Teoría del clinamen

From Wikipedia, the free encyclopedia

El clīnāmen (en plural clīnāmina, derivado de clīnāre "desviar, inclinar") es el nombre en latín que dio el poeta Lucrecio a la impredecible desviación que sufren los átomos en la física de Epicuro. Este concepto le sirvió al filósofo griego a modo de solución al problema del libre albedrío prescindiendo de un dios garante de libertad. Esta teoría ha tenido una importantísima influencia a lo largo de todo el desarrollo histórico del mecanicismo por su originalidad y por haber supuesto una solución coherente y muy temprana a uno de los principales problemas de esta corriente filosófica.

En su obra Cuento de una barrica, Jonathan Swift satirizó la teoría atomística de Epicuro:

Epicuro esperaba modestamente que, un día u otro, una cierta coincidencia fortuita de las opiniones de todos los hombres —después de perpetuos ajustes, lo agudo con lo liso, lo ligero y lo pesado, lo redondo y lo cuadrado—, mediante ciertos clinamina, se unirían en las nociones de átomos y vacío, como lo hicieron en los originales de todas las cosas.

La teoría del clinamen despertó la atención de filósofos como Karl Marx, Simone de Beauvoir, Gilles Deleuze, Jacques Lacan, Jacques Derrida, Louis Althusser, Michel Serres y Jean-Luc Nancy.[1][2] El premio Nobel de química Ilya Prigogine apreció su defensa del indeterminismo en el clinamen epicúreo, siendo precursor del principio de indeterminación de Werner Heisenberg.[1][3]

Epicureísmo

Filodemo de Gadara, Cicerón, Plutarco, Aecio, Galeno, Plotino y san Agustín transmitieron que los epicúreos postularon la idea de un "desvío" atómico, una de sus ideas originales más conocidas.[4][5] Conocemos más en detalle la doctrina del clinamen a través del poema De Rerum Natura de Lucrecio. Cyril Bailey creía que la desviación atómica habría estado expuesta por Epicuro en su Carta a Heródoto pero que dicho fragmento estaría perdido.[6] El único fragmento en griego (παρέγκλισις, parénklisis) sobre esta noción central se halla en la inscripción del epicúreo Diógenes de Enoanda:[7][8]

«¿No sabes? seas quien seas, que en realidad hay un movimiento libre en los átomos, que Demócrito no pudo descubrir, pero que Epicuro sacó a la luz, ¿un movimiento desviado, como lo demuestra por los fenómenos?»
Diógenes de Enoanda (fr. 54)

La teoría del clinamen proporciona una solución al viejo problema planteado por Aristóteles contra el atomismo de Demócrito al señalar que los átomos no podrían juntarse nunca si caen solo verticalmente. Acorde a la la física epicúrea este movimiento natural hacia abajo puede desviarse aleatoriamente de su camino descendente habitual.[9] A modo de modus tollens, Lucrecio argumenta que los átomos nunca habrían interactuado entre sí sin el viraje y simplemente habrían continuado moviéndose hacia abajo a la misma velocidad.[10][11][12]

«Pues si no declinaran los principios, en el vacío, paralelamente, cayeran como gotas de la lluvia; si no tuvieran su reencuentro y choque, nada criara la naturaleza.»
«Quod nisi declinare solerent, omnia deorsum imbris uti guttae caderent per inane profundum nec foret offensus natus nec plaga creata principiis; ita nihil umquam natura creasset.»
Lucrecio, De rerum natura. II. 220-225

Este desvío es lo que permitió la creación del universo, ya que a medida que más y más átomos se desviaban y chocaban entre sí, los objetos podían tomar forma a medida que los átomos se unían. La teoría del clinamen también proporciona una solución al viejo problema de la regresión infinita de cadenas causales en el movimiento, sin tener que recurrir a la acción de un dios ordenador que funcione como primer motor inmóvil. Dentro de la doctrina epicúrea, los dioses son perfectamente felices, lo cual impide la posibilidad de toda influencia por su parte en los acontecimientos terrenales.

La desviación espontánea del átomo de su trayectoria, como origen de nuevas cadenas causales. Tales colisiones y desviaciones pueden situarse como otro archē del cosmos.[13] "Dada la infinita historia pasada del universo, Epicuro no tuvo necesidad de plantear una primera colisión" como primera causa del movimiento eterno en el universo. Con ello, Epicuro eliminaba a los dioses de la cadena de razonamientos a la vez que introducía un factor de indeterminación que solucionaba uno de los principales problemas del atomismo democríteo: el determinismo.

La razón de Epicuro para introducir el azar en su doctrina fue debido quería eliminar el fatalismo para poder preservar los conceptos de libre albedrío y responsabilidad ética mientras aún mantenía el modelo físico determinista del atomismo.[14][5] Por ello, los epicúreos rechazaron que el principio de bivalencia se aplicara a todos los enunciados. Argumentaron que enunciados futuros como “Filoctetes será herido” serían necesariamente verdaderos o falso y, en consecuencia, el futuro estaría completamente determinado. Si hay "movimiento sin causa", entonces, no todos los enunciados son verdaderos o falsos para Epicuro.[15] Epicuro «tendría que responder que hay "brechas de valor de verdad", de modo que lo que la indeterminación sería un tercer "valor de verdad" (véase: Lógica trivalente y Lógica plurivalente).[16] También rechazó la ley del tercero excluido, pues si la disyunción "p o no-p" es necesariamente en su conjunto es verdadera, una de sus disyunciones tendría que ser verdadera de forma fatalista.[15]

No está del todo claro cómo funciona el viraje de los átomos[17] y se han propuesto una serie de interpretaciones alternativas sobre cómo funciona.[18]

Críticas

Desde la antigüedad Cicerón criticó severamente el clinamen de Epicuro ya que "no hay nada más vergonzoso para un físico que decir que algo sucede sin causa".[19][20] Aun con su rehabilitación moderna de la física epicúrea Pierre Gassendi rechazó el clinamen por su incompatibilidad con la doctrina católica. Gottfried Leibniz criticó que el clinamen rechazaría el principio de razón suficiente y de no contradicción.[21]

Uso moderno

La teoría del clinamen despertó la atención de filósofos como Karl Marx,[22][23] Simone de Beauvoir,[24] Gilles Deleuze,[25] Jacques Lacan,[26] Jacques Derrida, Louis Althusser, Michel Serres, Jean-Luc Nancy, Alain Badiou[27] así como Michel Serres y el polemólogo Gaston Bouthoul han hecho un uso extenso de la idea del clinamen, si bien con muy distintas lecturas.

Karl Marx en su tesis doctoral Diferencia entre la filosofía de la naturaleza de Demócrito y la de Epicuro interpretó el clinamen desde una perspectiva hegeliana.

El término ha sido retomado por Harold Bloom para describir las inclinaciones de los escritores para «virar» de la influencia de sus predecesores; es la primera de sus «Proporciones de revisión» que describió en La ansiedad de la influencia.

En Finnegans Wake, James Joyce alude a este término en el primer párrafo.

En Diferencia y repetición, Gilles Deleuze emplea el término en su descripción de las multiplicidades, haciendo la observación en el núcleo de la teoría del clinamen de que «es ciertamente esencial que el átomo se relacione con otro átomo».[25] Si bien los átomos afectados por el clinamen se colapsan respectivamente en una relación de suposición recíproca, Deleuze rechaza esta versión de la multiplicidad, tanto porque los átomos son demasiado independientes como porque la multiplicidad es «espacio-temporal» antes que interna. Deleuze comparó también el clinamen de Lucrecio con el conatus de Spinoza en el apéndice de su Logique du sens.[28]

En la patafísica y OuLiPo

Estos desvíos que parecen accidentes de recorrido, epifenómenos, relacionan el clinamen de la «ciencia de lo particular, aunque se diga que solo hay ciencia de lo general», es decir, la patafísica.

En las Gestas y opiniones del doctor Faustroll, patafísico, biblia de los patafísicos, Alfred Jarry habla precisamente de la eyaculación de «la bestia imprevista Clinamen» (libro VI, capítulo titulado exactamente «Clinamen»). O. Votka, patafísico, escribe que Epicuro

ha comprendido que en el centro de todo pensamiento, al igual que de toda realidad (que nunca es para cualquiera otra cosa que un pensamiento de realidad), existe una aberración infinitesimal, una inflexión indispensable, que sin embargo orienta y desorienta todo. El clinamen es pues evidentemente otra cosa que una casualidad o una suerte como se dice a menudo. Es una noción irrisoria que Epicuro ha puesto al comienzo…

Y el oulipiano Paul Braffort commenta:

Este texto abre una polémica (…) sobre la relación posible del clinamen con las relaciones de incertidumbre de la física cuántica. Pero para Perec el clinamen interviene sobre todo como "modo de empleo complementario" en la puesta en obra de las tensiones oulipianas.

Perec define así el clinamen:

Contamos con una palabra para la libertad que se llama el clinamen, que es la variación que se hace pasar a una obligación… [Por ejemplo], en uno de los capítulos La vida modo de empleo, era necesario que fuera cuestión de linóleo, era preciso que en el suelo hubiera linóleo, y esto me molesaba, que hubiera linóleo. Así que he llamado a un personaje Lino – como Lino Ventura. Le ha dado como nombre Lino y esto lleno para mí la cabaña Linóleo. ¿El hecho de engañar con respecto a una regla? En esto yo sería completamente pretencioso: hay una frase de Paul Klee que amo enormemente, la cual es: El genio es el error en el sistema.[29]

En la mecánica cuántica

Como es sabido el determinismo físico laplaciano implicaría que no existe un libre albedrío auténtico. Razón por la cual basándose en la inexorabilidad de las leyes físicas, autores como el propio Pierre-Simon Laplace argumentarían que el libre albedrío era ilusorio. El advenimiento de la mecánica cuántica y la posibilidad de que el colapso de la función de onda o los saltos cuánticos incluyeran algún tipo de elemento estocástico reabrió el debate sobre si la física permitiría realmente el libre albedrío.[30] En esencia, el argumento es casi indistinguible de la vieja teoría del clinamen, esa desviación aleatoria imprevisible era la responsable del libre albedrío. El premio Nobel de química Ilya Prigogine apreció su defensa del indeterminismo en el clinamen epicúreo, siendo precursor del principio de indeterminación de Werner Heisenberg.[1]

El debate sobre el superdeterminismo es una de las formas en que los defendores del determinismo estricto han argumentado contra el libre albedrío que en parte es una de las condiciones del teorema de Bell.[31] Igualmente el "teorema del libre albedrío" de John H. Conway y Simon B. Kochen establece, bajo axiomas formales, que si los experimentadores poseen libre albedrío al elegir mediciones, entonces, en cierto sentido, también lo tienen las partículas, por lo que los resultados no estarían predeterminados totalmente por la información disponible en el momento del experimento.[32]

Véase también

Referencias

Bibliografía

Related Articles

Wikiwand AI