Desembarco de Kagoshima
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El desembarco de Kagoshima fue la llegada del jesuita español San Francisco Javier en el año 1549, con la misión de predicar el cristianismo entre el pueblo japonés. Se lo considera una de las primeras relaciones conocidas entre España y el país nipón.
Extensión del cristianismo por tierras japonesas
En abril de 1549, San Francisco Javier partió de la zona de la actual India llegando el día de la Asunción a Japón junto a su expedición. Desembarcaron en Kagoshima, donde las autoridades niponas no les pusieron ninguna traba. A partir de ese momento, San Francisco decidió aprender un poco de japonés para poder traducir una sencilla exposición de la doctrina cristiana que posteriormente se dedicó a repetir a todos los que quisieran escucharle, convirtiendo así alrededor de un centenar de japoneses al cristianismo, e incluso descubriendo que algunas de las enseñanzas de su religión coincidían con el pensamiento budista de la mayoría de la población.
El religioso español obtuvo un permiso para predicar su fe religiosa en el país, donde pasaría dos años y tres meses en total, hasta poco antes de su muerte en 1552.
En julio de 1550, Francisco Javier decidió trasladarse a Hirado por primera vez junto a sus acompañantes, el padre Cosme de Torres y al misionero Juan Fernández después de oír la noticia de la llegada de un barco portugués a la isla un mes antes.

Así pues, la misión evangelizadora en Kagoshima quedaría en manos de Anjirō, el primer cristiano converso japonés de la historia (también conocido como Yajirō y posteriormente como Paulo de Santa Fé), al que Francisco Javier había conocido en lo que hoy es Malasia. Regresaría a Japón tras un encuentro con San Francisco Javier en 1549.
Las crónicas de los jesuitas cuentan que en apenas 20 días de misión evangelizadora en Hirado, San Francisco Javier logró reunir a más fieles de los que obtuvo en Kagoshima durante un año entero. Se cree que la misma misión evangelizadora debió tener éxito ya que Francisco Javier decidió poco después partir a Kioto para pedir una audiencia ante el emperador de Japón, en aquel entonces el Emperador Go-Nara, en busca de un permiso más amplio para poder predicar el cristianismo en todo el territorio japonés.
Poco después de su marcha a Kioto, en torno a enero de 1551, se construyó la primera iglesia de Japón en Hirado, cuyos restos hoy descansan en el parque Sakigata.
Tras su marcha, la misión evangelizadora en Hirado quedaría a cargo del padre Cosme de Torres. En la antigua capital, Kioto, sin embargo, San Francisco Javier y sus acompañantes quedarían decepcionados por la falta de poder real del emperador, por lo que volverían a Yamaguchi.
Allí se les permitió utilizar un templo budista abandonado para vivir y predicar el cristianismo en ese lugar durante varios meses. La historia dice que lograron convertir en fieles cristianos a más de 500 japoneses entre marzo y septiembre de 1551, aunque San Francisco Javier también tendría tiempo para regresar por tercera y última vez a Hirado en abril de 1551, visita que tuvo relación con la construcción de la primera iglesia en territorio japonés.
