La presencia judía en Uruguay se remonta a la época colonial, en la que habían arribado, a la entonces Banda Oriental, conversos que huían de la inquisición española. Una vez terminado este sistema y con la creación del Estado Oriental del Uruguay, comenzó darse aún más la inmigración judía en el país.
Sin embargo, la inmigración judía significativa a Uruguay comenzó a finales del siglo XIX, con la llegada de judíos, principalmente sefaradíes, provenientes de Argentina y Brasil.[3] Iniciado el siglo XX y debido a las persecuciones en Europa Oriental, una gran de asquenazíes se asentaron en el país; el barrio montevideano de Villa Muñoz se volvió el núcleo de la comunidad judía, donde se establecieron sinagogas y escuelas.[4]Existía diversidad entre los judíos que llegaban a Uruguay, tanto en religiosidad como en lenguas, ya que se hablaba tanto el yidis, como el ladino.[5]
Debido al auge del nazismo y el fascismo en Europa a partir de la década de 1930 comenzó a producirse inmigración desde Europa Central y Occidental. Asimismo, la colectividad judeo-uruguaya ―hasta entonces estaba agrupada en comunidades sobre la base de la procedencia― se asoció para crear una organización que agrupara y representara políticamente a toda la colectividad.[6] De esta forma, el 11 de diciembre de 1940, con la unión de la Comunidad Israelita del Uruguay, la Comunidad Israelita Sefaradí, la Nueva Congregación Israelita y la Comunidad Israelita Húngara, nació el Comité Central Israelita del Uruguay.[7]
En septiembre de 1942 los objetivos de los estatutos fundacionales fueron aprobados por el Ministerio de Educación y Cultura, que le otorgó al Comité la personería jurídica.[8]