En el Éxodo 6 (Parshat Va'eira en la Torá), Moisés acaba de reiterar a Dios la queja de los israelitas de que las cosas han empeorado para ellos cada vez que ha ido al faraón en su nombre; en este caso, el faraón ha dictaminado que a partir de ahora fabricarán ladrillos sin paja. Dios responde a Moisés que llegará el momento en que el propio faraón expulsará a los israelitas de Egipto y que, en nombre de su pacto con los patriarcas, Dios redimirá a los israelitas «con mano firme y brazo extendido», para que lo conozcan.
Moisés y Aarón no respondieron directamente a los israelitas en relación con su queja, pero cuando Moisés transmite esta respuesta de Dios a los israelitas, no consigue levantarles el ánimo.
La implicación es que Dios dará una lección tanto a los israelitas como a las naciones del mundo, mostrando su poder y la inutilidad de tratar de resistirlo, así como su voluntad de usar su poder en nombre de su Alianza. Para lograrlo, el faraón no debe ser visto liberando a los israelitas como un acto de benevolencia, sino que debe mostrarse rotundamente resistente al principio, para luego cambiar de opinión hasta el punto de obligarlos a irse, solo debido a su eventual sumisión a regañadientes al poder de Dios.
Este concepto se repite en el recuento de la Plaga del Granizo. Esto sirve como introducción a las demostraciones del poder de Dios, comenzando con La vara de Aarón y seguido por las Diez Diez plagas de Egipto. La frase ha llegado a tener un gran valor en la tradición judía como símbolo del uso que Dios hace de su poder en favor de los judíos. Se repite literalmente en Deuteronomio 26:8, que describe el mandamiento de dar el diezmo de las primicias y que se lee con énfasis en la Hagadá de Pascua y en el Séder de Pascua.