Desarrollo de la personalidad
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La personalidad se basa en las cualidades y rasgos que define y hace única a cada persona.
Se cree que los rasgos de personalidad de los adultos originan del temperamento infantil, es decir, las diferencias individuales relacionadas con la disposición y el comportamiento aparecen en una etapa temprana de la vida, probablemente incluso antes de que se desarrolle el lenguaje o la autorepresentación consciente. El modelo de personalidad de los cinco grandes concuerda con las dimensiones del temperamento infantil, lo cual insinúa que las diferencias individuales en los niveles del modelo de los rasgos de los “Cinco Grandes” (neuroticismo, extroversión, apertura a las nuevas experiencias, amabilidad y responsabilidad) están presentes desde edades tempranas.
A pesar de que no hay una respuesta absoluta para esta pregunta, investigadores del tema, señalan que los cuatro factores que inciden en el desarrollo de la personalidad. Factores biológicos, como la genética, la evolución, la forma particular en un funcionamiento del cerebro y la manera en incide el comportamiento.
Se ha propuesto una perspectiva evolutiva, la cual se basa principalmente en el proceso de la selección natural para explicar las variantes en la personalidad humana y la individualidad. Desde esta perspectiva, la evolución introdujo variaciones de la mente humana y la selección natural eligió aquellas que resultaban más beneficiosas y que conllevaban una mayor idoneidad. Debido a la complejidad humana, varios de los rasgos de personalidad opuestos entre sí demostraron ser beneficiosos de diferentes maneras.
La perspectiva evolutiva rastrea el origen de la personalidad y la individualidad desde que los primeros humanos recién aprendían a funcionar en grupos sociales complejos. Varios especialistas de diferentes áreas concuerdan con que los primeros humanos se veían a sí mismos como parte del grupo del cual formaban parte, en vez de individuos con personalidades independientes. En cuanto a la personalidad en aquellos tiempos, todo el grupo era idéntico. Un miembro del grupo se asociaba a sí mismo como una parte más de la tribu y, por lo tanto, la responsabilidad recaía en el grupo y no en el individuo. Kropotkin explicó la importancia de esto al señalar que la humanidad alcanzó el extraordinario nivel que posee hoy gracias al hombre primitivo que identificaba su existencia con la de su tribu. Un pequeño paso de diferenciación que luego condujo a la personalidad y al individualismo fue la división del trabajo. Esta diferenciación se volvió adaptativa ya que aumentó la funcionalidad de los grupos. Los primeros humanos continuaron desarrollando su personalidad e individualismo según su grupo y las interacciones sociales que tenían. La vida individual, y por lo tanto la individualidad y la personalidad, surgieron esencialmente de la vida colectiva.