Cristal de roca
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El nombre de cristal de roca se emplea para designar al cuarzo incoloro y transparente.
En la Grecia clásica se utilizaba el nombre de κρύσταλλος (krystallos), equivalente a hielo y algunos filósofos (como Teofrasto) argumentaron que era hielo supercongelado que no se derretía nunca.[1] Andrés Laguna en sus comentarios a la traducción de la obra de materia médica de Dioscórides,[2] indica que esta explicación es errónea, basándose en que el cristal tiene siempre las mismas formas y el hielo no, y que además no se puede fundir por mucho que se le caliente.
La composición del cristal de roca es óxido de silicio (SiO2), casi puro, aunque puede contener trazas de otros elementos, especialmente aluminio, que generarán centros de color si se somete a la acción de la radiactividad natural o artificial.[3] Los cristales de esta variedad de cuarzo suelen ser turbios y lechosos en la zona en la que se unen al cuarzo masivo.
El cristal de roca aparece en muchos entornos geológicos. Son frecuentes los cristales en cavidades de filones hidrotermales de cuarzo masivo, o en grietas alpinas. En las pegmatitas aparece en cavidades de los núcleos masivos de cuarzo. En las cavidades miarolíticas es más raro, ya que la presencia de minerales radiactivos hace que se oscurezca, aunque sea ligeramente. También se encuentra en entornos sedimentarios, dentro de septarias en rocas calizas.[3]
El cristal de roca se encuentra en, literalmente, decenas de miles de yacimientos, y en varios de ellos se explota comercialmente para obtener ejemplares para los coleccionistas. Son famosos los yacimientos de la zona del monte Ida, en el condado de Montgomery, Arkansas (Estados Unidos), en los que existen explotaciones comerciales y otras de acceso público mediante pago de entrada.[4] También se encuentra cristal de roca en los Alpes, tanto en los franceses como en los suizos e italianos. En España existen muchos yacimientos en los que se ha encontrado cristal de roca de buena calidad. La conocida como Cueva del Cristal, en La Cabrera, fue explotada para extraer este material y utilizarlo para fabricar objetos de decoración ya en el siglo XVIII.[5] En los ríos Manzanares y Jarama y en los depósitos de grava próximos se encontraban cantos rodados de cristal de roca, conocidos como diamantes de San Isidro. Uno de ellos fue tallado para Felipe II.[5]
