Contabilidad del capital natural

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Gráfico de sectores circulares
Estimación de las Naciones Unidas sobre cómo está distribuido el capital natural mundial. La mayor parte (37 %) se concentra en los bosques y selvas.

La contabilidad del capital natural es el proceso de calcular las existencias y flujos totales de los recursos naturales y los servicios del ecosistema en un área geográfica específica.[1] La contabilidad de estos bienes puede realizarse en términos físicos o monetarios. Este proceso puede posteriormente fundamentar la toma de decisiones de gobiernos, empresas y consumidores, ya que estas decisiones están relacionadas con el uso de recursos naturales, incluido el suelo (ver Usos del suelo), y con el comportamiento sostenible (ver Desarrollo sostenible).[1]

Cuadros de mando amplios y eclécticos

Existen varios métodos de contabilidad del capital natural que buscan abordar la cuestión de la sostenibilidad. Pueden citarse: cuadros de mando amplios y eclécticos, índices compuestos, índices centrados en el sobreconsumo e indicadores económicos ajustados.

Estos cuadros de mando (dashboards, conjuntos de gráficos estadísticos que muestran de un vistazo el estado de las partes principales de un sistema) reúnen una serie de indicadores relacionados directa e indirectamente con la sostenibilidad del progreso socioeconómico.[2] Un ejemplo son los indicadores de desarrollo sostenible de Eurostat, una lista de más de 100 indicadores utilizados para supervisar la Estrategia de desarrollo sostenible de la Unión Europea (UE).[3]

Algunos de estos cuadros de mando son criticados porque un gran número de indicadores puede frustrar que un mensaje claro sobre sostenibilidad llegue a los responsables políticos y a la ciudadanía.[4] Para responder a esas críticas, se tiende a seleccionar indicadores principales que «siguen los elementos centrales del crecimiento verde y son representativos de un conjunto más amplio de cuestiones relacionadas con el crecimiento verde».[4] Las expresiones "crecimiento verde", "desarrollo sostenible" , "crecimiento verde e inclusivo", "economía ecológica" y otras suelen usarse de manera intercambiable.[5]

Índices compuestos

Los índices compuestos normalizan y agregan diversos datos en un único número, como el Índice de desarrollo humano de las Naciones Unidas, el Índice de bienestar económico de Osberg y Sharpe, el Índice de riqueza cambiante de las naciones o el Índice de desempeño ambiental, que clasifica a los países según una evaluación de 76 variables que abarcan 5 dominios.[2] A menudo resulta instructivo examinar las dimensiones separadas de estos índices, es decir, los indicadores a partir de los cuales se calculan.[2] Sin embargo, pueden presentar una visión sesgada (según cómo se ponderen los indicadores que los conforman) de las contribuciones de los países a los problemas ambientales y hacer suposiciones problemáticas sobre los valores de ciertas variables.[2]

PIB ajustado

El producto interno bruto ajustado, o PIB verde, corrige sistemáticamente el PIB convencional al tener en cuenta aspectos de la producción de bienes y servicios de un país (por ejemplo, la degradación ambiental y el agotamiento de los recursos naturales) que de otro modo no se incluirían en el indicador, pero que son relevantes para la sostenibilidad.

Índices centrados en el sobreconsumo

Los indicadores que se enmarcan en esta categoría conciben la sostenibilidad con respecto a los niveles de consumo y la inversión en recursos naturales. Algunos ejemplos son el ahorro neto ajustado (ANS por las siglas en inglés de adjusted net savings) y la huella ecológica. El ANS se calcula como la variación de la riqueza total durante un período determinado, mientras que las evaluaciones de la huella ecológica determinan cuánta capacidad regenerativa de la biosfera se requiere para mantener los hábitos de consumo de una población definida.[6] Existen índices mundiales, como el que indica que para mantener el actual nivel de consumo harían falta 2 Tierras,[7] y otros más específicos, como la huella hídrica o el Índice Planeta Vivo, que mide la biodiversidad. El énfasis explícito en la sostenibilidad hace que estos índices sean útiles; sin embargo, calcularlos por país no logra transmitir que la sostenibilidad es un asunto de alcance mundial.

Indicadores monetarios o físicos

Todos los indicadores de sostenibilidad pueden agruparse en 2 tipos. Específicamente, se calculan en términos monetarios, utilizando una o más técnicas de valoración, o en términos físicos. Es más probable que los indicadores monetarios se expresen como variables de flujo, y los indicadores físicos, como variables de stock (ver Existencias y flujos).

Iniciativas mundiales

El compromiso general de la comunidad internacional de apoyar el desarrollo de la contabilidad del capital natural fue motivado por primera vez por el Informe Brundtland en 1987 y la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro (1992). En esta cumbre se adoptó la Agenda 21, en cuyo capítulo 40 se instaba a los signatarios a desarrollar información cuantitativa sobre sus actividades.[2]

Sistema de contabilidad ambiental-económica

En septiembre de 1992, la Comisión de Medio Ambiente del Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos (OEA) celebró un seminario sobre cuentas ambientales y de recursos naturales para las políticas de desarrollo.[8] Muchos de los países participantes expresaron interés en desarrollar capacidades de contabilidad para los recursos naturales.[8] Se propuso entonces crear un programa para coordinar y fortalecer los esfuerzos de los países e instituciones que emprendieran tales iniciativas.[8]

El desarrollo del primer Sistema de Contabilidad Ambiental y Económica Integrada (SEEA por sus siglas en inglés) en 1993 representó un avance fundamental hacia el establecimiento de normas para la integración del medio ambiente en las cuentas nacionales y, posteriormente, la ecologización de indicadores macroeconómicos como el PIB.

Si bien el SEEA y sus revisiones posteriores han ampliado la gama de análisis dentro del marco, su propósito se ha mantenido. Se trata de un marco contable que registra las existencias y flujos relevantes tanto para el medio ambiente como para la economía. El marco central del SEEA comprende 3 cuentas principales que pueden integrarse con el Sistema de cuentas nacionales (SNA por sus siglas en inglés) de las Naciones Unidas, y cada una se centra en un aspecto diferente de la interacción entre la economía y el medio ambiente: cuentas de flujos físicos, cuentas funcionales para transacciones ambientales y cuentas de activos en términos físicos y monetarios.

La versión del SEEA del tercer trimestre de 2012 consta de 2 partes adicionales al marco central: las cuentas experimentales de los ecosistemas y las extensiones.[9]

Las cuentas experimentales de los ecosistemas introducen un marco contable para los ecosistemas, aunque muchos de los flujos y existencias que describen se centran en activos no comerciados (en contabilidad ambiental se distingue entre activos comerciados, como el petróleo extraído, y no comerciados —non-market assets—, como la calidad del aire).[9]

Si bien algunos de los conceptos de medición implicados en el proceso contable aún están en evolución, es posible que la valoración final de los ecosistemas y su agotamiento puedan incluirse en los cálculos de los indicadores macroeconómicos ajustados al medio ambiente.

Esto tiene implicaciones para las políticas futuras, ya que es probable que cambie el énfasis en determinados proyectos o actividades emprendidas por los gobiernos, en función de cómo estas mediciones afecten a sus respectivas cuentas y de los ajustes ambientales posteriores a determinados indicadores.

El Grupo de Londres sobre contabilidad ambiental y el Comité de Expertos de las Naciones Unidas sobre Contabilidad Ambiental y Económica fueron creados en 1994 y 2005 respectivamente para ayudar en el desarrollo del SEEA y su puesta en práctica.[10] Además el Grupo de trabajo sobre auditoría medioambiental, un subgrupo de la Organización Internacional de Entidades Fiscalizadoras Superiores, trabaja para mejorar las normas de auditoría relacionadas con cuestiones ambientales.

En marzo de 2021, la Comisión de Estadística de las Naciones Unidas adoptó en su 52.ª sesión el estándar de contabilidad de ecosistemas del SEEA (SEEA EA por sus siglas en inglés).[11] El SEEA EA es un marco estadístico que proporciona un enfoque contable coherente para la medición de los ecosistemas. Las cuentas de los ecosistemas permiten la presentación de datos e indicadores de la extensión, la condición (prístina, alterada, degradada) y los servicios del ecosistema, tanto en términos físicos como monetarios, de una manera espacialmente explícita.[12]

Tras su adopción, la División de Estadística del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas (DESA por sus siglas en inglés), en colaboración con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y el Centro Vasco para el Cambio Climático (BC3), lanzó en abril de 2021 ARIES for SEEA Explorer,[13] una herramienta de inteligencia artificial basada en la Plataforma de inteligencia artificial para el medio ambiente y la sostenibilidad (ARIES por sus siglas en inglés) para una contabilidad del capital natural rápida, estandarizada y personalizable.[14] ARIES for SEEA Explorer se puso a disposición en la Plataforma Global de las Naciones Unidas para acelerar la implementación de SEEA en todo el mundo.[15]

En mayo de 2025, la Escuela de Negocios Gabelli de la Universidad de Fordham autorizó el marco de información sobre el desempeño ecológico desarrollado por la empresa Intrinsic Exchange Group para la valoración de activos naturales.[16] Este marco de contabilidad y reporte, basado en el SEEA, se desarrolló para empresas de activos naturales en consulta con el expresidente del Consejo de Normas de Contabilidad Financiera (FASB por sus siglas en inglés, un organismo privado), Robert Herz, firmas de contabilidad y Fordham, en colaboración con Intrinsic Exchange Group. El marco establece un nuevo organismo independiente de normalización para desarrollar, mantener y supervisar las normas mundiales de contabilidad y reporte sobre el capital natural.

Asociación para la Contabilidad de la Riqueza y la Valoración de los Servicios Ecosistémicos

La capacidad de los países en desarrollo para la contabilidad de su capital natural se está mejorando significativamente a través de la alianza Contabilidad de la Riqueza y Valoración de los Servicios de los Ecosistemas (WAVES por sus siglas en inglés), al alentar el desarrollo de marcos de medición relevantes.[17] WAVES es una alianza mundial lanzada en octubre de 2010 por el entonces presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, en la reunión COP-10 del Convenio sobre la Diversidad Biológica en Japón. Su objetivo es promover el desarrollo sostenible al alentar la inclusión del capital natural en las cuentas nacionales. Se han iniciado varios proyectos en países en desarrollo, como Botsuana, Colombia o Madagascar, para mejorar su capacidad de implementar el SEEA, en colaboración con el PNUMA, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la Comisión de Estadística de las Naciones Unidas y el apoyo financiero de ONG y los gobiernos de Australia, Canadá, Francia, Japón, Noruega y los Estados Unidos.[17]

El Banco Mundial implementó seguidamente un programa sucesor —el Programa mundial para la sostenibilidad— para mejorar la medición y valoración del capital natural y de los servicios ecosistémicos, además de apoyar la integración del capital natural en los diálogos sobre políticas, la planificación económica y la toma de decisiones.

Cuentas de la huella ecológica

Alternativamente, el capital natural también puede evaluarse desde una perspectiva biofísica. Las cuentas de la huella ecológica y la [biocapacidad]], desarrolladas por Mathis Wackernagel y William Rees a principios de la década de 1990, y desde 2003 desarrolladas aún más por Global Footprint Network, comparan la demanda humana con lo que el planeta o los ecosistemas de una región pueden regenerar. Proporcionan un marco contable que mapea la demanda humana desde el punto de vista del capital biológico como factor limitante para la empresa humana (por ejemplo, la posibilidad de construir o ampliar una ciudad en un determinado emplazamiento está limitada por la disponibilidad de agua y alimentos).

Un documento general que recoge el método contable de la edición de 2018 de las cuentas de la huella nacional fue publicado por David Lin et al.[18] Este enfoque es complementario con la propuesta de 9 límites planetarios dentro de los cuales los humanos pueden vivir con probabilidad baja de catástrofes[19] (en septiembre de 2023 ya se habían sobrepasado 6 de ellos)[20] como lo propusieron Rockström et al. Ambos enfoques enfatizan la necesidad de hacer que la empresa humana sea compatible con las restricciones de un solo planeta si queremos lograr la sostenibilidad global.

Mientras que los límites planetarios buscan identificar puntos de inflexión en las condiciones que permiten una existencia humana poco costosa sobre la tierra (si, por ejemplo, la temperatura media del planeta aumentara 5 °C, la existencia de algunos humanos —muchos otros morirían—[21] seguiría siendo posible, pero costaría mucho más), la contabilidad de la huella ecológica compara la demanda de recursos con su regeneración natural.

Índice de riqueza inclusiva

El Programa Internacional de Dimensiones Humanas de las Naciones Unidas ha creado un indicador de sostenibilidad inclusivo, el Índice de riqueza inclusiva (IWI por sus siglas en inglés), que mide las bases productivas de una economía: capital producido, capital natural y capital humano, y basándose en estas 3 evaluaciones, calcula la trayectoria de la riqueza de un país.[22] El cálculo del capital natural en el IWI se basa en el valor en la sombra (una estimación del precio que se podría pagar por ellos si se comercializaran) de los activos de capital natural de una economía.

Una estructura conceptual similar fue adoptada en 2008 por la Comisión para la medición del desempeño económico y el progreso social, bajo la dirección de los economistas Joseph Stiglitz, Amartya Sen y Jean-Paul Fitoussi, a instancias del expresidente francés Nicolas Sarkozy. Los autores concluyeron que una medida pragmática de la sostenibilidad combinaría un indicador basado en el planteamiento de la riqueza extendida (es decir, no solo teniendo en cuenta el actual PIB, sino también el capital natural) y un pequeño tablero de indicadores físicos.

Si bien sus fundamentos teóricos son distintos, lo que estos enfoques tienen en común es un reconocimiento de las limitaciones de los indicadores tradicionales para medir el desempeño económico y el progreso social (ver por ejemplo Críticas al PIB), y la importancia de la sostenibilidad a largo plazo.

Más allá del PIB

Ha habido varias iniciativas a nivel regional que buscan alejarse del PIB tradicional como principal indicador de riqueza y bienestar. La primera de ellas es «Más allá del PIB», una iniciativa impulsada por la UE en 2007 para desarrollar indicadores ambientales y sociales altamente agregados y ampliar las cuentas nacionales a las cuestiones ambientales y sociales.[23]

En mayo de 2012, se celebró en Gaborone, Botsuana, la Cumbre para la Sostenibilidad en África. Esta cumbre también reunió a líderes de 10 países africanos para debatir la planificación del desarrollo sostenible y, en particular, para comprometerse con un conjunto de objetivos de plena contabilización del capital natural y su integración en la planificación, las políticas nacionales y el reporte de las actuaciones realizadas y los datos recopilados. Este compromiso se materializó en la Declaración de Gaborone para la sostenibilidad en África.[24]

Economía de los ecosistemas y la biodiversidad

En la Décima conferencia de las partes (COP-10) del Convenio para la Diversidad Biológica (CDB) se presentaron 4 publicaciones por la iniciativa Economía de los ecosistemas y biodiversidad (EEB): Fundamentos ecológicos y económicos de la EEB, La EEB y la elaboración de políticas nacionales e internacionales, La EEB en las políticas locales y regionales, y La EEB en las empresas.[25] Estas publicaciones, junto con un informe provisional publicado en la anterior reunión (COP-9) del CDB en Bonn, representan un análisis exhaustivo del valor económico de la biodiversidad y las consecuencias que tiene para los diferentes niveles de análisis de políticas públicas y privadas.[25]

La EEB también busca sistematizar el papel de las corporaciones, a través de la Coalición EEB para las empresas (2012), formulando estándares y evaluando externalidades.[26] S

Dado que la contabilidad del capital natural requiere la identificación de actividades de reposición, así como de la degradación ambiental, la inclusión de las corporaciones en el proceso de valoración es clave.

Declaración del capital natural

En junio de 2012, la conferencia Río+20 marcó un hito en el interés mundial por la contabilidad del capital natural. Antes de la conferencia, se dio a conocer la Declaración del capital natural, un compromiso de los directores ejecutivos del sector financiero para integrar criterios ESG (ambientales, sociales y de gobernanza por sus siglas en inglés) en las actividades de gestión e inversión. Asimismo, el Banco Mundial puso en marcha la iniciativa WAVES 50:50 (recuérdese, siglas en inglés de contabilidad de la riqueza y valoración de los servicios de los ecosistemas) con la finalidad de analizar el progreso y los pasos necesarios para mejorar los esfuerzos de contabilidad del capital natural y fortalecer la capacidad de los países para la toma de decisiones sostenibles.[24] En el momento de la conferencia, 62 países, 90 empresas y 17 miembros de la sociedad civil se habían adherido a la campaña.[24]

Iniciativas nacionales

Véase también

Referencias

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