Desfiladero de La Hermida
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El desfiladero de La Hermida es un conjunto de angostas gargantas del macizo de Ándara que confluyen en la principal, formada por el cauce del río Deva,[1][2] que discurre entre grandes paredes casi verticales de roca caliza,[3] algunas de más de 600 metros de altura. Sus 22 kilómetros de longitud hacen de este desfiladero el más largo de España.[4]
| Desfiladero de La Hermida | ||
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Vista parcial del desfiladero desde el mirador de Jozarcu en Cantabria | ||
| Situación | ||
| País |
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| Comunidad |
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| Ciudad cercana | Potes | |
| Coordenadas | 43°15′52″N 4°37′24″O | |
| Datos generales | ||
| Grado de protección | ZEPA | |
| Longitud | 22 km | |
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Ubicación en España. | ||
Características físicas

Este profundo paso se extiende entre la localidad asturiana de Panes y la villa cántabra de Castro Cillórigo, atravesando un territorio de gran valor paisajístico.[5] Se localiza entre el sector occidental de Cantabria, en los términos municipales de Lamasón, Cillorigo de Liébana, Peñarrubia y Tresviso, y el municipio asturiano de Peñamellera Baja.
El desfiladero ha sido modelado por la acción erosiva del río Deva, que nace en antiguo circo glaciar de Fuente Dé, al pie del macizo central del parque nacional de los Picos de Europa. La combinación de abruptas paredes calizas y vegetación de matorral típico mediterráneo genera un entorno de gran contraste y espectacularidad. Se trata de un paso estrecho y tortuoso entre altas paredes rocosas, cuya cima no es visible desde el fondo del desfiladero, lo que refuerza su carácter encajado.[5]
Representa el único corredor de entrada desde la costa del Cantábrico a la comarca de Liébana, en Cantabria, al discurrir por él la estrecha carretera N-621. Toma su nombre de La Hermida (Peñarrubia), población cántabra que atraviesa.
Valor paisajístico
En conjunto, el desfiladero de la Hermida constituye un ejemplo destacado de interacción entre procesos naturales, aprovechamiento histórico de los recursos y adaptación de las infraestructuras a un medio geográfico complejo.
Se considera un paraje de gran singularidad y belleza, estando un importante sector de este de 6350 hectáreas de extensión catalogado como zona de especial protección para las aves (ZEPA).[6] [7]
Durante el siglo XIX, el desfiladero fue concurrido por viajeros, exploradores, montañeros, escaladores y cazadores británicos que lo tomaban para llegar a Picos de Europa. Por este motivo, aparece descrito e incluso dibujado en grabado en muchos libros de la época, como por ejemplo en The Highlands of Cantabria (Ross, M.; y Stonehewer-Cooper, B.; 1885).[8]
Fauna y flora

Lo abrupto de las laderas que cierran el desfiladero determinan la escasez de vegetación en las mismas, aunque en el fondo de la garganta abundan diferentes especies arbóreas, entre las que destacan las encinas, dispersas tanto por el lado cántabro como por el asturiano.[7][9] También crecen en el desfiladero los alcornoques, cuyas arboledas están mezcladas con otras típicas de bosque atlántico, hayas y robles. Estas arboledas y bosques se complementan con una vegetación de alta montaña en las zonas más altas.[10] Un bosque de robles puede encontrarse cerca de Lebeña.[11]
Entre la fauna son comunes los rebecos, buitres y águilas, destacando la presencia de exiguas comunidades de urogallos y el avistamiento ocasional de osos pardos, ambos en peligro de extinción en la península ibérica.[10]
Poblamiento

En el desfiladero se encuentran las siguientes poblaciones, organizadas según las atraviesa el desfiladero en su dirección principal norte-sur:
- Panes (Asturias)
- Urdón (Cantabria)
- La Hermida (Cantabria)
- Caldas (Cantabria)
- Linares (Cantabria): situado sobre un collado que domina el desfiladero.
- Allende (Cantabria)
- Lebeña (Cantabria): pueblo donde se encuentra la iglesia mozárabe de Santa María de Lebeña.
La carretera N-621 no pasa por todas estas localidades: mientras unas se encuentran en el borde del río, otras se retrotraen a las empinadas laderas. La mayor concentración de población se da en el municipio asturiano de Peñamellera Baja, en torno a Panes, donde el desfiladero se abre en un valle. En la parte cántabra el desfiladero es muy angosto, con apenas espacios de aprovechamiento agrario, encontrándose escasamente poblado.
Historia
El desfiladero comunica de manera natural con la ría de Tina Mayor, frontera entre la costa occidental de Cantabria y la oriental de Asturias, con la comarca cántabra de Liébana, en el macizo Occidental de los Picos de Europa.
En los collados que se asoman al desfiladero existen restos de estructuras tumulares megalíticas, en posiciones de atalaya sobre el curso del Deva,[3] así como pinturas prehistóricas de más de 20 000 años de antigüedad.[12] A partir de las descripciones de Pomponio Mela, algunos autores contemporáneos han deducido la existencia en época de los pueblos cántabros de una posible población castreña en él.[13]
Durante el siglo XIX, el río Deva desempeñó un papel relevante en el transporte de madera procedente de los montes lebaniegos. Los troncos eran arrastrados por la corriente río abajo, aunque muchos no alcanzaban su destino o sufrían daños durante el trayecto.[5]

Entre 1806 y 1807 se exportaron desde Liébana hasta Panes, a través del río, grandes cantidades de madera de roble, mucha de la cual se destinaba a la construcción de buques para la Armada. Asimismo, en el curso del río Urdón —afluente del Deva— se estableció una central hidroeléctrica, reflejo del aprovechamiento energético del entorno.[5]
La construcción de una carretera a través del desfiladero, la actual N-621, supuso una notable dificultad técnica debido a las características del terreno. El ingeniero Benigno Arce, director de la minas de Ándara, dirigió en 1860 las obras del camino carretero que unía La Hermida con Ándara, con el objetivo de facilitar el transporte de mineral.[5]
El trazado permitió trasladar el mineral de cinc desde las minas de Ándara hasta los hornos de El Dobrillo, y posteriormente hasta Unquera mediante embarcaciones fluviales, aprovechando la navegabilidad del río en ciertos tramos. Las obras implicaron voladuras que modificaron el cauce, originando parte de las formaciones rocosas visibles en la actualidad. Los puentes del desfiladero conservan inscripciones que indican que la carretera era ya transitable en 1864, tras un proceso iniciado en 1806, lo que supone un periodo total de ejecución de 58 años.[14][5]
La apertura de esta ruta supuso la comunicación de una región con riquezas mineras (Liébana y el propio desfiladero) con otra industrial. Previamente se habían dado dos pasos que condujeron a esta unión; por un lado el asentamiento en Reocín de la Real Compañía Asturiana de Minas, y por otro la entrada de capital francés y belga ante el interés por los recursos mineros del desfiladero y otras zonas cercanas. El nuevo camino supuso una mejora para el traslado de minerales a través del desfiladero, vía que ya se utilizaba para este fin desde finales del siglo XVIII.[15]
El desfiladero en la cultura
Además de las extensas descripciones que le dedicaron varios autores ingleses en la segunda mitad del siglo XIX, el desfiladero aparece en diversas pinturas. Concretamente, fue pintado por Carlos Haes (cuadro El desfiladero de la Hermida en Calizas) por su relieve, pues Haes tenía interés en la corriente geológica de la pintura paisajista.[16]
El escritor español Benito Pérez Galdós destacó su carácter impresionante, describiéndolo como un lugar donde la estrechez del paso y la verticalidad de las paredes generan una sensación envolvente.[5]