Conflicto sucesorio castellano (1275-1304)
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El conflicto sucesorio castellano de 1275 fue una guerra civil que tuvo lugar en el seno de la Corona de Castilla, con la participación de otros reinos peninsulares, entre 1275 y 1304. El conflicto, protagonizado por Alfonso de la Cerda con el apoyo clave de Jaime II de Aragón, surgía de la reclamación del primero de la corona castellana en base al testamento de su abuelo Alfonso X, por el cual le declaraba heredero de sus reinos a su muerte tras la prematura muerte del infante Fernando de la Cerda, hijo de Alfonso X y padre de Alfonso de la Cerda.
Vino a ser una suerte de continuación del pleito y guerra ya acontecida tras la muerte de Alfonso X, en la que Sancho IV de Castilla, tío de Alfonso de la Cerda y hermano de Fernando de la Cerda, no respetó el testamento de su padre y se hizo con la corona con el apoyo de gran parte de la nobleza castellana. Tras la temprana muerte de Sancho IV en 1295 y aprovechando la minoría de edad de su heredero Fernando IV y la debilidad del gobierno del reino bajo la regencia de María de Molina, los reclamantes iniciaron una guerra que buscaba revertir los hechos consumados en la usurpación del trono por Sancho IV y entronizar a Alfonso de la Cerda a la vez que el reino de Aragón trataba de debilitar a Castilla y arrebatarle territorios en el recientemente reconquistado reino de Murcia.
Tras un baile de lealtades entre la familia real y la nobleza castellana entre ambos bandos, el conflicto llegó a su fin en 1304 sobre la base de la Sentencia arbitral de Torrellas, ratificada en el Tratado de Elche (1305), por la cual se firmaba la paz y se llegaba a un acuerdo fronterizo entre Aragón y Castilla, a la vez que Alfonso de la Cerda renunciaba a sus pretensiones al trono castellano a cambio de una serie de prebendas y mercedes. Previamente Portugal se había retirado de la guerra tras las firma del Tratado de Alcañices en 1297 con Castilla.