El ejemplo más común es el uso de colorantes de azufre y colorantes de cuba; con índigo. El mismo da un color púrpura completamente insoluble en agua, por lo que no es posible aplicarlo directamente sobre la ropa. En cambio se lo reduce a índigo blanco (a veces Leucoindigo), el cual es soluble en agua e incoloro. Cuando una tela es extraída de un baño de colorante índigo blanco el colorante rápidamente se combina con el oxígeno en el aire y se transforma en el color índigo intenso e insoluble. El paso de reducción por lo general se realiza mediante el uso de ditionita de Sodio, hidroxiacetona e hidrógeno, o mediante métodos electroquímicos.[2][3]
La forma espiro de una oxazina es un colorante leuco incoloro; el sistema conjugado de la oxazina y otra parte aromática de la molécula de un sp3-hibridado carbono «espiro». Luego de protonar una parte de la molécula, mediante irradiación con luz UV (ver fotocromismo), o introducir otro tipo de cambio similar, la unión entre el carbono espiro y la oxazina se rompe, el anillo se abre, el carbono espiro consigue una hibridación sp2 y pasa a ser plana, el grupo aromático rota, alinea sus orbitales π con el resto de la molécula, y se forma un sistema conjugado, con capacidad de absorber fotones de luz visible, y por lo tanto se lo percibe de color.[1]
Otro ejemplo de un colorante leuco es el cristal violeta lactona, el cual en su forma lactona es incoloro o levemente amarillento, pero con un pH bajo, y protonado se torna de un tono violeta intenso.[1] Otros ejemplos son la fenolftaleina y timolftaleína, incoloras en pH ácidos a neutros, pero que se tornan rosada y azul en medios alcalinos respectivamente. Otros ejemplos son muchos de los indicadores redox, los cuales sufren un cambio reversible de color entre formas incoloras y coloreadas a determinados potenciales de electrodo.