Cámara sepulcral de Toya
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La Cámara Sepulcral de Toya es un hipogeo o capilla subterránea ubicada en el cerro de la Horca, cerca de la localidad de Peal de Becerro (Jaén) en España. Fue construida en el siglo IV a. C.[1]

Descubrimiento
El hallazgo de la cámara sepulcral fue fortuito, realizado por un campesino llamado José García Plazas entre 1908 y 1909, mientras trabajaba la tierra de un particular.[2] La apertura de la tumba permitió el acceso a un conjunto monumental compuesto por vasijas, monedas, cerámica y una amplia variedad de objetos de ajuar, muchos de los cuales fueron posteriormente expoliados o vendidos, dispersándose entre colecciones particulares y museos, incluyendo el Museo Arqueológico Nacional de España y el Museo Arqueológico de Granada. En 1918 la cámara fue declarada Monumento Artístico Histórico.
Contexto histórico y cultural
La Cámara Sepulcral de Toya se inscribe en la cultura íbera del sur de España, caracterizada por una marcada estratificación social y por la creación de monumentos funerarios destinados a las élites. La necrópolis en la que se ubica, aunque hoy en gran parte desaparecida, incluía otras tumbas de cámara de menor dimensión, y refleja la continuidad de prácticas funerarias cíclicas y ritualizadas durante los siglos V al II a. C.[3]
Tugia, la ciudad asociada a estos enterramientos, fue un centro importante de comercio y poder en la región del Alto Guadalquivir, favorecido por su localización estratégica que conectaba el Levante con la Alta Andalucía. La cámara y su ajuar evidencian la capacidad técnica, artística y simbólica de la aristocracia ibérica, así como la influencia de los contactos comerciales con el mundo greco-romano y púnico.

Excavaciones a lo largo de los años
El estudio de la Cámara de Toya fue llevado a cabo principalmente por Juan Cabré Aguiló y otros arqueólogos destacados del siglo XX, como Manuel Gómez Moreno, Tomás Román Pulido y Cayetano de Mergelina.[4] Las investigaciones incluyeron la documentación arquitectónica detallada de la tumba, la recopilación del ajuar y su contextualización dentro del panorama de las necrópolis ibéricas. La restauración de la cámara en la década de 1970 permitió recuperar gran parte de su estructura original y establecer paneles interpretativos para visitantes, facilitando la comprensión de los rituales funerarios y de la vida de los aristócratas iberos.
