Condado de Pallares
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10 de febrero del 1816 por real decreto.
26 de julio de 1816 por real despacho.
Vázquez de Parga
| Condado de Pallares | ||
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| Primer titular | Manuel José de Pallares y Correa | |
| Concesión |
Fernando VII 10 de febrero del 1816 por real decreto. 26 de julio de 1816 por real despacho. | |
| Linajes |
Pallares Vázquez de Parga | |
| Actual titular | Elena Vázquez de Parga de Juan | |
El condado de Pallares es un título nobiliario español creado por el rey Fernando VII por real decreto de 10 de febrero de 1816,[1] y el subsiguiente real despacho de 26 de julio del mismo año, con el vizcondado previo de Pallares,[2] a favor de Manuel José de Pallares y Correa, señor de la Casa-Torre de Outeiro, regidor perpetuo de Lugo, diputado a cortes del Reino de Galicia (1793) y caballero de la Orden de Carlos III (1795).[3]
El antiguo condado de Pallares abarcaba los actuales municipios de Guntín, Portomarín, Taboada, Chantada y Carballedo, todos ellos situados en la provincia de Lugo. Las primeras referencias escritas sobre esta entidad territorial y jurisdiccional, el llamado condado Pallarensis, uno de los once en que estaba organizada la diócesis de Lugo, se remontan a tiempos del Concilio Lucense del 569.
Manuel José Pallares y Correa era hijo de Nicolás Francisco Pallares y Somoza, señor de Goián, Frades y Calleiros y regidor perpetuo de Lugo, y de su esposa María Ignacia Correa y Somoza (1722-1793), señora del citado pazo de Ferreiroá, que heredó de su madre, Beatriz Somoza, siendo su padre Manuel Correa y Sotomayor, señor de la casa de Tellado. Por parte paterna, el I Conde de Pallares era nieto de Froilán Pallares Somoza (1685-1762), señor de la Casa de Veiga, en San Tomé de Castelo (Sarria), asimismo regidor perpetuo de Lugo, y de su segunda esposa esposa María Josefa Gayoso Sanjurjo y Ulloa, hija de Juan López Gayoso, señor de la casa de Fonteboa, en Soñar, y de Ana Gregoria Sanjurjo y Zapata, señora de la Casa de Mosteiro, en Santa Magdalena de Coeses, todos estos lugares de Ribas de Miño.
Según, cuenta la leyenda, en tiempos del rey Alfonso II el Casto (c.760-842) el conde realizó una hazaña que salvó la ciudad de Lugo, sitiada por los moros que trataban de rendirla por hambre. El conde aprovechó la oscuridad de la noche para salir de la ciudad y recoger un manojo de espigas que en ese momento estaban en sazón. Por la mañana y ante la presencia del rey moro el conde arrojó ante sus pies las espigas recogidas. El rey moro, creyendo que los de la ciudad habían recibido refuerzos, desistió en su empeño. Por eso en el escudo de los Pallares aparece un brazo armado con un haz de espigas.[4]