Cortejo

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"Cortejo sureño", cuadro pintado por Eastman Johnson (1824–1906).

El cortejo es la selección y atracción de una persona a otra con el fin de establecer una relación íntima, la cual suele implicar amor, sexo, compromiso, cohabitación, matrimonio o reproducción.[1] El cortejo sexual es llevado a cabo por muchas especies animales, incluyendo al ser humano, y su durabilidad es muy variada entre las mismas.

Mientras que la cita suele ser algo netamente ocasional en la mayoría de las culturas occidentales, en muchas sociedades tradicionales, el cortejo es una actividad estructurada con reglas muy específicas y formales. En algunas sociedades, los padres o la comunidad eligen potenciales compañeros para sus hijos o miembros de dichas comunidades respectivamente. En Japón, existe un tipo de cortejo llamado «ommiada» con esas características, en el cual los padres pagan a un experto para ayudarles a elegir compañeros potenciales para sus hijos. Si la pareja acepta, se realiza un encuentro formal en el que el experto y frecuentemente los padres están presentes. Después de unos pocos encuentros, la pareja debe decidir si casarse o no.

En algunas partes, los padres o la comunidad proponen a las posibles parejas y luego permiten una cita limitada para determinar si las partes son adecuadas. En Japón, existe un tipo de cortejo de este tipo llamado Omiai, con prácticas similares denominadas "Xiangqin" (相親) en la Gran China.[2] Los padres contratarán a un casamentero para que les proporcione fotos y currículos de posibles parejas, y si la pareja está de acuerdo, habrá una reunión formal con el casamentero y a menudo los padres presentes.[2] El casamentero y los padres suelen presionar a la pareja para que decida si quiere casarse o no después de unas cuantas citas.

El cortejo en Filipinas es una forma compleja de cortejo. A diferencia de lo que se ve habitualmente en otras sociedades, adopta un enfoque mucho más tenue e indirecto.[3] Es complejo, ya que implica etapas, y se considera normal que el cortejo dure un año o más. Es habitual ver a un hombre presumir enviando cartas y poemas de amor, cantando canciones románticas y comprando regalos para la mujer. Los padres también son considerados como parte de la práctica del cortejo, ya que su aprobación es comúnmente necesaria antes de que el cortejo pueda comenzar o antes de que la mujer dé al hombre una respuesta a sus avances.[3]

En las sociedades más cerradas, el noviazgo se elimina prácticamente por completo mediante la práctica de los matrimonios concertados[2] en los que las parejas son elegidas para los jóvenes, normalmente por sus padres. Prohibir los noviazgos experimentales y en serie y sancionar sólo los matrimonios concertados es, en parte, una forma de proteger la castidad de los jóvenes y, en parte, una cuestión de promover los intereses familiares, que, en esas culturas, pueden considerarse más importantes que las preferencias románticas individuales.[4]

A lo largo de la historia, el cortejo ha incluido a menudo tradiciones como el intercambio de tarjetas de San Valentín, la correspondencia escrita (que se vio facilitada por la creación del servicio postal en el siglo XIX) y otros cortejos similares basados en la comunicación.[5] En las últimas décadas, sin embargo, el concepto de matrimonio concertado ha cambiado o simplemente se ha mezclado con otras formas de citas, incluyendo las orientales e indias; las potenciales parejas tienen la oportunidad de conocerse y salir juntos antes de que uno decida si continuar o no la relación.

En algunas culturas, el cortejo es abolido por la práctica del matrimonio arreglado, en el que los compañeros para las personas jóvenes son elegidos típicamente por sus padres.

Citas

En las sociedades occidentales, una cita es una ocasión en la que uno socializa con un potencial amante o cónyuge. También podría definirse como un encuentro programado entre dos personas con interés mutuo, en el cual los dos individuos se comunican y participan de actividades sociales fuera del horario de sus obligaciones cotidianas, tales como la escuela o el trabajo. En este sentido, el propósito de una cita es conocerse y decidir si quieren establecer una relación de noviazgo.

Durante las citas, las personas exploran la personalidad del otro, para descubrir si son compatibles y si podrían sostener una relación. Frecuentemente, si los individuos descubren que su compatibilidad es pobre o baja, la relación se termina. La información sobre la otra persona que se busca más a menudo incluye actitudes; carácter e integridad; etapa de crecimiento personal; expectativas; orígenes familiares, culturales y sociales; edad; hábitos; intereses; madurez; filosofía personal; preferencias y prioridades; opiniones políticas y religiosas; opiniones sobre el sexo, el matrimonio y los hijos; maneras de comunicarse; y situación económica.

Por lo general, en una cita las personas tratan de mostrar sus mejores cualidades, tener un buen comportamiento y hacer cualquier cosa que crean atractiva para el otro individuo.

El cortejo en la teoría social

El cortejo es utilizado por varios teóricos para explicar los procesos de género y la identidad sexual. La investigación científica sobre el cortejo comenzó en la década de 1980, tras lo cual los investigadores académicos empezaron a generar teorías sobre las prácticas y normas modernas de las citas románticas. Los investigadores han descubierto que, en contra de la creencia popular, el cortejo es normalmente activado y controlado por las mujeres, impulsado principalmente por el comportamiento no verbal, al que los hombres responden. Una de las funciones del amor romántico es el cortejo.[6][7][8][9][10][11]

En general, esto lo apoyan otros teóricos especializados en el estudio del lenguaje corporal.[12] Sin embargo, hay estudiosas feministas que consideran el noviazgo como un proceso socialmente construido (y dirigido por los hombres) organizado para subyugar a las mujeres.[13][14] Warren Farrell informó, por ejemplo, que las revistas matrimoniales y de ficción romántica siguen atrayendo un 98% de lectores femeninos.[15] Las investigaciones sistemáticas sobre los procesos de cortejo en el lugar de trabajo y dos estudios de una década de duración que examinan las normas en diferentes contextos internacionales siguen apoyando la idea de que el cortejo es un proceso social que socializa a ambos sexos para que acepten formas de relación que maximicen las posibilidades de criar a los hijos con éxito.[16][17][18]

El cortejo en algunos animales

Véase también

Referencias

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