Crisis yemení

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La crisis yemení comenzó en 2011, con la revolución en contra de Abdalá Salé, quien había estado en el poder por 33 años.[1][2] Salé dimitió a inicios de 2012, como parte de un acuerdo entre el Gobierno y la oposición. El gobierno resultante, liderado por el exvicepresidente Abd Rabbuh Mansur Hadi, enfrentó desafíos para dirigir el fragmentado panorama político y contrarrestar la oposición armada de Al-Qaeda en la península arábiga y los hutíes, quienes habían estado librando una insurgencia en el norte durante años.[3][4][5]

En septiembre de 2014, el conflicto desembocó en una guerra civil cuando los hutíes entraron en Saná, forzando a Hadi a negociar un "gobierno de unidad" con otras facciones políticas.[3] Los hutíes siguieron avanzando hasta que, tras un presunto ataque contra el palacio presidencial y la residencia privada de Hadi, este dimitió junto con su gabinete en enero de 2015.[6][7]

Al mes siguiente, los hutíes se proclamaron en control del gobierno, disolvieron el Parlamento e instalando el Comité Revolucionario interino dirigido por Mohammed al-Houthi, primo de Abdul-Malik al-Houthi.[6][7] Hadi escapó a Adén, donde se proclamó presidente legítimo, instaurando una capital temporal y haciendo un llamado a los funcionarios leales y a los miembros del ejército para unirse a él.[8][9]

El 27 de marzo de 2015, la BBC informó que Hadi había huido de los rebeldes en Adén y posteriormente había llegado a Riad, capital de Arabia Saudita, mientras las autoridades saudíes iniciaban ataques aéreos contra Yemen.[10] Desde 2017, el Consejo de Transición del Sur (CTS), un grupo separatista, también ha luchado contra el gobierno.[3]

Crisis ecológica

La Primavera Árabe llegó a Yemen poco después de la revolución tunecina. Yemen era uno de los países más pobres de la región, y su gobierno se enfrentaba a acusaciones generalizadas de corrupción. Para 2011, el país ya se enfrentaba a insurgentes vinculados a Al Qaeda en el sur y a rebeldes musulmanes chiitas zaidíes en el norte. Yemen se había unificado en 1990, y persistían profundas diferencias entre el norte y el sur.[3]

La inestabilidad política de Yemen se ha agravado en parte por la creciente crisis ecológica del país. En 2023, el yemení promedio tenía acceso a tan solo 86 m² de agua dulce renovable al año para todos los usos (62 galones al día).[11] En comparación, el habitante promedio de Oriente Próximo tiene acceso a 631 m²,[12] ambos significativamente por debajo del promedio mundial de 1 700 m² per cápita al año.[13] El agua subterránea es la principal fuente hídrica del país, pero el nivel freático ha descendido drásticamente, dejando al país sin una fuente viable. Por ejemplo, en Saná, el nivel freático estaba a 30 m por debajo de la superficie en la década de 1970, pero había descendido hasta 1 200 metros en 2012. El agua subterránea no ha sido regulada por los gobiernos de Yemen.[14]

Incluso desde antes de la revolución, la situación hídrica en Yemen se consideraba grave, y varios analistas ambientales advirtieron que Yemen podría ser uno de los primeros países en enfrentar una escasez extrema de agua si la tendencia continuaba.[15] La agricultura consume cerca del 90 % del agua del país, aunque sólo representa el 6 % del PIB; no obstante, una gran parte de los yemeníes depende de la agricultura de subsistencia y el autoconsumo. La mitad del agua agrícola en Yemen se utiliza en el cultivo de qat, un narcótico que la mayoría de la población mastica. En otras palabras, el 45 % del agua extraída de los acuíferos, cada vez más agotados, se utiliza para un cultivo que no alimenta a nadie.[14]

Esta inseguridad hídrica representa un impacto directo en la estabilidad política. Según el periódico yemení Al-Thawra, entre el 70 % y el 80 % de los conflictos en las zonas rurales del país están relacionados con el agua. El Ministerio del Interior ha estimado que, en todo el país, las disputas relacionadas con el agua y tierras causan la muerte de 4 000 personas al año, más que el terrorismo.[16] En Yauf, una disputa sobre la ubicación de un pozo ha desatado un conflicto sangriento que se ha prolongado durante más de 30 años.[14]

En 2007, el ministro de Agua y Recursos Naturales sugirió que Saná tendría que ser evacuada si se quedaba sin agua. Aunque el gobierno no pudo trasladar la capital de manera ordenada y pacífica, la guerra y la crisis política han convertido a Saná y a la mayor parte del país en un campo de batalla del que la gente se ha visto obligada a huir.

Otros desastres naturales han afectado al país, a la par del avance de la guerra. A finales de 2015, dos ciclones históricos azotaron el país. El primero, el ciclón Chapala, azotó la isla de Socotra antes de impactar el puerto de Mukalla, en la costa sur, donde causó inundaciones catastróficas.[17] Esta tormenta, combinada con el ciclón Megh, dejó suficiente humedad como para que las langostas se reprodujeran. Estas langostas pueden volar 160 kilómetros en un día y destruir cualquier cultivo que encuentren.[18]

Historia

Véase también

Referencias

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