, aunque su repercusión en Estados Unidos fue limitada.

A partir de la década de 1990 y comienzos del siglo XXI, el cine francés continuó renovando el género mediante enfoques contemporáneos. La producción en inglés Léon (1994), dirigida por Luc Besson y protagonizada por Jean Reno, presentó una reinterpretación moderna del arquetipo del gánster y del asesino a sueldo, combinando elementos del cine criminal con una narrativa centrada en la soledad y la ambigüedad moral del protagonista.[98] Por su parte, Un profeta (2009), dirigida por Jacques Audiard, trasladó el relato de gánsteres al ámbito penitenciario, mostrando el ascenso de un joven delincuente dentro de las jerarquías criminales de una prisión francesa y explorando temas de poder, identidad y supervivencia.[99] En este contexto también se inscriben películas como Mesrine (2008), centrada en la figura del célebre criminal francés Jacques Mesrine, y El inmortal (2010), que retoman el interés por el crimen organizado desde perspectivas biográficas y modernas, confirmando la vigencia del cine de gánsteres en Francia.[100]

Italia

El cine italiano ha desarrollado una tradición significativa en la representación del crimen organizado, especialmente a partir de la posguerra, con un enfoque estrechamente vinculado a contextos sociales, políticos y regionales.[101] A diferencia del modelo estadounidense, centrado en la figura individual del gánster, el cine italiano ha tendido a abordar el fenómeno criminal como una estructura colectiva y sistémica, asociada a la mafia, la corrupción institucional y la violencia urbana. Durante las décadas de 1950 y 1960 comenzaron a consolidarse películas que abordaron el crimen organizado desde una perspectiva realista y crítica. En este período destacan títulos como Salvatore Giuliano (1962), de Francesco Rosi, que marcó un hito por su tratamiento de tono casi documental de la mafia siciliana y su relación con el poder político,[102][103][104] e Il giorno della civetta (1968), que exploró de manera directa la infiltración mafiosa en las instituciones.[105]

En las décadas de 1970 y 1980, el cine italiano amplió sus enfoques hacia relatos más urbanos y violentos, en paralelo al auge del cine policial conocido como poliziottesco. Películas como Milano calibro 9 (1972) reflejaron el clima de inseguridad de los llamados «años de plomo»,[106] mientras que producciones centradas específicamente en la mafia siciliana, como Cento giorni a Palermo (1984), abordaron de manera directa la lucha contra la Cosa Nostra y las consecuencias del enfrentamiento entre el Estado y el crimen organizado, con un énfasis marcado en el realismo y la dimensión trágica del conflicto.[107]

A partir de la década de 1990 y, con mayor fuerza, en el siglo XXI, el cine de gánsteres italiano experimentó una renovación estilística y temática. En este contexto se inscribe Las consecuencias del amor (2004), dirigida por Paolo Sorrentino y protagonizada por Toni Servillo, que ofreció una aproximación más introspectiva y estilizada al mundo del crimen organizado, centrada en la alienación y la rutina de un intermediario financiero vinculado a la mafia.[108][109] Posteriormente, películas como Gomorra (2008), Anime nere (2014) y Suburra (2015) retrataron la relación entre criminalidad, política y economía.[110][111][112]

Véase también

Referencias

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