Clethrionomys glareolus
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El topillo rojo (Myodes glareolus) es una especie de roedor miomorfo de la familia Cricetidae.[2]
| Topillo rojo | ||
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| Estado de conservación | ||
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Preocupación menor (UICN)[1] | ||
| Taxonomía | ||
| Reino: | Animalia | |
| Filo: | Chordata | |
| Clase: | Mammalia | |
| Orden: | Rodentia | |
| Familia: | Cricetidae | |
| Subfamilia: | Arvicolinae | |
| Género: | Myodes | |
| Especie: |
M. glareolus Schreber, 1780 | |
| Distribución | ||
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Distribución del topillo rojo | ||
| Sinonimia | ||
Clethrionomys glareolus | ||
Descripción
El topillo rojo es un arvicolino de pequeño a mediano tamaño, con una longitud de cabeza y cuerpo de 83 a 121 mm, una cola de 38 a 76 mm y un peso de 12 a 36 g.[2] Presenta variaciones de tamaño y peso entre poblaciones geográficas que pueden alcanzar hasta el 300%.
El pelaje es bicolor. El dorso es de color marrón rojizo, con variaciones que pueden incluir tonos más intensos o amarillentos, mientras que los flancos son de marrón a grisáceo, a menudo con un matiz crema. El vientre es blanquecino o grisáceo, y el subpelo es gris. Los ejemplares juveniles presentan una coloración más oscura y uniforme, sin las tonalidades rojizas características de los adultos.[2]
La cabeza es relativamente redondeada, con orejas de tamaño medio a grande (9–16 mm) y ojos de tamaño moderado. La cola mide aproximadamente el 50 % de la longitud cabeza-cuerpo, siendo también bicolor —más oscura dorsalmente y más clara en su cara ventral— y presenta en su extremo pelos más largos y de coloración diferenciada. En comparación con los topillos del género Microtus, se distingue por el mayor tamaño relativo de la cola y las orejas, así como por la coloración rojiza del dorso.[2]
En regiones como Gran Bretaña, donde coexiste con el topillo agreste (Microtus agrestis), se diferencia por sus orejas más prominentes, su pelaje castaño rojizo y su cola más larga, que suele representar aproximadamente la mitad de la longitud corporal. También puede distinguirse de especies afines como el topillo rojo del norte (Myodes rutilus), de menor tamaño y coloración más pálida, y el topillo de lomo rojo gris (Craseomys rufocanus), de mayor tamaño y dorso rojizo característico.[3]
El cráneo es pequeño, con el perfil superior ligeramente redondeado en la región nasal y algo cóncavo en la región interorbitaria. Los molares presentan un ángulo de la corona más redondeado que en otros topillos. En los individuos juveniles, los molares son de crecimiento continuo, mientras que en los adultos desarrollan raíces y cesan su crecimiento, a diferencia de lo que ocurre en otras especies de topillos[4] La fórmula dentaria es 1.0.0.3/1.0.0.3.[2]
Presenta cuatro pares de mamas (dos pectorales y dos inguinales) y glándulas en los flancos, el ángulo oral y los labios, implicadas en la comunicación química. Ambos sexos poseen glándulas prepuciales, de mayor tamaño en los machos. El número de cromosomas es 2n = 56.[2]
Distribución
Presenta una amplia distribución paleártica en la región occidental de Eurasia, desde la tundra de Noruega hasta el sur de Italia, el norte de Grecia y el norte de la península ibérica, y desde el lago Baikal, el norte de Kazajistán y los montes Altái hasta las Islas Británicas. Existen además núcleos poblacionales aislados en Asia Menor y en el Tien Shan.[2] Está ausente de Islandia y del norte de Fenoscandia (excepto Finlandia), así como de amplias zonas de la península ibérica y de partes de Italia y los Balcanes.[3]
El topillo rojo presenta en España una distribución restringida a la mitad septentrional de la península ibérica, donde ocupa principalmente áreas forestales húmedas. Su presencia se extiende de forma continua a lo largo de los Pirineos y la Cordillera Cantábrica, desde el Montseny en Cataluña hasta la sierra de Ancares en la provincia de Lugo, ocupando los Pirineos, el País Vasco, Cantabria, Asturias, Galicia oriental y el norte de Castilla y León. Existen poblaciones aisladas en el Sistema Ibérico, en áreas como los Picos de Urbión, la sierra de la Demanda, la sierra Cebollera y la sierra de Cameros. Esta especie alcanza en la península su límite meridional de distribución europea, lo que explica su ausencia en la mayor parte del territorio, especialmente en las regiones de clima mediterráneo más seco.[2][5]
Variación geográfica
Existe una notable variabilidad geográfica, habiéndose descrito hasta una treintena de subespecies. Entre las diferencias más destacadas se encuentra la variación en el cromosoma Y, que puede adoptar formas acrocéntricas o metacéntricas sin seguir un patrón espacial definido. Asimismo, las poblaciones de áreas montañosas tienden a alcanzar mayores tamaños corporales.[2]
En la península ibérica se distinguen tres subespecies: M. g. glareolus, distribuida en la región cantábrica; M. g. vasconiae, presente en el ámbito pirenaico; y M. g. bernisi, localizada en el sistema Ibérico. A escala regional, se observa un incremento gradual del tamaño desde las zonas centrales hacia los extremos del área de distribución, así como una reducción progresiva en dirección norte-sur, siendo las poblaciones más meridionales, como las del sistema Ibérico y del Montseny, de menor tamaño.[2]
Hábitat
Posee unos requerimientos ambientales de tipo centroeuropeo y está estrechamente asociado a ambientes forestales. Su hábitat principal lo constituyen los bosques caducifolios y mixtos con abundante sotobosque, hojarasca y cobertura vegetal, aunque también puede aparecer en setos, márgenes de campos, matorrales, orillas de ríos, humedales y parques.[3]
En la península ibérica puede encontrarse ocasionalmente en encinares y en zonas asociadas a cursos de agua, así como en muros de piedra con vegetación o setos densos.[2] También ocupa jardines próximos a áreas forestales y puede establecer sus nidos en construcciones humanas poco utilizadas, como graneros, cobertizos o casetas de madera. La presencia de cobertura vegetal densa es un requisito fundamental, y la especie está ausente en suelos desnudos.[3]
En el sur de Europa su distribución está estrechamente ligada a la de la haya (Fagus sylvatica), lo que condiciona su presencia a bosques húmedos y explica su ausencia en praderas y formaciones arbustivas mediterráneas.[6]
Se encuentra desde el nivel del mar hasta los 2400 m de altitud,[2] aunque en regiones montañosas y en el norte de su área de distribución es frecuente en bosques de coníferas, generalmente hasta los 1800 m.[3]
En los límites de las áreas forestales puede formar metapoblaciones compuestas por núcleos espacialmente separados que fluctúan en función de las condiciones estacionales y locales. Algunas áreas pueden quedar despobladas durante el invierno y ser recolonizadas en verano, con mayores fluctuaciones cuanto más alejadas se encuentran de masas forestales permanentes.[7]