El cuarteto tiene cuatro movimientos:
- Moderato e semplice (D major)
- Andante cantabile (B♭ major)
- Scherzo. Allegro non tanto e con fuoco – Trio (D minor)
- Finale. Allegro giusto – Allegro vivace (D major)
El segundo movimiento que es melancólico y famoso por sí mismo, se basa en una canción popular que el compositor escuchó en la casa de su hermana Aleksandra y su familia, los Davydov en Kamenka, Ucrania, en que pasaba muchas temporadas, silbada por un pintor de brocha gorda.[2]
Cuando el cuarteto se interpretó en un concierto homenaje a León Tolstói en 1876, se dice que el autor se puso a llorar en este movimiento: “…Tolstoi, sentado a mi lado y escuchando el Andante de mi Primer Cuarteto, rompió a llorar”. [3] [4]
Cuando el Cuarteto Zoellner, a petición suya, interpretó el segundo movimiento para Helen Keller, ésta apoyó las yemas de los dedos sobre una mesa de madera para percibir las vibraciones y reaccionó con fuerza. Rápidamente percibió las vibraciones musicales, balanceándose al compás, llorando y sonriendo alternativamente. Después, Keller dijo lo siguiente: [5]
Cuando tocan para mí, veo, oigo y siento muchas cosas que no puedo expresar fácilmente con palabras. Siento la fuerza, la oleada y el poderoso pulso de la vida. Oh, son maestros de un arte maravilloso y sutil. Cuando tocan para mí, de inmediato se obra un milagro, se concede la vista a los ciegos y los oídos sordos escuchan dulces y extraños sonidos.
Cada nota es una imagen, una fragancia, el destello de un ala, una hermosa niña con perlas en el pelo, un grupo de niños bailando y balanceando guirnaldas de flores: una brillante mezcla de colores y pies centelleantes. Hay notas que ríen, besan, suspiran y se funden. Y notas que lloran, se enfurecen y se deshacen como cristales rotos.
Pero sobre todo, los violines cantan sobre cosas hermosas: bosques, arroyos y colinas bañadas por el sol, el tenue sonido de pequeñas criaturas revoloteando entre la hierba y bajo los pétalos de las flores, el silencioso movimiento de las sombras en mi jardín y la suave respiración de criaturas tímidas que se posan en mi mano un instante o me rozan el pelo con sus alas. ¡Oh, sí! Y mil, mil cosas más que no puedo describir me invaden el alma cuando el Cuarteto Zoellner toca para mí.