Ducado de Urbino
antiguo estado italiano (1443-1631)
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El Ducado de Urbino (en italiano: Ducato di Urbino) fue un Estado histórico de la Italia central existente entre 1443 y 1631, situado principalmente en la parte septentrional de la actual región de las Marcas. Constituyó uno de los principales centros políticos, militares y culturales del Renacimiento italiano, especialmente bajo el gobierno de la Casa de Montefeltro.[1]
| Ducado de Urbino Ducato di Urbino (it) | |||||||||||||||||||||||||||||||
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| Estado histórico italiano | |||||||||||||||||||||||||||||||
| 1443-1631 | |||||||||||||||||||||||||||||||
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Escudo | |||||||||||||||||||||||||||||||
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Ducatus Urbini Nova Et Exacta Descriptio (1606), de Giovanni Battista Urints, publicado en Theatrum Orbis Terrarum de Abraham Ortelius. | |||||||||||||||||||||||||||||||
| Coordenadas | 43°43′00″N 12°38′00″E | ||||||||||||||||||||||||||||||
| Capital |
Urbino (1443-1523) Pesaro (1523-1631) | ||||||||||||||||||||||||||||||
| Entidad | Estado histórico italiano | ||||||||||||||||||||||||||||||
| Idioma oficial | Italiano y latín | ||||||||||||||||||||||||||||||
| Superficie | |||||||||||||||||||||||||||||||
| • Total | c. 3000 km² km² | ||||||||||||||||||||||||||||||
| Religión | Catolicismo | ||||||||||||||||||||||||||||||
| Moneda | Ducado, soldo y quattrino | ||||||||||||||||||||||||||||||
| Período histórico | Edad Moderna | ||||||||||||||||||||||||||||||
| • 1443 | Elevación del Condado de Urbino a ducado por el papa Eugenio IV | ||||||||||||||||||||||||||||||
| • 1523 | Traslado de la capital a Pesaro | ||||||||||||||||||||||||||||||
| • 1631 | Incorporación a los Estados Pontificios | ||||||||||||||||||||||||||||||
| Forma de gobierno | Ducado | ||||||||||||||||||||||||||||||
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El ducado surgió en 1443, cuando el papa Eugenio IV elevó el Condado de Urbino a la categoría ducal y concedió el título de duque a Oddantonio II da Montefeltro.[2] Durante el gobierno de Federico da Montefeltro, Urbino se convirtió en una de las cortes humanistas más refinadas de Europa y en uno de los principales focos artísticos del Quattrocento italiano.[3]
El ducado tuvo como capital a Urbino hasta 1523, año en que la corte fue trasladada a Pesaro por la Casa de Della Rovere. Aunque formalmente era un feudo de los Estados Pontificios, disfrutó durante gran parte de su historia de una notable autonomía política y militar.[4]
Tras la muerte sin descendencia de Francesco Maria II della Rovere, último duque de Urbino, el territorio fue incorporado definitivamente a los Estados Pontificios en 1631 por decisión del papa Urbano VIII.[5]
Historia
Orígenes

El territorio de Urbino había constituido previamente el Condado de Urbino, gobernado desde el siglo XIII por la Casa de Montefeltro. En 1443 el papa Eugenio IV elevó el condado al rango de ducado y nombró a Oddantonio II da Montefeltro primer duque de Urbino.[6]
El gobierno de Oddantonio fue muy breve, ya que fue asesinado en 1444 durante una conspiración nobiliaria. Le sucedió su hermanastro Federico da Montefeltro, considerado uno de los grandes príncipes humanistas del Renacimiento.[7]
Federico da Montefeltro

Bajo el gobierno de Federico (1444-1482), el ducado alcanzó su máximo esplendor político, militar y cultural. Federico desarrolló una intensa actividad como condotiero, al tiempo que transformó Urbino en una de las principales cortes artísticas italianas.[8]
Durante su reinado fueron promovidos:
- la construcción del Palacio Ducal de Urbino;
- numerosos sistemas defensivos diseñados por Francesco di Giorgio Martini;
- una de las bibliotecas humanistas más importantes del siglo XV;
- el mecenazgo de artistas como Piero della Francesca, Pedro Berruguete, Paolo Uccello, Melozzo da Forlì, Justo de Gante y Donato Bramante.[9]
El ambiente intelectual de la corte fue decisivo para el desarrollo del llamado renacimiento urbinate.
Guidobaldo y la crisis borgiana
A Federico le sucedió su hijo Guidobaldo da Montefeltro, casado con Elisabetta Gonzaga. La refinada vida cortesana de Urbino inspiró posteriormente El cortesano de Baltasar Castiglione.[10]
Durante su gobierno el ducado sufrió las campañas expansionistas de César Borgia, quien ocupó Urbino entre 1502 y 1504 con apoyo del papa Alejandro VI. Tras la caída de los Borgia, Guidobaldo recuperó el poder.[11]
Los Della Rovere
Al morir Guidobaldo sin descendencia, el ducado pasó en 1508 a Francesco Maria I della Rovere, sobrino adoptivo de los Montefeltro y miembro de la familia papal de los Della Rovere.[12]
En 1516 el papa León X expulsó temporalmente a Francesco Maria y concedió el ducado a Lorenzo II de Médici, aunque los Della Rovere recuperaron definitivamente el poder en 1521.[13]
En 1523 la capital fue trasladada a Pesaro, hecho que marcó el inicio del declive político de Urbino, aunque el Estado mantuvo una importante actividad artística y cortesana durante el siglo XVI.[14]
Incorporación a los Estados Pontificios

La crisis sucesoria definitiva se produjo durante el gobierno de Francesco Maria II della Rovere, quien perdió prematuramente a su heredero Federico Ubaldo della Rovere en 1623.[15]
Sin sucesión masculina legítima, el ducado fue cedido progresivamente al papado mediante acuerdos firmados desde 1625. Tras la muerte de Francesco Maria II en 1631, el papa Urbano VIII incorporó oficialmente el territorio a los Estados Pontificios, creando la Legación de Urbino.[16]
Las colecciones artísticas de los Della Rovere pasaron a Vittoria della Rovere, esposa de Fernando II de Médici, siendo trasladadas en gran parte a Florencia.[17]
Territorio

El ducado de Urbino ocupaba principalmente la parte septentrional de las Marcas, incluyendo territorios de las actuales provincias de Pesaro y Urbino y Ancona, además de algunas áreas limítrofes de Umbría y la Romaña.[18]
El territorio ducal se extendía entre el mar Adriático y la vertiente oriental de los Apeninos, articulándose en torno a los valles del Metauro y del Foglia. Su posición estratégica favoreció el control de las rutas entre la Italia septentrional y la central.[4]
Limitaba:
- al este con el mar Adriático;
- al oeste con la República de Florencia;
- al sur con territorios de los Estados Pontificios;
- al norte con diversos señoríos de la Romaña.[2]
Entre sus principales ciudades figuraban:
A pesar de sus reducidas dimensiones territoriales —aproximadamente 3000 km² en su máxima extensión— el ducado desempeñó un papel político y cultural muy superior a su tamaño, especialmente durante el gobierno de los Montefeltro y los Della Rovere.[5]
Cultura y Renacimiento

El ducado de Urbino constituyó uno de los principales focos culturales del Renacimiento italiano, especialmente durante el gobierno de Federico da Montefeltro, quien transformó la corte urbinate en un centro de referencia para artistas, arquitectos, matemáticos y humanistas.[20]
La cultura cortesana urbinate desarrolló un modelo de humanismo basado en:
- la perspectiva matemática;
- la armonía clásica;
- el estudio de la geometría y la arquitectura;
- el coleccionismo bibliográfico;
- la integración entre arte, arquitectura y urbanismo;
- el ideal del príncipe humanista y mecenas.[21]
La corte de Urbino reunió a algunas de las principales figuras artísticas e intelectuales del Quattrocento, entre ellas:
- Piero della Francesca;
- Luciano Laurana;
- Francesco di Giorgio Martini;
- Pedro Berruguete;
- Justo de Gante;
- Paolo Uccello;
- Luca Pacioli;
- Donato Bramante.[7]
Uno de los grandes símbolos de este ambiente intelectual fue el Palacio Ducal de Urbino, concebido no solo como residencia principesca, sino también como representación arquitectónica del orden humanista y de la «ciudad ideal».[22]
La biblioteca ducal, organizada por Vespasiano da Bisticci, llegó a ser una de las más prestigiosas de Europa y albergó numerosos códices iluminados y manuscritos clásicos.[23]
El llamado renacimiento urbinate ejerció una influencia decisiva sobre el desarrollo del Alto Renacimiento italiano e influyó especialmente en artistas como:
La refinada vida cortesana de Urbino fue inmortalizada por Baltasar Castiglione en El cortesano, una de las obras fundamentales del pensamiento renacentista europeo.[10]
Línea dinástica de los condes y duques de Urbino

Casa de Montefeltro

Condes de Urbino
- 1234-1242: Bonconte I de Montefeltro
- 1242-1255: Montefeltrano II de Montefeltro
- 1255-1285: Guido de Montefeltro († 1298), célebre condotiero mencionado por Dante Alighieri en la Divina Comedia.
- 1285-1304: dominio pontificio
- 1296-1322: Federico I da Montefeltro
- 1322-1360: Guido II, Galasso y Nolfo de Montefeltro
- 1322-1324: dominio pontificio
- 1360-1363: Federico II de Montefeltro
- 1363-1404: Antonio II de Montefeltro
- 1369-1375: dominio pontificio
- 1404-1443: Guidantonio da Montefeltro
Duques de Urbino
- 1443-1444: Oddantonio II da Montefeltro, primer duque de Urbino
- 1444-1482: Federico da Montefeltro
- 1482-1508: Guidobaldo da Montefeltro
- 1502-1504: ocupación del ducado por César Borgia
La Casa de Montefeltro transformó el antiguo condado medieval en uno de los principales estados del Renacimiento italiano. Bajo el gobierno de Federico da Montefeltro, Urbino alcanzó un extraordinario desarrollo político, militar y cultural, convirtiéndose en una de las cortes humanistas más refinadas de Europa.[20]
Dominio Borgia

- 1502-1504: César Borgia
Entre 1502 y 1504 el ducado de Urbino fue ocupado por César Borgia, hijo del papa Alejandro VI, durante las campañas militares dirigidas a crear un gran Estado borgiano en la Italia central.[5]
La ocupación obligó a Guidobaldo da Montefeltro a huir temporalmente de Urbino. César Borgia incorporó el ducado a sus dominios y utilizó la ciudad como una de las principales bases estratégicas de sus operaciones militares.[25]
Tras la muerte de Alejandro VI en 1503 y el rápido derrumbe del poder borgiano, Guidobaldo recuperó el control del ducado en 1504 con apoyo pontificio y veneciano.[11]
Casa de Della Rovere
- 1508-1516: Francesco Maria I della Rovere
- 1516-1519: Lorenzo II de Médici
- 1519-1521: administración pontificia
- 1521-1538: Francesco Maria I della Rovere
- 1538-1574: Guidobaldo II della Rovere
- 1574-1621: Francesco Maria II della Rovere
- 1621-1623: Federico Ubaldo della Rovere
- 1623-1631: Francesco Maria II della Rovere, restaurado tras la muerte de su hijo.
La Casa de Della Rovere heredó el ducado en 1508 tras la muerte de Guidobaldo da Montefeltro, último representante masculino de los Montefeltro. El nuevo linaje mantuvo inicialmente el prestigio político y cultural de Urbino, aunque progresivamente desplazó el centro de la corte hacia Pesaro.[19]
Durante el gobierno de Francesco Maria I della Rovere, el ducado sufrió la ocupación promovida por el papa León X, quien concedió temporalmente Urbino a su sobrino Lorenzo II de Médici. Tras diversos conflictos militares y diplomáticos, Francesco Maria recuperó definitivamente el control del Estado en 1521.[11]
Bajo los Della Rovere continuó el mecenazgo artístico y literario iniciado por los Montefeltro. La corte urbinate mantuvo relaciones con figuras como Tiziano, Federico Barocci y Torquato Tasso, aunque el protagonismo político del ducado disminuyó progresivamente durante el siglo XVI.[26]
Tras la muerte sin descendencia de Federico Ubaldo della Rovere en 1623, Francesco Maria II della Rovere retomó el gobierno del ducado. Finalmente, a la muerte de este en 1631, el territorio fue incorporado definitivamente a los Estados Pontificios.[5]
Incorporación a los Estados Pontificios
Desde 1625 el ducado quedó progresivamente bajo control de los Estados Pontificios, como consecuencia de los acuerdos sucesorios establecidos entre Francesco Maria II della Rovere y el papado.[5]
La muerte prematura de Federico Ubaldo della Rovere en 1623 dejó sin heredero masculino directo a la dinastía de los Della Rovere, acelerando el proceso de devolución del Estado a la Santa Sede.[17]
Tras la muerte sin descendencia legítima de Francesco Maria II en 1631, el papa Urbano VIII incorporó definitivamente el ducado al Estado Pontificio, creándose la Legación de Urbino. Con ello desapareció uno de los principales Estados principescos del Renacimiento italiano.[4]
Las colecciones artísticas de los Della Rovere pasaron a Victoria della Rovere, última heredera de la dinastía y esposa de Fernando II de Médici. Gran parte de dichas obras fueron trasladadas posteriormente a Florencia, integrándose en las colecciones mediceas y contribuyendo al enriquecimiento artístico de la corte toscana.[19]