Cúllar-Baza 1
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| Cúllar-Baza 1 | ||
|---|---|---|
| Ubicación | ||
| Región | Granada | |
| País |
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| Municipio | Cúllar | |
| Coordenadas | 37°33′40″N 2°33′47″O / 37.561, -2.563 | |
| Historia | ||
| Tipo | Yacimiento arqueopaleontológico | |
| Cultura | Olduvayense (Modo 1) | |
| Descubrimiento y hallazgos | ||
| Descubrimiento | 1973 | |
| Excavaciones | 1973, 1975, 1987 | |
| Mapa de localización | ||
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Ubicación en España | ||
Cúllar-Baza 1 (frecuentemente abreviado como CU-1) es un yacimiento arqueológico y paleontológico situado en el término municipal de Cúllar, en la provincia de Granada (España). Se ubica geográficamente en el pasillo Cúllar-Chirivel, dentro de la Depresión de Guadix-Baza.
El yacimiento es un referente clave para el estudio de la transición entre el Pleistoceno inferior y el Pleistoceno medio en el sur de la península ibérica. Alberga una rica colección de fauna de grandes mamíferos y evidencias de presencia humana asociadas a industria lítica del Modo 1 (Olduvayense), con una cronología estimada entre 800 000 y 650 000 años de antigüedad.[1]
El yacimiento se sitúa a una altitud de 964 m s. n. m., en una zona de depósitos lacustres y palustres pertenecientes al antiguo sistema del paleolago de Baza. La sedimentación se caracteriza por una dinámica cíclica que alternaba fases de aguas altas y salinas (con precipitación de carbonatos en ambiente lacustre) con fases de aguas bajas y dulces (ambiente de pantano o palustre rico en materia orgánica).[2]
Aunque el depósito presenta una homogeneidad general, las investigaciones han permitido diferenciar tres niveles estratigráficos principales con génesis distinta:[1]
- Nivel H (Inferior): Identificado en algunas interpretaciones con los niveles I+J definidos por M. A. Alonso (1991). Existe un debate historiográfico sobre si este nivel corresponde al "Lacustrine member" donde se ubicaría el hipotético yacimiento Cúllar-Baza 2, donde se citaron esporádicamente restos de Equus caballus, aunque su existencia como yacimiento diferenciado es dudosa en la actualidad.
- Nivel A (Paleocanales): Es un nivel singular formado por paleocanales con sedimentos de fracción arena, a diferencia de las arcillas y limos del resto del yacimiento. Se sugiere que estos canales se originaron en los relieves alpujárrides del este-sureste y confluían con las orillas del paleolago. Desde el punto de vista arqueológico, este nivel es crucial porque habría actuado como fuente de recursos abióticos (cantos de cuarcita y dolomía) disponibles para los homínidos.
- Niveles intermedios: Constituyen el grueso del depósito arqueopaleontológico. No se describen con una nomenclatura específica unificada, pero representan la reiteración de los ciclos lacustres-palustres donde se acumularon los restos faunísticos.
Historia de la investigación
El descubrimiento de Cúllar-Baza 1 fue el resultado de una serie de hallazgos fortuitos y prospecciones sistemáticas iniciadas en la década de 1970:[3]
- 1971: Rafael Laso, vecino de Cúllar, entregó unos molares fósiles de Equus al paleontólogo Emiliano Aguirre, quien a su vez los cedió a su alumno Antonio Ruiz Bustos para su estudio.
- 1973 (Descubrimiento y primera campaña): Motivado por los hallazgos previos y las citas de Mammuthus meridionalis en la zona, Ruiz Bustos exploró el sector oriental de la depresión, localizando el yacimiento. Entre julio y septiembre dirigió la primera excavación, recuperando más de doscientas piezas.
- 1975 (Segunda campaña): Se realizó una excavación dirigida por el antropólogo granadino Miguel C. Botella y coordinada por Ruiz Bustos. Los resultados de esta campaña permanecen inéditos.[4]
- 1987 (Tercera campaña): Fue la última intervención oficial, codirigida por A. Ruiz Bustos y la paleontóloga M.T. Alberdi. Se excavó una planta de 48 m² y se registraron 326 piezas.[5]
Desde la finalización de los trabajos en 1987, el corte de excavación quedó expuesto a la intemperie, sufriendo procesos de erosión natural y expolios ocasionales.[1]
Registro paleontológico
Cúllar-Baza 1 presenta una densidad de fósiles muy elevada (superando a yacimientos vecinos como Huéscar-1 o Huélago). La acumulación ósea es principalmente de origen biológico y no por transporte fluvial; se produjo por la muerte natural de animales en las zonas pantanosas y la acción de carnívoros, con un enterramiento rápido que favoreció una excelente conservación (el 68% de los restos no muestra meteorización).[2]
Fauna
La asociación faunística es extraordinariamente diversa e incluye más de 30 especies identificadas, abarcando desde megafauna hasta microvertebrados, reptiles y peces.[1]
Mamíferos
La lista de grandes mamíferos incluye especies típicas del Galeriense o Pleistoceno Medio antiguo:
- Proboscídeos: Mammuthus trogontherii (mamut de la estepa).
- Perisodáctilos: Equus altidens, Equus suessenbornensis y el rinoceronte Stephanorhinus hundsheimensis.
- Artiodáctilos: Son abundantes los ciervos (Cervus acoronatus, Dolichodorycerus savini), bóvidos (Bison cf. schoetensacki, Capra sp.) y suidos (Sus scrofa).
- Carnívoros: Crocuta crocuta (hiena manchada), Canis etruscus (lobo etrusco), Vulpes praeglacialis y restos de Vulpes sp.
Micromamíferos
Los micromamíferos son esenciales para la datación del sitio. La nómina incluye:
- Allocricetus bursae, Apodemus aff. sylvaticus, Eliomys cf. quercinus.
- Arvicólidos: Iberomys brecciensis y, especialmente, Arvicola mosbachensis (también clasificado como A. cantiana). La morfología primitiva de este último (con caracteres "mimomyanos") es uno de los argumentos para la antigüedad del yacimiento.
Herpetofauna y otros
La diversidad biológica se completa con una rica colección de anfibios y reptiles, incluyendo Acanthodactylus cf. erythrurus, Blanus cinereus, Rhinechis scalaris (culebra de escalera), Timon lepidus (lagarto ocelado) y tortugas (Testudo sp.). También se han hallado restos de peces ciprínidos (Leuciscus pyrenaicus).[1]
Paleoambiente
La fauna y los estudios isotópicos sugieren un clima mesomediterráneo subhúmedo, más cálido y lluvioso que el actual. Se estima una temperatura media anual de 16,5 ± 2,2 °C y precipitaciones superiores a los 500 mm. El paisaje estaría formado por un mosaico vegetal:
- Bosques húmedos: Necesarios para especies ramoneadoras como el ciervo Dolichodorycerus y el rinoceronte Stephanorhinus.
- Espacios abiertos: Praderas secas o estepas habitadas por équidos y bisontes.
- Ambiente acuático: El cuerpo de agua (lago/pantano) sufría fluctuaciones de salinidad, indicadas por la presencia del ostrácodo Cyprideis torosa, que prolifera en aguas salinas durante periodos de alta evaporación.
Presencia de homínidos
Cúllar-Baza 1 es uno de los escasos yacimientos de la península ibérica que documenta la presencia humana en el Pleistoceno inferior final, aunque la naturaleza de esta ocupación ha sido objeto de intenso debate.
Industria lítica
La colección lítica es reducida pero diagnóstica, adscrita al Modo 1 (Olduvayense). El conjunto incluye lascas y algunos cantos trabajados (choppers). Un aspecto destacado es la gestión de las materias primas:[1]
- Cuarcita y dolomía: Materiales locales, disponibles en los paleocanales del propio yacimiento (Nivel A), usados para macroutillaje.
- Sílex: Material alóctono (no presente en el entorno inmediato), que aparece exclusivamente en forma de lascas pequeñas y cortantes. Esto implica que los homínidos transportaban herramientas de sílex ya elaboradas o nódulos seleccionados desde distancias medias (>5 km), lo que denota una capacidad de planificación y gestión del territorio compleja.
Historiográficamente, algunas publicaciones de los años 90 citaron erróneamente la presencia de "seis lascas", una cifra inexacta que se perpetuó en la bibliografía. El registro real de sílex es menor (2 piezas en la campaña de 1987), pero su contexto estratigráfico es seguro.[4]
Interpretación funcional
A diferencia de los grandes yacimientos de matanza ("kill sites"), en CU-1 no se han encontrado marcas de corte ni evidencias directas de procesamiento de carne en los huesos. La hipótesis actual propone un modelo de carroñeo marginal: los grupos humanos acudirían a las orillas del lago de forma ocasional para acceder a recursos específicos, probablemente la médula ósea (tuétano) de animales que habían muerto por causas naturales o habían sido cazados por grandes carnívoros (como las hienas, muy abundantes en el sitio).[6]
La distribución de las piezas líticas en diferentes niveles estratigráficos sugiere que no fue un evento único, sino un patrón de deambulación estacional y reiterado.
Comparación regional
La industria de CU-1 carece de bifaces, lo que la distingue de yacimientos geográficamente cercanos como Solana del Zamborino, donde sí aparece tecnología Achelense (Modo 2). Aunque algunos autores intentaron vincular ambos sitios cronológicamente, la fauna demuestra que Solana del Zamborino es más reciente. CU-1 representa, por tanto, una de las últimas manifestaciones de tecnología de Modo 1 en la región antes de la generalización del Achelense.[7]