Del buen salvaje al buen revolucionario
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| Del buen salvaje al buen revolucionario | |||||
|---|---|---|---|---|---|
| de Carlos Rangel | |||||
![]() Edición digital CEDICE (2022) | |||||
| Tema(s) | ensayo político-social | ||||
| Idioma | Español | ||||
| Editorial | Monte Ávila Editores (Caracas) | ||||
| País | Venezuela | ||||
| Fecha de publicación | 1976 | ||||
| Páginas | 397. | ||||
| Serie | |||||
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Del buen salvaje al buen revolucionario: Mitos y realidades de América Latina es un libro publicado en 1976 por Carlos Rangel. El libro explora lo que, según el autor, son los fundamentos ideológicos y las razones culturales del subdesarrollo latinoamericano. Rangel busca una nueva interpretación de la realidad de América Latina alejada y enfrentada con lo que considera son mitos difundidos y poco cuestionados sobre la identidad latinoamericana. Rangel argumenta que estos son mitos promovidos sobre todo por las clases intelectuales nacionalistas y socialistas de muchos países latinoamericanos y que inclusive trascienden la región para convertirse en la imagen de Latinoamérica para el resto del mundo.[1]
El libro ha conocido más de dieciséis ediciones en español y ha sido traducido al inglés, francés, italiano y portugués. El prólogo fue escrito por el pensador francés Jean-François Revel.[2] El epílogo por los treinta años de la publicación del libro, en 2006, corrió a cargo del analista político cubano Carlos Alberto Montaner.
Argumentos Centrales
La primera edición del libro fue publicada en París (19 de febrero de 1976), Caracas (3 de mayo de 1976), y en Nueva York (1977). La obra se desarrolla en ocho ensayos temáticos y un "Post Scriptum" escrito diez años después de esas primeras ediciones. Las posturas teóricas e ideológicas del libro causaron gran controversia en su momento. A principios de junio de 1976, ejemplares del libro fueron quemados públicamente en la Universidad Central de Venezuela.[3] El propio Rangel, en su "Post Scriptum" escrito diez años después de la primera publicación del libro, menciona a un crítico (sin nombrarlo) en Estados Unidos quien, señalando que el libro se imprimió en papel reciclado, dijo que "al menos los árboles se salvaron".[4] [5]
Al comentar sobre el incidente de la quema del libro en su programa de televisión (llamado entonces Lo de hoy), Rangel y su esposa Sofía Ímber, si bien condenaron la quema, destacaron que Venezuela era una democracia funcional y que se habían vendido más de 10 000 ejemplares del libro en tres meses, desestimando el evento como un incidente aislado, liderado por un profesor con unos pocos estudiantes. Rangel dijo que más preocupante era el hecho de que una editorial argentina dispuesta a lanzar el libro no pudo encontrar una imprenta dispuesta a imprimirlo por temor de asesinatos durante la violenta inestabilidad política de la dictadura del general Jorge Rafael Videla. En un programa posterior, Carlos y Sofía comentaban sobre una entrevista reciente con Manuel Fraga y cómo el libro estaba en "revisión de importación", Sofía lo calificó de "censura", antes de permitir su publicación en la España en transición posterior a Francisco Franco.[6][7] Posteriormente se publicaron ediciones impresas en ambos países. El libro ha tenido más de dieciséis ediciones en español y ha sido traducido al inglés, francés, italiano y portugués.

Fuera de Latinoamérica, el libro ha servido como referente para debates sobre desarrollo y democracia. Reconocidos académicos estadounidenses, como Lawrence Harrison[8][9]en 1984, han dedicado artículos al libro y a su relevancia para el debate sobre la Teoría de la dependencia.[10] Una columna del Baltimore Sun de 1994 sobre Emiliano Zapata invocó la crítica de Rangel al "buen revolucionario" para desafiar las visiones románticas de la reforma agraria.[11] Una retrospectiva en Business Vision en el 2015 describe a Rangel como "un crítico temprano y abierto del mito del buen salvaje que la izquierda promovía", situándolo junto a Mario Vargas Llosa y Octavio Paz en el linaje liberal de la región;[12] un artículo de opinión del JoongAng Daily de Corea del Sur en 2010 citó la obra al instar a confiar en las instituciones liberales por encima del nacionalismo populista.[13]
La influencia del libro abarca amplios intereses. El Centro Internacional para las Artes de las Américas (ICAA), del archivo de arte latinoamericano del Museo de Bellas Artes de Houston, incluye el libro entre los textos fundamentales para comprender el discurso poscolonial en las artes visuales.[14] En 2013 se presentó en Madrid, España, una exposición titulada "Del Buen Salvaje al Conceptual Revolucionario", reuniendo una colección de obras visuales y conceptuales por artistas de Brasil, Chile, Colombia, Suecia y Venezuela inspiradas en el libro de Carlos Rangel.[15][16] DBSBR y el legado de Rangel fueron el tema de una mesa redonda liderada por Marcel Granier en la convención anual de la Sociedad Mont Pelerin celebrada en la Ciudad de México en 2025. [17]
Álvaro Vargas Llosa argumenta que el texto de Rangel "sigue siendo más relevante que nunca" porque confronta "la tendencia de América Latina a encubrirse de victimismo"[18] mientras que Fundación Bases lo elogia como "uno de los mejores ensayos escritos en el último siglo" por exponer los costos del populismo anticapitalista.[19] Los académicos también atribuyen al ensayo el mérito de anticipar críticas posteriores al "socialismo del siglo XXI". Los análisis de la Brookings Institution [20] sobre la Venezuela de Hugo Chávez y los comentarios de Impunity Observer[21] sobre el autoritarismo regional hacen eco de la advertencia de Rangel de que culpar a Estados Unidos o al capitalismo global evade la responsabilidad local.
El libro es una referencia controversial para las críticas liberales clásicas del populismo.[22] Aunque elogiado por pensadores liberales como Jean-François Revel,[23] Carlos Alberto Montaner,[24] Loris Zanatta, y Mario Vargas Llosa,[25] fue atacado por muchos en la izquierda latinoamericana por socavar las narrativas antiimperialistas, y algunos lo llamaron un panfleto reaccionario.[26] Para algunos críticos, el libro de Rangel es la antítesis del libro Las venas abiertas de América Latina publicado en 1971 por Eduardo Galeano, un ícono de la izquierda latinoamericana. [27][28]
Las cinco introducciones principales del libro —de J.F. Revel (1976), C.A. Montaner (2006), C.J. Rangel (2019), L. Zanatta (2023) y C. Granés (2024)— identifican las tres narrativas culturales e ideológicas centrales que Rangel dice impulsan el autoritarismo y el subdesarrollo: la idealización del "buen salvaje" precolombino, el rechazo generalizado al liberalismo occidental —en particular al estadounidense— y la creencia de que la revolución conduce inevitablemente a la justicia. Para Rangel, estas ideas, matizadas con interpretaciones marxistas, sentimiento antiestadounidense y discurso moralista, han obstaculizado el progreso de la región hacia la democracia liberal y el Estado de derecho.[29]
El argumento principal de Rangel es que, a pesar de las diferencias ideológicas, la mayoría de los regímenes políticos latinoamericanos —de izquierda o derecha, civiles o militares—convergen en un núcleo antiliberal que ha resultado en una persistente veta autoritaria. Sin embargo, el autor también encuentra un fuerte potencial para el liberalismo político que, según él, cuando ha aflorado, ha dado lugar a democracias (imperfectas) que coinciden con los períodos más prósperos de la región. Jean-François Revel denomina a esto la «Ley de Rangel», que expresa así: «Cada vez que el pueblo, personas reales, vota libremente en elecciones no manipuladas, elige soluciones moderadas, partidos de centroderecha o de centroizquierda. El legendario extremismo latinoamericano es un fenómeno elitista. Los intelectuales, militares, fascistas y revolucionarios que han luchado por el poder durante siglos, con fusiles y retórica encendida, son oligarquías opuestas, ansiosas por satisfacer sus ansias de dominación (por no hablar de sus apetitos financieros)».[30]
Contraargumentos a Del buen salvaje al buen revolucionario

Unos meses después del fallecimiento de Carlos Rangel, Manuel Caballero, académico e historiador venezolano, escribió una profunda crítica del libro (y al legado de Carlos Rangel) en un ensayo titulado “Para una radiografía del pensamiento reaccionario”, en el que argumenta que DBSBR es un texto polémico, con una fuerte carga ideológica, que caricaturiza a la izquierda latinoamericana y que carece de rigor académico.[31] El propio Rangel nunca calificó el libro como un tratado académico, sino solo como un extenso ensayo de opinión que intenta diagnosticar un problema, no una solución prescriptiva.[32]
Quizás en respuesta a las primeras críticas contemporáneas sobre el enfoque poco académico de su extenso ensayo, Rangel se aseguró de que su edición en inglés, publicada un año después de la primera edición en español, incluyera numerosas referencias citadas, las cuales Caballero desconocía, por confirmar en su ensayo de 1988 haber releído la edición original de 1976 en español. En ediciones posteriores a partir del 2022 se incorporaron las referencias incluidas en la primera y segunda edición en inglés y referencias adicionales, basadas en menciones identificadas dentro del libro.
El desafío clave de Caballero, tanto a Rangel en general como al libro mismo, se enfoca sobre una afirmación que hace Jean-François Revel, en el prefacio del tercer libro, póstumo, de Rangel: Marx y los socialismos reales y otros ensayos. Allí Revel dice que Rangel era un intelectual sincero en constante búsqueda de la verdad y el desenmascaramiento de mitos.[33] Además, Caballero argumenta que la obra de Rangel simplifica realidades complejas y utiliza la "verdad" como arma retórica porque, según Caballero, la verdad no puede estar desprovista de contexto, ideología y perspectiva histórica, una perspectiva sartreiana de "Billancourt", la cual Rangel confronta directamente en su tercer libro como parte de su argumento sobre la responsabilidad del intelectual con la sociedad. Según Caballero, a menos de que la verdad se ajuste a su contexto, se convierte en una retórica de afirmación transformada en dogma, y el uso que Rangel hace de la verdad como dogma conduce a una visión del mundo similar al estalinismo, un mundo binario simplista de contrastes entre barbarie versus civilización, racionalismo versus revolución, capitalismo versus comunismo, desarrollo versus subdesarrollo, etc.
El contraargumento de Caballero, y de la intelectualidad de izquierda en aquel momento, se centra sobre la afirmación por Rangel como verdad incontrovertible de que Latinoamérica permanece en atraso y subdesarrollo. La pregunta de Caballero (y de los críticos de Rangel) es “¿Atraso y subdesarrollo en relación con qué?” aseverando que el ejemplo de los Estados Unidos no es el modelo a seguir.[31]
Si bien Caballero descarta a Del buen salvaje… y lo califica como un panfleto reaccionario que utiliza acrobacias retóricas para exponer su argumento, sus escritos posteriores, como “En la oposición, como siempre” (1998),[34] y su firme oposición a Hugo Chávez a partir de 1992 reflejan un giro que se aproxima a la crítica de Rangel a falsedades ideológicas.
A lo largo de las décadas, los comentaristas liberales han tratado el libro como un contra-canon a la literatura de la teoría de la dependencia que dominó la década de 1970, personificada en Las venas abiertas de América Latina (1971) de Eduardo Galeano.[35] La revista británica Business Vision destacó en 2015 que, mucho antes de que Mario Vargas Llosa alcanzara notoriedad internacional, el verdadero némesis de Eduardo Galeano había sido el diplomático y filósofo venezolano Carlos Rangel, “un crítico temprano y abierto de la tendencia de la izquierda a revestirse con el manto de la victimización”[12] En su libro, Galeano argumentó que el subdesarrollo de la región era resultado directo de la explotación colonial histórica, que evolucionó hacia la explotación imperialista por parte de potencias capitalistas extranjeras o élites capitalistas locales. Mucho más tarde, sin embargo, Galeano se distanció de su propio libro. Durante la II Bienal do Livro e da Leitura en Brasilia, en abril de 2014, declaró en una conferencia de prensa: «No podría volver a leer [Venas Abiertas…]. Me desmayaría. Para mí, esa prosa tradicional de izquierda es extremadamente tediosa. Mi cuerpo no la soportaría. Terminaría en el hospital… Intentó ser una obra de economía política, pero yo carecía de la formación necesaria».[36][37][38]
Temas principales
Académicos y centros de investigación han identificado los siguientes temas principales abordados por Rangel:[39][40][41][42][43][44]
La objeción al mito del “buen salvaje”
El principal mito que Rangel busca desacreditar es lo que él identifica como una adaptación del mito del buen salvaje y la Edad de Oro —mitos del Viejo Mundo— en la que los indígenas latinoamericanos eran buenas personas que fueron corrompidas por su “encuentro” con la sociedad occidental. Este mito (tan antiguo como los ensayos de Montaigne,[45]) argumenta que los valores occidentales han sustituido/destruido los valores “nobles” originales y que será necesario restaurarlos mediante revoluciones, separando a América Latina de Occidente para restablecer una identidad perdida y distinta a la occidental.
Según Rangel, esta mitología sería el resultado de un proceso compensatorio ante el fracaso histórico de las naciones hispanoamericanas frente al progreso de las naciones europeas y norteamericanas, que en algunos casos partían de las mismas o peores condiciones. Transformar una sociedad anterior en otra requiere tiempo, y las sociedades mesoamericanas y sudamericanas tienen el reto de lograrlo.
Rechazo del victimismo latinoamericano
El autor utiliza en su libro análisis históricos, psicológicos y filosóficos para desarrollar sus argumentos de autosuficiencia. Rangel no niega que Latinoamérica haya sufrido abusos a lo largo de la historia; lo que rechaza es el victimismo nacionalista que atribuye toda la culpa del subdesarrollo a otras naciones y la existencia de una identidad latinoamericana distinta a la de Occidente.
Crítica al «buen revolucionario»
Para Rangel, la visión errónea de América Latina, tanto externa como interna, es decir, víctima del mundo desarrollado o de las clases pudientes ha forjado un personaje tipo, el "noble revolucionario", que promueve el populismo, el proteccionismo, el nacionalismo, el caudillismo y el autoritarismo como solución para la región "en venganza" por los abusos sufridos bajo el dominio del Occidente. Cualquier exceso o arrebato violento temporal debe ser excusado en nombre de su "noble causa," la revolución.
Para el autor, la revolución, el populismo y la idolatría del Estado del "noble revolucionario" latinoamericano no son más que la continuación de una herencia (defectuosa) forjada en las sociedades precolombinas, el período colonial y las repúblicas fratricidas del siglo XIX. Bajo su argumento, estas "nobles revoluciones" no corregirían, sino que agravarían dicha herencia. En su “Postscriptum” (escrito 10 años después de la primera edición) sostiene que la verdadera revolución en América Latina sería crear democracias liberales libres del peso de esa herencia autoritaria que ha impedido a la región desarrollar su potencial.
Defensa del Occidente: La América Española
Carlos Rangel defiende los valores occidentales, odiados por los "nobles revolucionarios", los cuales, según el libro, son culpados de manera insensata por los males de las naciones hispanoamericanas. Para el autor, la solución al estancamiento de Latinoamérica —que Rangel prefiere llamar América Española— reside en el acercamiento a Occidente, del que verdaderamente forma parte, a través del liberalismo y sus valores favorables a la soberanía individual, la igualdad ante la ley, la propiedad privada y la libertad sin adjetivos. Afirma este tema del libro que estas condiciones son las que conducen a la prosperidad de las naciones, ejemplificado por la sociedad occidental.
Estructura y Contenido
Carlos Rangel inicia su ensayo con una tesis contundente: América Latina, hasta ahora, ha sido un fracaso. Este juicio generalizado se basa en dos fuentes emblemáticas, distantes geográfica y temporalmente: el lamento de Simón Bolívar de principios del siglo XIX y la crítica de Carlos Fuentes del siglo XX a una modernidad que nunca llegó del todo.[46][47] Rangel argumenta que América Latina se ha sido persistentemente malinterpretada por sí misma y por el mundo exterior. Tras intentos fallidos de emular a las naciones prósperas, la región se ha aferrado a mitos reconfortantes para justificar su estancamiento en lugar de tomar medidas correctivas contundentes. Estos mitos, si bien satisfacen emocionalmente, obstaculizan una reforma genuina. La pregunta fundamental que impulsa el libro, enunciada en la introducción, es: ¿por qué la América Latina no ha tenido tanto o más éxito que la América del Norte en el mismo o mayor período histórico?
Dividido en capítulos temáticos, el libro examina:[48]
El origen de los mitos de la identidad latinoamericana (Capítulo 1)
En este capítulo inicial, Rangel analiza el origen y la función política de dos mitos influyentes en Latinoamérica: el idealizado "buen salvaje" y su descendiente moderno, el "buen revolucionario". Sostiene que ambos son proyecciones romantizadas nacidas en Europa, posteriormente importadas e internalizadas por las élites latinoamericanas para racionalizar el subdesarrollo, rechazar la democracia liberal y abrazar ideologías autoritarias. Su tesis es que la identidad fundacional de Latinoamérica se forjó a partir de fantasías del Viejo Mundo. Jean-François Revel centra su prólogo en este aspecto del libro.
La relación ambivalente de Latinoamérica con los Estados Unidos (Capítulo 2)
Este capítulo explora las dinámicas históricas, culturales e ideológicas entre América Latina y Estados Unidos, cuestionando las narrativas dominantes de victimización e imperialismo. Si bien no exime a Estados Unidos de usar poder abusivo para promover sus intereses (e ilustra esto con múltiples ejemplos históricos), Rangel traza una genealogía matizada, a menudo incómoda, de percepciones mutuas que postula erradas. De esta manera argumenta que el rechazo de América Latina a Estados Unidos se debe menos a una verdadera opresión imperialista que a la envidia, la culpa y la proyección de sus fallas internas sobre una potencia exterior. Rangel enfatiza la cómoda seducción del antiamericanismo y advierte sobre sus consecuencias a largo plazo para la libertad y la democracia en la región.
En la segunda edición en inglés publicada por Transaction Publishers (1987), Rangel añadió una sección a este capítulo, para reflejar los eventos en Nicaragua y los primeros años de la administración Reagan. Este añadido se incorpora a ediciones posteriores a partir de la edición digital de CEDICE del 2022,
La distinción entre ideales heroicos y normas institucionales (Capítulo 3)
En entrevista en televisión describiendo el libro, Rangel dice sobre este capítulo: “habla de cómo en América Latina tenemos el mal hábito de exaltar a personajes como Perón y denigrar de personajes como Sarmiento”.[49] El capítulo explora cómo en la región se glorifica la rebelión y el heroísmo personal por encima del orden institucional y el estado de derecho. Tomando como ejemplos a Bolívar, Perón y otros, Rangel destaca la existencia de un patrón cultural de valorar a líderes carismáticos que desafían la institucionalidad en nombre de la justicia. El resultado es una persistente mitificación de la disrupción política (revolución). La verdadera democracia liberal, argumenta, requiere pasar de las narrativas heroicas a la normalidad constitucional. Desarrolla la idea de que la glorificación de figuras revolucionarias y "héroes" nacionales socava la creación de una sociedad basada en normas. La cultura política latinoamericana ha favorecido históricamente la autoridad personalista por encima del desarrollo institucional, reemplazando los ideales republicanos por mitologías cargadas de emotividad, de traición y de redención.
Romanticismo ideológico nacionalista y racial (Capítulo 4)
Rangel inicia este capítulo explorando la dicotomía fundamental del pensamiento político latinoamericano —civilización versus barbarie—, tal como la articuló Sarmiento.[50] Critica la idealización del mundo indígena y rural como moralmente superior, sugiriendo que esta inversión de valores sustenta gran parte de la retórica política antioccidental y antimoderna en la región. Advierte que esta dicotomía mítica ha obstaculizado el desarrollo de la democracia liberal y las instituciones de mercado, y es la raíz de lo que él llama «telurismo», una adopción del pasado ancestral de un territorio por parte de los recién llegados (pp. 236-237 en la ed. CEDICE, 2022). Esta persistente valorización en Latinoamérica de la «barbarie» como algo puro y originario, por encima de la «civilización» como algo corrupto y ajeno, impide el progreso de la región hacia normas democráticas liberales. También aborda el racismo latente, persistente y pernicioso en la sociedad latinoamericana, cuyas raíces se remontan a la época colonial.[51]
El atractivo imperecedero de la teoría revolucionaria marxista (Capítulo 5)
Este es el capítulo más largo y denso de Del buen salvaje al buen revolucionario. Explora cómo las ideas marxistas, tanto clásicas como leninistas, fueron malinterpretadas, mal aplicadas o manipuladas de manera oportunista en Latinoamérica. El tono de Rangel es polémico pero académico, investigando las raíces de la ideología marxista en la región y mostrando cómo su adaptación local apoyó una cultura política victimista. El epílogo de Montaner a la edición del 30 aniversario y, posteriormente, Granés en la edición Chilena (2024) centran gran parte de sus comentarios sobre este aspecto del libro.
Rangel critica la narrativa de la "ideología del Tercer Mundo", presentándola como una mitología conveniente que encubre el autoritarismo y la mala gestión económica. Su segundo libro, El Tercermundismo, explora este tema aplicado a la rivalidad hegemónica mundial entre Estados Unidos y la URSS, manifestada como la Guerra Fría, rivalidad con consecuencias en el panorama geopolítico hasta la actualidad.[52] En una entrevista sobre DBSBR, Rangel sostiene que el marxismo de alguna manera suplantó al catolicismo para satisfacer las necesidades de una creencia redentora, por lo que este capítulo da paso al siguiente, sobre la Iglesia Católica en América Latina.[53]
La politización de la Iglesia católica (Capítulo 6)
En este capítulo, Carlos Rangel explora el complejo y ambivalente papel de la Iglesia Católica en la historia latinoamericana. Lejos de ser una institución puramente espiritual, argumenta Rangel, la Iglesia fue un actor político fundamental en la formación de la América Latina colonial y republicana. Sirvió como pilar ideológico y herramienta administrativa del imperialismo español y posteriormente se adaptó a los discursos liberales y marxistas modernos, a menudo contradiciendo sus propias tradiciones. Rangel traza la transformación de la iglesia desde la omnipotencia a la marginalización, y posteriormente a la renovación política a través de la Teología de la Liberación. Desafía el romanticismo imperante en torno al papel social de la Iglesia, postulando en cambio su profunda complicidad con el autoritarismo y su inconsistencia intelectual. En la edición italiana de 2024 publicada por el Instituto Bruno Leoni, la introducción de Loris Zanatta se enfoca sobre este aspecto del libro.[54]
Distorsiones culturales profundamente arraigadas en torno a la propiedad, el trabajo y la historia (Capítulos 7 y 8)
En un ensayo de dos partes titulado "Verdades Incómodas", Carlos Rangel pasa de criticar los mitos ideológicos externos a confrontar los que identifica como los autoinfligidos y arraigados en la cultura política y la sociedad latinoamericanas. En estas secciones, el autor busca enumerar mitos que a su parecer distorsionan las realidades de la América Latina contemporánea. Argumenta que el nacionalismo romántico, el intelectualismo antiliberal y la dependencia del victimismo colectivo de la región, se han convertido en barreras para la libertad, la justicia y la gobernanza democrática.
A lo largo de ambos capítulos, Rangel desmitifica narrativas fundamentales como la glorificación del modelo socialista inca, la cantidad original de la población indígena en el continente, la noción del excepcionalismo racial o moral, y la caracterización del Estado como un patrón benevolente. Expone que el populismo, el indigenismo y la ideología del tercer mundo distorsionan las políticas y perpetúan la dependencia. En la raíz de todo esto se encuentra una negativa generalizada a aceptar la responsabilidad individual y la evasión de la verdad, tanto histórica como institucional. Su mensaje es intransigente: a menos que los latinoamericanos rechacen estos mitos y adopten una cultura de responsabilidad, razón y valores liberales universales, permanecerán atrapados en un ciclo de subdesarrollo, gobierno autoritario y autosabotaje intelectual.
Los patrones estructurales del poder político, incluyendo caudillismo y populismo militar
En las ediciones en francés e inglés, esta sección se presenta en un solo capítulo (Capítulo 9: "Las formas del poder político en América Latina"). En la edición original en español y las ediciones posteriores basadas en ella, se presenta en tres capítulos (Capítulos 9-11).
En este ensayo de tres partes, Carlos Rangel deconstruye los modelos imperantes de poder político en América Latina, argumentando que el autoritarismo persistente y los sesgos antiliberales de la región no son el legado de la interferencia externa, sino de continuidades culturales e institucionales propias. Desde caudillos militares carismáticos hasta populistas civiles mesiánicos, el Estado latinoamericano ha sido repetidamente un facilitador del clientelismo, paternalismo y control centralizado. El experimento democrático liberal, aunque se ha intentado en diversos contextos, ha sido frágil y, a menudo, efímero. Para desglosar el contenido de esta sección se divide el ensayo en las tres partes presentadas en la edición en español.
Capítulo 9, las formas del poder político latinoamericano (1) identifica arquetipos claves del poder: el caudillo, la presidencia consular, el partido-Estado militarizado y movimientos como el peronismo que perpetúan la dependencia y el infantilismo político.
Capítulo 10, las formas del poder político latinoamericano (2) presenta las excepciones a la regla: los esfuerzos democráticos en Venezuela bajo el gobierno de Rómulo Betancourt y la experiencia chilena bajo el gobierno de Eduardo Frei. Pero incluso estos se presentan como tenues, a menudo saboteados por el dogma marxista-leninista y el oportunismo populista. Examina con más detalle el fallido experimento de Salvador Allende (1970-1973) y lo caracteriza como un fracaso paradigmático del socialismo democrático marxista en América Latina, argumentando que el intento de Chile de transitar al socialismo por medios legales y democráticos —aclamado por muchos en la izquierda internacional— finalmente resultó en polarización política, colapso económico y conflicto civil. El Chile de Allende sirve para Rangel como una advertencia sobre lo que sucede cuando el utopismo ideológico anula los límites institucionales y la realidad económica.
Capítulo 11, las formas del poder político latinoamericano (3) analiza el llamado "modelo peruano" de reformismo militar y control de los medios, y finaliza con una advertencia sobre el surgimiento de hombres fuertes tecnocráticos o pseudo-progresistas, "los últimos caudillos consulares", que utilizan herramientas modernas para reprimir a la disidencia mientras conservan el poder autocrático.
Retrospectiva: "Post Scriptum"
En una "Posdata". que titula “Post Scriptum”, escrita diez años después, Rangel reafirma los peligros de las utopías populistas y la resistencia de América Latina a la modernidad liberal. En este epílogo ratifica su tesis central en DBSBR: que la disfunción de la región no se deriva de la opresión externa, sino de mitos internalizados que excusan el autoritarismo, el subdesarrollo y el rechazo a la democracia liberal. Argumenta que, a pesar de algunos avances, la región sigue en gran medida atrapada en los mismos callejones sin salida ideológicos engendrados por lo que él había definido como las "mentiras constitucionales" de Octavio Paz. La persistencia de la retórica marxista, el resurgimiento del caudillismo bajo nuevas apariencias. y una élite intelectual que desprecia las instituciones liberales siguen inhibiendo la verdadera modernización política y económica.[55]
Diez años después, Rangel sigue convencido de que la resistencia cultural e intelectual de Latinoamérica al liberalismo clásico, a menudo encubierta por mitificación y retórica nacionalista, marxista o religiosa, es la principal barrera para el progreso. En una entrevista en 1976 Rangel seleccionó para leer un epígrafe que había incluido en el libro, que resume no solo este libro, sino también su visión general sobre la verdad y la falsedad que afectan la retórica política y personal, tal como desarrollará en sus libros y su carrera posteriores. Citando en la entrevista a El laberinto de la soledad de Octavio Paz, lee: “La mentira se volvió casi constitucional en nuestros países. El daño moral ha sido incalculable y ha calado hondo en nuestro ser; nos movemos fácilmente en la falsedad. Por lo tanto, la lucha contra la mentira oficial y constitucional debe estar en la raíz de cualquier reforma seria en América Latina”. Doce años después, en 1988, Jean François Revel, al escribir el prefacio del libro póstumo de Rangel, lo describió como un intelectual siempre en busca de la verdad.[56][57][58]
Historia de publicación
El libro se publicó por primera vez en francés (19 de febrero de 1976) a instancias de Jean-François Revel. En una entrevista con motivo de la publicación del libro en el programa de televisión Lo de hoy en 1976, Rangel relata que, tras conocer a Jean-François Revel en Caracas en 1974, compartió con él algunos escritos. Posteriormente, Revel lo instó a escribir un libro sobre Latinoamérica y se lo propuso a Robert Laffont, presidente de la editorial homónima francesa, lo que dio lugar a que la edición francesa fuese publicada en París algunas semanas antes de su lanzamiento en Caracas el 3 de mayo de 1976. Para explicar el título, contrastó el mito europeo del "buen salvaje" con el mito latinoamericano del "buen revolucionario", vinculando ambos con ideas de redención. Concluye en la entrevista que el mito había cobrado tanta fuerza que incluso grupos guerrilleros modernos, como los Tupamaros uruguayos, adoptaban su simbolismo a través de figuras como Túpac Amaru.[59][60]
Mientras que todas las ediciones en otros idiomas mantuvieron el mismo título, traducido, las ediciones en inglés fueron retituladas Los latinoamericanos: su relación de amor-odio con los Estados Unidos (The Latin Americans: Their Love-Hate Relationship with the United States). El título original se modificó para la edición en inglés, publicada en 1977 por Harcourt Brace Jovanovich bajo el sello editorial Kurt Wolff. En un artículo contemporáneo en The New York Times, Helen Wolff no abordó explícitamente este cambio de título, pero, al incluir el libro de Rangel en una lista de publicaciones destacadas en su próximo catálogo, comentó que el título —Los latinoamericanos: su relación de amor-odio con Estados Unidos— reflejaba un enfoque novedoso y potencialmente atractivo para los lectores estadounidenses, en contraste con el tono más acusador de muchas obras latinoamericanas contemporáneas sobre Estados Unidos.[61]
Durante un evento que celebraba el 40 aniversario del libro, uno de los oradores invitados, Russ Dallen, antiguo propietario del Caracas’ Daily Journal y posteriormente dueño y editor del Latin American Herald Tribune, señaló que esta discrepancia al principio lo había confundido. Siendo Miembro Académico (Fellow) de la Universidad de Columbia en Nueva York, se había topado con un libro llamado The Latin Americans… que, para él, fue un libro que transformó su carrera. Más tarde, viviendo en Caracas, dijo que se sorprendió al darse cuenta de que el libro que todos sus nuevos conocidos le recomendaban para comprender su nuevo país de residencia era el mismo que había leído años atrás en la universidad.[62] Años más tarde, Carlos J. Rangel, hijo del autor, al presentar una nueva traducción italiana del libro en el Instituto Bruno Leoni, en Milán en 2023, se refirió a ese incidente, sugiriendo que, si bien pudo haber sido una decisión editorial de la estadounidense Helen Wolff, la doble denominación refleja la lectura multidimensional del libro que Carlos Rangel, el autor, pareció haber acogido con agrado.[63]

