La labor de los corsarios vascos fue fundamental para proteger las costas peninsulares, especialmente en períodos de debilidad como el reinado de Carlos II, que promovió sus actividades y llegó a participar económicamente en ellas. Su alcance fue tal que en 1675 llegó a decirse que sólo los corsarios de Guipúzcoa estaban manteniendo a raya a toda la flota atlántica francesa.[3]
Aunque algunos corsarios fueron acusados ocasionalmente de practicar actos de piratería, jurídicamente el corso era una actividad autorizada mediante patente otorgada por la Corona.
Historia
Las primeras patentes generales de corso concedidas a guipuzcoanos y vizcaínos datan de 1497 y fueron expedidas por Fernando el Católico. Permitían el corso sin restricción alguna a los guipuzcoanos y vizcaínos.[4]
A principios del sigloXVI España sufría el acoso marítimo de Francia e Inglaterra. Con ánimo de equilibrar fuerzas, Carlos I dio patente de corso en 1529 para capturar embarcaciones enemigas.[5]
Los armadores donostiarras emprendieron campañas mercantiles y bélicas con gran éxito para desgaste de los adversarios de la Corona. Al calor de los beneficios la flota experimentó un notable crecimiento en los siguientes treinta años. Al igual que los grandes navieros y armadores, los capitanes corsarios gozaban de reputación social.[6] Sin embargo, la frontera entre la actividad corsaria legalmente establecida y la piratería a veces estaba difuminada a pesar de la pena de muerte que pesaba sobre los piratas. A modo de ejemplo, el mismo corsario Martín de Irizar fue ahorcado por piratería en 1527.[7]
Blasón de la ciudad de San Sebastián
Se atestiguaron numerosas acciones bélicas desde 1551 a 1555, en las que los guipuzcoanos arrebataron a Francia más de 200 naos.[8]
El ataque corsario vasco por excelencia fue el abordaje, normalmente sin poner en peligro ni su nave ni la presa, por medio de embarcaciones auxiliares más rápidas y maniobrables. Después del combate y neutralizada la tripulación, los prisioneros eran llevados a juicio público y devueltos a su país.[9] Algunas operaciones eran anfibias, adentrándose por las rías y luego saltando a tierra para dedicarse al pillaje.
En el sigloXVII el imperio español estaba en horas bajas, asediado por la pujanza francesa y holandesa. Se vio obligada a recurrir a los corsarios para igualar fuerzas. Se creó la 'Escuadra del Norte' en 1633, armada por donostiarras en su mayoría, con el superintendente Alonso de Idiaquez a la cabeza.[6] Según Enrique Otero Lana, entre los siglos XVII y XVIII los vascos fueron hegemónicos en las actividades corsarias, contando sólo el señorío de Vizcaya con 77 buques corsarios.[10]
Se construyeron 83 embarcaciones en San Sebastián en este periodo. Desde 1633 a 1641, se dispararon las capturas hasta 353 naves. La actividad corsaria alcanzó entonces su momento de mayor intensidad en los que San Sebastián era, junto a Dunkerque, uno de los principales puertos corsarios de Europa occidental.[6] Su bonanza llegó hasta el punto que, durante la participación española en la guerra franco-neerlandesa en 1675, los corsarios de Guipúzcoa se negaron a socorrer Cataluña al ser ellos lo único que mantenía a los franceses fuera del litoral cantábrico.[3]
La Guerra del Asiento (1739-1748) supuso el último gran auge de la actividad corsaria, favoreciendo el comercio de las mercancías procedentes de las presas realizadas por los corsarios.[11]
En la última guerra contra Inglaterra en 1804, se armaron tres naves de corso y mercancías. Con ello concluyó la actividad corsaria organizada en los puertos guipuzcoanos, poniendo fin a una tradición iniciada más de tres siglos antes.
Corsarios destacados
Se conocen los nombres del donostiarra Juan de Erauso, del pasaitarraMiguel de Ituráin y también Domingo de Albistur, Juan de Lizarza, Pedro de Mondragón y Antón de Garay,[12] Otros corsarios donostiarras de los que hay documentación son los siguientes:[13]
Puerto corsario de San Sebastián en 1636Martín Cardel, capitán y armador corsario donostiarra. Describió que en 1555 había unas 350 velas guipuzcoanas. Detallaba que las naves se dotaban de «lombardas, mosquetes, versos, arcabuces, ballestas, lanzas, dardos y otros géneros de armas ofensivas». Su radio de acción, desde Francia hasta Noruega y al oeste, hasta Finisterre o Inglaterra.
Francisco de Illarreta,[14] ampliaba en 1554 el área de influencia hasta Escocia e Irlanda y declaraba haber armado su propia nao de 200 toneladas con 600 hombres.
Juan de Erauso,[15]tío de la célebre monja alférez Catalina de Erauso, capturó numerosas naos francesas en el Atlántico Norte y participó en algunas de las expediciones corsarias más importantes del siglo XVI.
Pérez de Hoa relató diversas acciones corsarias desarrolladas junto a Juan de Erauso y Miguel de Ituráin durante campañas en Terranova, entre ellas la captura de varias naos dedicadas a la pesca del bacalao.[16]
Alonso de Idiáquez[17] fue el superintendente que creó, bajo los auspicios de Felipe IV, la Escuadra del Norte en 1633 que fue armada en su mayoría por donostiarras contra las escuadras inglesas y holandesas. Según el historiador Enrique Otero Lana, se construyeron 83 embarcaciones en San Sebastián entre 1633 y 1641. Capturaron hasta 353 naves, fueron años dorados en los que San Sebastián era junto a Dunkerque, la mayor plaza corsaria del mundo. Con el fallecimiento de Idiaquez en 1643 se limitó mucho la actividad.
Juan Arriola fue un donostiarra que salió con un barco de guerra al corso en 1630 trayendo varias presas. Una de las presas procedía de Irlanda.
Pedro de Ezábal, vecino de San Sebastián, fue almirante de una fragata de 42 piezas de artillería, llamada Nuestra Señora del Rosario y Ánimas y construida en 1690. Apresó diferentes embarcaciones francesas en el mar Cantábrico.
Pedro Aguirre, alias Campanario.[18]De simple paje en un galeón pasó a capitanear un galeón de 150 toneladas y en 1630 el buque corsario San Pedro en la nueva flota de corso del duque de Maqueda.[19] Con el botín obtenido fletó un barco mayor que operó en el Canal de la Mancha. La Corona española recibió muchas quejas de los armadores extranjeros, acusando a Aguirre de maltratar a las tripulaciones apresadas.
Pedro Diústegui fue un corsario apresado y asesinado por el ejército francés.
Agustín Diústegui, hijo de Pedro, fue uno de los armadores más importantes de San Sebastián. Participó en el corso en 1636 y en 1652 vuelve a haber nuevos datos como armador.[20]
Cristián Echevarría, natural de Bretaña que casó en San Sebastián. Armó 10 navíos de guerra y apresó más de 36 barcos ingleses, holandeses y franceses.[7]
Rico, Á (2015). La defensa del mar en tiempos de Carlos II. Los corsarios de la monarquía hispánica. Revista general de marina, ISSN 0034-9569, T. 268, MES 3 (marzo), 2015, págs. 233-244
Iturrate, José (2000). Guía para visitar los santuarios marianos de los territorios históricos de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya. Madrid: Encuentro. ISBN9788474905557.