Crisis económica en Chile de 1982
crisis económica influida por factores externos e internos
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La crisis económica en Chile de 1982 tuvo lugar durante la dictadura militar encabezada por Augusto Pinochet, tras años de reformas económicas iniciadas desde principios de la dictadura militar. Aunque con impactos diversos, los planos económico y político sufrieron profundas transformaciones, siendo un reforzamiento del modelo de Chile (el PIB del país se redujo un 14,3 % y el desempleo aumentó al 23,7 %[1]) y la reorganización opositora al régimen, respectivamente.
| Crisis económica en Chile de 1982 | ||
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| Parte de Crisis de la deuda latinoamericana | ||
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Tasa de crecimiento económico del PIB en Chile (naranja) y en América Latina (azul) entre 1971 y 2007. | ||
| Localización | ||
| País | Chile | |
| Datos generales | ||
| Tipo | Crisis económica | |
| Histórico | ||
| Fecha | 1982 | |
| Desenlace | ||
| Resultado | Jornadas de Protesta Nacional | |
Antecedentes
Contexto internacional
La derivada de la segunda crisis del petróleo detonada en 1979 por la revolución islámica en Irán y la subsecuente guerra Irán-Irak que tuvo lugar entre 1980 y 1988 influyeron en la economía mundial durante los años 80.[2]
Chile, como escenario periférico del mundo occidental, se encontraba atravesando un momento de intensa polarización política provocado por la Guerra Fría, un conflicto ideológico entre la Unión Soviética y los Estados Unidos. En este escenario, las sociedades latinoamericanas se encontraban en una profunda coyuntura interna. Por un lado, los movimientos comunistas de América Latina disfrutaron de un prestigio y una tolerancia excepcionales como consecuencia de su participación en los movimientos antifascistas, prestando el respeto de la Unión Soviética.[3] Por otro lado, Estados Unidos intentaba consolidar a América Latina como un espacio de influencia sobre los territorios latinoamericanos.
Contexto político y social de Chile pre-dictadura

Según el historiador Mario Góngora, la época previa a la dictadura —involucrando a la misma— fue una época de planificaciones globales o propuestas gubernamentales para resolver los asuntos macroeconómicos (inflación y deuda externa) y las presiones políticas internas de la sociedad chilena. Inicialmente, el gobierno de Jorge Alessandri Rodríguez (1958-1964) propuso una mirada liberal de la economía y de la política que, no obstante, el desorden económico y la radicalización política permitieron el ascenso de la Democracia Cristiana al poder.[4] El proyecto político de la Revolución en Libertad fue el pilar del gobierno de Eduardo Frei Montalva (1964-1970), quien llegó a los sectores populares y rurales con una maquinaria electoral que superó a la derecha tradicional,[5] lo que, tras la victoria parlamentaria de 1965, implementó la promoción popular de la vivienda, la reforma agraria y la chilenización del cobre.[4]

A pesar de ello, la politización de los partidos y las bases electorales de la izquierda, más una rearticulación de la derecha bajo el Partido Nacional, llevaron al triunfo de Salvador Allende (1970-1973) en la elección presidencial de 1970. El proyecto de la vía chilena al socialismo permitió consolidar la nacionalización de la banca, la minería cuprífera y áreas sociales.
Esto generó el enojo de grupos de la élite conservadora, inversionistas extranjeros y militantes socialistas debido a la velocidad del proceso socialista en el ejecutivo, situación que decantó en el golpe de Estado de 1973.
Contexto socioeconómico de Chile
Según la Sociedad de Naciones, Chile fue el país más afectado por la Gran Depresión.[6] Después de varios años de éxito percibido por las economías de Europa occidental, la influencia del keynesianismo y la CEPAL ayudaron a diseminar ideas de desarrollo interno por toda Sudamérica, incluyendo Chile.[7] En el período posterior a la crisis económica de 1929, el proceso de industrialización comenzó con la ampliación de la acción pública al crearse la CORFO en 1939 para modernizar la agricultura, la infraestructura y la industria, tanto básica como manufacturera.[8] Entre 1939 y 1953, el proceso de industrialización nacional llevó a la creación de diversas empresas estatales en áreas claves como electricidad (ENDESA) y procesamiento de hidrocarburos (ENAP). Desde 1953 a 1964, comenzó un proceso de desestabilización económica, sobre todo en la inflación, convocando a la Misión Klein-Saks, que recomendaba liberalizar la economía. No obstante, los gobiernos de Jorge Alessandri, Eduardo Frei Montalva y Salvador Allende no llevaron a cabo esas reformas, generando un aumento de la relevancia de las empresas estatales.[9]
Desarrollo de la crisis económica
Primera etapa: crisis de la organización económica (1973-1981)

Como principales antecedentes de la crisis de 1982 pueden estimarse la sobrevaluación del peso chileno (ayudado por la paridad de dicha moneda frente al dólar estadounidense, que se mantuvo en 39 pesos entre 1979 y 1982), las altas tasas de interés local y la crisis financiera generalizada en Latinoamérica de los años 80. Esto habría dificultado la inversión en actividades productivas; de hecho, en el período 1977-1982, la mayor parte del gasto en Chile giraba en torno al consumo de bienes y servicios. Entre 1973 y 1982, la deuda externa chilena aumentó de 3.500 a más de 17.000 millones de dólares.[10]
No obstante, dentro de dicho periodo de tiempo, ocurrió un control inflacionario iniciado bajo el gobierno de Salvador Allende. En septiembre de 1973, la inflación alcanzó un 286,4%, tocando su peak en abril de 1973 con 746,4% debido a la emisión monetaria provocada bajo la administración de la Unidad Popular; pero la inflación cayó hasta el 38,9% en diciembre de 1979.[11] Para la regulación de la inflación, el gobierno optó por dos medidas:
- El control cambiario alcanzó la paridad entre el dólar estadounidense y el peso chileno.
- Restricción crediticia de diversas entidades bancarias, aunque se mantuvieron diversas sanciones económicas debido a las sospechas de violaciones de DD.HH. por parte del régimen de la Junta Militar.[4]
Estas situaciones permitieron subir el nivel de consumo de los chilenos durante el quinquenio 1975 y 1980, aumentando los créditos bancarios por una especulación financiera y una primera fase de privatización.
Segunda etapa: la gran crisis económica (1982-1984)
De tal modo, en noviembre de 1981, dos bancos fueron intervenidos por el Estado, aduciendo que habían tomado riesgos excesivos. Estos fueron el Banco de Talca y el Banco Español-Chile, además del Banco Linares y el Banco de Fomento de Valparaíso debido a la inminente quiebra. A ello, se le sumaron las sociedades financieras Compañía General, Cash, Capitales y del Sur, que también fueron intervenidas. El Banco de Talca y el Español-Chile fueron nacionalizados mediante el reemplazo administrativo y despojando la propiedad a sus accionistas. Posteriormente, estos dos bancos fueron reprivatizados.[12] El 30 de abril de 1982 fueron intervenidas otras 2 instituciones: el Banco Austral de Chile y el Banco de Fomento del Bío-Bío, siendo ambos liquidados y disueltos el 8 de julio del mismo año.[13] Ante resultados negativos económicos en 1982, el 13 de enero de 1983, el Estado chileno realizó una masiva intervención de bancos, incluyendo al de Chile, de Santiago, Colocadora Nacional de Valores, Concepción e Internacional, junto con liquidar el Banco Unido de Fomento, el Banco Hipotecario de Chile y la Financiera Ciga.[14]
El banquero Javier Vial es responsabilizado por el gobierno de la crisis, y es enviado por el poder judicial a la cárcel Capuchinos entre noviembre de 1983 y julio de 1984, acusado de infringir la ley de bancos,[15] a lo que este responde arrastrando a la cárcel a los exfuncionarios de gobierno Rolf Lüders y Boris Blanco.[16]
Tercera etapa: la segunda privatización (1984-1990)
La salida de esta crisis estaba en manos de la dictadura militar, quien decidió confiar en Hernán Büchi como nuevo ministro de Hacienda para resolver la crisis.[cita requerida]
Consecuencias

Las consecuencias de la crisis económica fueron relevantes para el régimen y para la reconfiguración política y social del país. Desde un punto de vista de la económico existieron dos bandos. Por un lado, los partidarios de la política de libre mercado, quienes han sostenido que la crisis nació fuera de Chile y afectóafectando a toda Latinoamérica en la llamada década perdida, con el economista Milton Friedman criticando el abandono de la política de libre flotación del peso previo a la crisis como el causante del estrés monetario que lo prosiguió con la acentuada devaluación;[17][18] y por otro, los materialistas (corriente histórica del marxismo), quienes en voz de los historiadores Gabriel Salazar y Julio Pinto han replicado que este tipo de crisis son debilidades inherentes a lo que ellos denominan el "modelo neoliberal".[10] De esta forma podemos destacar principalmente tres consecuencias relevantes:
Consecuencias políticas
En la crisis bancaria de 1982, el Estado tenía más control sobre la economía que durante el gobierno predecesor de la dictadura militar, y el crecimiento sostenido solo se produjo después de las reformas posteriores, mientras que los indicadores sociales seguían siendo deficitarios.[19] La crisis detonó además una ola de protestas contra la dictadura militar.[10]