Contaminación del aire en la Ciudad de México
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La contaminación del aire en la Ciudad de México ha sido motivo de preocupación para la población y las autoridades sanitarias durante décadas. En el siglo xx, la población de la Ciudad de México aumentó rápidamente a medida que la industrialización atrajo a miles de migrantes de todo el país y del extranjero. Un crecimiento tan rápido e inesperado llevó a la ONU a declarar a la Ciudad de México como la ciudad más contaminada del mundo en 1992. Esto se debió en parte a la gran altitud de la ciudad (2250 metros sobre el nivel del mar), que hace que sus niveles de oxígeno sean un 25 % más bajos. Los combustibles basados en carbono tampoco se queman por completo. Otros factores incluyen la proliferación de vehículos, el rápido crecimiento industrial y el auge demográfico. El gobierno mexicano tiene varios planes activos para reducir los niveles de emisiones que requieren la participación ciudadana, restricciones vehiculares, aumento de áreas verdes y mayor accesibilidad para bicicletas.
La contaminación atmosférica causa aproximadamente una de cada diecisiete muertes (5.9 %) en el país. Es la octava causa principal de muerte, después de factores como la alimentación, el sobrepeso, la hipertensión, el consumo de alcohol y drogas, el tabaquismo y la falta de ejercicio.
La contaminación del aire de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México, comprendida dentro del Valle de México, se mide mediante el índice metropolitano de la calidad del aire.
En la actualidad

En 1992, las Naciones Unidas nombraron a la Ciudad de México «la ciudad más contaminada del planeta».[1] De 1950 a 2015, la población de la ciudad aumentó de tres millones a veinte millones. Este auge poblacional se debió principalmente a migrantes en busca de mejores oportunidades y, como consecuencia, comenzó la era de la industrialización. Este crecimiento industrial fue responsable de emitir más de 11 000 toneladas de desechos a la atmósfera cada día.[2] Como resultado, la economía prosperó al igual que la proliferación de vehículos. En 1980 había 124 automóviles y camiones ligeros por cada 1000 residentes. Para 2010, había 267.[3] El crecimiento poblacional, el aumento de la motorización y las actividades industriales, una cuenca geográfica limitada y la intensa radiación solar se combinaron para provocar graves problemas de calidad del aire por contaminantes primarios y secundarios. La red automática de monitoreo de la calidad del aire, establecida a finales de la década de 1980, reveló altas concentraciones de todos los criterios de contaminación: plomo, monóxido de carbono, dióxido de nitrógeno, dióxido de azufre, ozono y partículas en suspensión. El ozono superó los estándares de calidad del aire en más del 90 % de los días y alcanzó niveles por encima de 300 partes por cada mil millones (unas tres veces el límite) entre 40 y 50 días al año, situándose entre los peores registros del mundo.[4]
En 1990, el gobierno mexicano decidió implementar varios programas de gestión de la calidad del aire para reducir las emisiones. Algunos de estos programas incluían la eliminación del plomo de la gasolina y la implementación de convertidores catalíticos en automóviles, la reducción del contenido de azufre en el diésel de transporte, la sustitución del combustóleo por gas natural en la industria y centrales eléctricas, y la reformulación del gas licuado de petróleo (GLP) utilizado para calefacción y cocina.
En 1993, el gobierno ordenó reemplazar los aditivos de plomo con MTBE y PEMEX, la empresa petrolera estatal, reemplazó los tanques de almacenamiento subterráneos en todas sus estaciones de servicio.
En 2012, el ozono y otros contaminantes atmosféricos se situaban en niveles comparables a los de Los Ángeles.[5] Esta mejora en la calidad del aire se logró gracias a la exigencia del gobierno mexicano de reformular la gasolina, cerrar o trasladar las fábricas contaminantes y prohibir a los conductores usar el coche un día a la semana.
Pese a que la flota de vehículos en la Ciudad de México se duplicó entre 1992 y 2012, y a que la aplicación de las normas sobre bajo contenido de azufre fue lenta, el uso de éteres como combustible contribuyó en gran medida a una disminución del 86 % en el CO, del 53 % en el ozono y del 32 % en las partículas en suspensión durante ese periodo de 20 años.
En abril y mayo de 2016, la contaminación por ozono y materia suspendida en la Ciudad de México alcanzó niveles perjudiciales para la salud, aunque el umbral para declarar una alerta contaminante en 2016 era más bajo que en la década de 1980.[6] La población de la ciudad sigue creciendo y expandiéndose, lo que alarga los desplazamientos en automóvil, y el número de vehículos en la ciudad aumenta cada año.[7]
Monitoreo

El sistema de monitoreo de la calidad del aire IMECA es la herramienta que utilizan las autoridades mexicanas para medir la calidad del aire. Un total de ocho estaciones del sistema, ubicadas por toda la ciudad, miden los niveles de los seis principales contaminantes que se encuentran en la atmósfera. Los contaminantes medidos son: O₃, PM10, PM2.5, CO, NO₂ y SO₂. Además, las estaciones cuentan con una torre meteorológica equipada con sensores que miden la temperatura ambiente, la velocidad y dirección del viento, la precipitación, la radiación solar, la humedad relativa y la presión barométrica.
Los indicadores para cada contaminante permiten evaluar el estado de la calidad del aire con respecto a eventos específicos de contaminación. Se utilizan indicadores de las concentraciones máximas por hora y promedios móviles diarios para evaluar el comportamiento de las concentraciones presentadas por los que son considerados contaminantes y su relación con los estándares de protección de la salud.
Contaminantes
PM10: Según la Norma Oficial Mexicana (NOM), el límite anual para PM10 era de 50 μg/m³ antes de 2014 y de 40 μg/m³ desde 2015 hasta la fecha. En la Ciudad de México, la concentración anual de PM10 ha estado por encima del límite durante los últimos 10 años. La concentración más alta se registró en noviembre de 2019, cuando los niveles de PM10 superaron los 110 μg/m³. El incumplimiento de esta NOM indica la necesidad de llevar a cabo acciones para reducir la concentración de material particulado en el aire ambiente, dado que no se observa una tendencia decreciente en las concentraciones registradas de este contaminante en los últimos años.
PM2.5: Los valores han excedido los límites regulados (15 μg/m³ hasta 2014 y 12 μg/m³ a partir de 2015) desde 2011. En mayo de 2019, los niveles de PM2.5 alcanzaron entre 150 y 160 μg/m³. Estas concentraciones se debieron a la quema de materia orgánica, como leña, combustibles (especialmente diésel), además de algunos procesos industriales. Ese nivel de contaminación equivale a que los habitantes de la Ciudad de México (de todas las edades) fumaran casi tres cigarros y medio durante esos días.[8]
Ozono (O₃): Los límites para el ozono según la NOM eran 0.11 partes por millón (ppm) hasta 2014 y 0.095 ppm desde 2015 hasta la fecha. En las últimas dos décadas, los niveles de ozono disminuyeron gradualmente por debajo de los límites gubernamentales a medida que las autoridades reubicaron fábricas fuera de la capital y endurecieron regulaciones sobre combustibles y automóviles. En 2015, el 37 % de los días mostró mala calidad del aire por ozono; en 2016 hubo una ligera mejora con 35 % de los días; y en 2017 nuevamente el 35 % de los días se registraron como «malos» por los niveles de ozono. Durante los últimos años, las concentraciones de ozono en la ciudad alcanzaron niveles tan extremos que las autoridades emitieron alertas por riesgo ambiental, instando a la población a permanecer en interiores.[9]
Dióxido de azufre (SO₂): La NOM establece tres límites diferentes que deben cumplirse para las concentraciones de SO₂: 8 horas (promedio móvil), 24 horas (promedio diario) y promedio anual por hora. Durante los últimos 10 años, se registraron concentraciones por debajo de los tres límites. Sin embargo, en todas las estaciones las concentraciones de este contaminante como promedio diario están por encima del valor de referencia recomendado por la Organización Mundial de la Salud, que es de 0.008 ppm. De 2015 a 2017, el porcentaje de días con cantidades regulares de SO₂ es mínimo (por encima del 5 %).
Dióxido de nitrógeno (NO2): La NOM define que el límite máximo permitido es de 0.210 ppm como promedio por hora. Para cumplir con la norma, el límite establecido no debe superarse más de una vez al año. En todas las estaciones de monitoreo donde se evaluó esta NOM, se registraron concentraciones por debajo del límite durante 2015 a 2017. Sin embargo, esta NOM no se ha actualizado desde 1993 y la Organización Mundial de la Salud recomienda como guía que el límite del promedio horario para el NO2 se establezca en 0.106 ppm. En cada uno de los años, más del 90 % de los días presentaron buena calidad del aire.
Monóxido de carbono (CO): La NOM establece que el límite máximo permisible para el CO es de 11 ppm como promedio móvil de 8 horas. Para cumplir con la norma, el límite establecido no debe superarse más de una vez al año. Desde 2011, no se ha superado el límite establecido en la NOM para el CO en las estaciones ubicadas dentro de la Ciudad de México. La buena calidad del aire debido al monóxido de carbono predomina en todas las estaciones de monitoreo donde fue posible evaluar este contaminante.
Contingencia ambiental
El 16 de mayo de 2019, el gobierno de la Ciudad de México declaró una contingencia ambiental atmosférica extraordinaria, lo que indicaba que el nivel de partículas nocivas en el aire había superado los estándares aceptados (160 ppm para PM2.5). Horas después, el mismo gobierno anunciaría otra contingencia ambiental por ozono, por lo que sería necesario reducir el número de vehículos circulando por la ciudad. La Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, declaró que la principal causa de los niveles de contaminación fue una serie de incendios que afectaron a regiones cercanas a la capital durante el fin de semana. Las escuelas permanecieron cerradas durante dos días y las autoridades recomendaron a los ciudadanos que se quedaran en casa hasta que los niveles disminuyeran.[10]