El Mariscal Francisco Solano López, viendo que podía dar un golpe de mano a la vanguardia brasileña apostada en el Paso Ipohy, cerca del Tebicuary, ordenó a uno de sus mejores oficiales, el Coronel Valois Rivarola, que organizara una operación sorpresa. Rivarola seleccionó al Capitán Eduardo Vera y a 150 de sus mejores hombres y se lanzaron ocultos, nadando en medio de pantanales y charcos, se adentraron en las tiendas brasileñas, ocupadas por un batallón de Voluntarios de la Patria. Dada la orden, los paraguayos que estaban ligeramente ataviados y con sables y machetes como su única arma, atacaron a los brasileños. Fue una sorpresa absoluta y las tropas de Eduardo Vera pudieron derrotar a casi 400 enemigos, huyendo sin perder hombres. Los brasileños se recuperaron de la sorpresa y comprendiendo que los paraguayos se aproximaron a ellos a través de las lagunas y pantanos próximos a sus tiendas, intentaron perseguirlos. A algunos consiguieron alcanzar con sus fusiles, siendo esas las pocas bajas paraguayas de la acción. Pero los brasileños, creyendo que podrían emboscar a los paraguayos en retirada, se acercaron en demasía y fueron repelidos por la artillería paraguaya, que se encontraba oculta muy próxima del lugar.
La victoria paraguaya fue tan resonante que el Mariscal ordenó premiar con 20 pesos a cada paraguayo que participó y el doble para los oficiales. Eduardo Vera fue ascendido al rango de Mayor y Valois Rivarola fue felicitado por la excelente operación que planificó.
Los aliados, perplejos, buscaron culpables pero pronto Mitre y Caxias admitieron que en realidad, la victoria paraguaya solo podía explicarse por la gran tenacidad de los hombres del Ejército Paraguayo.