Cultura de la cerámica perforada

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La cultura de la cerámica perforada (3200-2300 a. C.), es una cultura arqueológica del sur de Escandinavia que refleja un modo de vida de cazadores-recolectores durante la transición entre el Mesolítico y el Neolítico. Se desarrolló principalmente en las costas de Sueonia y Gotia (Suecia), las islas Åland, el noreste de Dinamarca y el sur de Noruega.

Los individuos asociados a esta cultura constituían una población genéticamente homogénea y distintiva, descendiente de los Cazadores-Recolectores Escandinavos (SHG) previos. Surgió en el centro-este de Suecia hacia el 3500 a. C. y fue reemplazando progresivamente a la Cultura de los vasos de embudo en las zonas costeras del sur de Escandinavia, con la que después coexistió durante varios siglos.[1]

A partir de aproximadamente el 2800 a. C., la cultura de la cerámica perforada coexistió también con la cultura del hacha de combate, que había sucedido a la de los vasos de embudo en el sur de Escandinavia. Hacia el 2300 a. C., la primera fue absorbida por la segunda. La posterior Edad del Bronce Nórdica representa una fusión de elementos procedentes de ambas tradiciones.[2][3] Los escandinavos modernos (a diferencia del pueblo sami) presentan en parte un origen genético derivado de la población de la cultura de la cerámica perforada.[4]

Sus tradiciones cerámicas están relacionadas con las de la cultura de la cerámica del peine.[2] Debido a esto, la cultura de la cerámica perforada a menudo se combina con la cultura de la cerámica de peine para formar la cultura de la cerámica de hoyos y peine.

La cultura de la cerámica perforada surgió alrededor del 3500 a. C. Los hallazgos más antiguos se encuentran en el centro-este de Suecia, donde pareció haber reemplazado a la cultura de los vasos de embudo.[1]

Durante sus primeros años, la cultura de la cerámica perforada coexistió con la cultura de los vasos de embudo. Aunque ambas culturas intercambiaban bienes entre sí, sus pueblos parecen haber tenido identidades muy diferentes y no se mezclaron entre sí de manera notable.[2] Durante el período de expansión de la cerámica perforada, los vasos de embudo construyeron una serie de empalizadas defensivas, lo que puede significar que ambos pueblos estaban en conflicto.[5] Existen evidencias arqueológicas de altos niveles de violencia entre el pueblo de la cultura de la cerámica perforada.[6][7]A lo largo de su existencia de más de 1000 años, esta cultura permaneció prácticamente sin cambios.[1]

A partir de 2800 a. C.[1] la cultura de la cerámica perforada coexistió durante un tiempo con la cultura del hacha de combate y la cultura de la tumba individual, que sucedieron a la cultura de los vasos de embudo en el sur de Escandinavia. Ambas eran variantes de la cultura de la cerámica cordada. Al igual que los vasos de embudo, la cerámica cordada construyó una serie de empalizadas defensivas durante este período, lo que puede ser un signo de conflicto violento con la cultura de la cerámica perforada.[5] Aunque se detectan influencias culturales de la cultura del hacha de combate en los enterramientos de la cerámica perforada, sus pueblos no parecen haberse mezclado.[8]

Hacia el 2300 a. C., la cultura de la cerámica perforada se había fusionado con la cultura del hacha de combate, provocando que posterior Edad del Bronce Nórdica presente una fusión de elementos de la cultura de la cerámica perforada y la cultura del hacha de combate.

Asentamientos

Los asentamientos de esta cultura consistía usualmente en cabañas en pequeños poblados semipermanentes o estacionales en lugares estratégicos junto al mar, como ensenadas, fiordos o islas, que facilitaban el acceso a los recursos marinos esenciales para su subsistencia (pesca y caza de focas).[2]

El interior de las cabañas albergaba hogares centrales para cocinar, calentarse y trabajar. En los alrededores de los asentamientos son habituales los hoyos de almacenamiento excavados en el suelo, utilizados para conservar alimentos y recursos. Este patrón de asentamiento costero y arquitectura sencilla contrasta con los asentamientos más permanentes y hacia el interior de otras culturas agrícolas contemporáneas[1] como la cultura de los vasos de embudo. https://academia-lab.com/enciclopedia/palafitos-de-alvastra/.

Economía

Su economía se basaba en la pesca, la caza y la recolección de plantas. Parece que la caza de focas fue particularmente importante, ganándose el mote de "Inuit del Báltico".[1] En los yacimientos estudiados se han encontrado huesos de alce, ciervo, castor, foca, marsopa y jabalí en cantidades relevantes.[9]

Se caracterizaban por la migración estacional, como muchas otras comunidades de cazadores-recolectores. Probablemente pasaban la mayor parte del año en su asentamiento principal en la costa, haciendo incursiones estacionales en el interior para cazar cerdos y animales de los que conseguir pieles y, además, para participar en el intercambio con las comunidades agrícolas en el interior.[10] Este tipo de interacción estacional puede explicar el singular Poblado Palafítico de Alvastra, situado en el suroeste de Östergötland, puesto que dicho yacimiento pertenece a la cultura de la cerámica perforada en lo que respecta a la alfarería encontrada, pero presenta herramientas y armas propias de la cultura de los vasos de embudo.

Por todo esto, se cree que podrían haber sido cazadores especializados que se dedicaban al comercio de bienes animales con los pueblos de todo el Báltico.[2]

Herramientas

El repertorio de herramientas de la cultura de la cerámica perforada (Pitted Ware) variaba de una región a otra. En parte, esta variedad reflejaba las fuentes regionales de materias primas disponibles. No obstante, el uso de anzuelos, arpones, redes y pesas de red estaba bastante extendido. En la costa oeste de Escandinavia son abundantes las puntas de flecha con pedúnculo fabricadas con lascas de sílex, que probablemente se utilizaban para la caza de mamíferos marinos.[2]

Cultura

Véase también

Referencias

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