El Registro de Estado Civil fue creado en 1879 durante el gobierno de facto de Lorenzo Latorre, en el período conocido como el militarismo. Su creación respondió a la necesidad de dotar al Estado de instrumentos administrativos modernos que permitieran registrar de manera sistemática la información vital de la población.
La creación del organismo se inscribe en un proceso más amplio de consolidación del Estado uruguayo y de progresiva secularización de sus instituciones. En este contexto, el registro civil sustituyó a la Iglesia en funciones que tradicionalmente le correspondían, como el registro de nacimientos, matrimonios y defunciones, fortaleciendo el control estatal y la seguridad jurídica.
Este proceso fue contemporáneo a otras reformas modernizadoras, entre ellas la reforma educativa impulsada por José Pedro Varela, que estableció los principios de educación laica, gratuita y obligatoria. Ambos procesos reflejan una etapa temprana de construcción de un Estado con creciente autonomía respecto de las instituciones religiosas.
Desde sus orígenes, el sistema se estructuró de forma mixta: mientras en Montevideo existieron oficinas específicas del registro civil, en el interior del país estas funciones fueron desempeñadas principalmente por los Juzgados de Paz, cuyos titulares actuaban como oficiales del estado civil, celebrando matrimonios y registrando actos vitales bajo supervisión estatal. Este modelo se mantuvo durante gran parte del siglo XX, consolidando un sistema con fuerte presencia territorial. En las últimas décadas, se ha impulsado un proceso de descentralización administrativa, transfiriendo progresivamente competencias hacia gobiernos departamentales e intendencias, que hoy participan en la gestión de oficinas registrales y en la celebración de matrimonios y uniones civiles.[1]