Domingo Selva
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Domingo Selva (Buenos Aires, 16 de mayo de 1870-ib., 10 de mayo de 1944) fue un ingeniero civil, profesor universitario y funcionario argentino. Especializado en construcciones, desarrolló una destacada trayectoria en la ingeniería civil y ferroviaria durante las primeras décadas del siglo XX, desempeñando cargos técnicos en la administración pública y ejerciendo la docencia en la Universidad de Buenos Aires, la Universidad Nacional de La Plata y diversas instituciones militares. Se desempeñó como presidente de Obras Sanitarias de la Nación entre 1934 y 1938, durante la presidencia de Agustín P. Justo.[1]
Buenos Aires, Argentina
Buenos Aires, Argentina
| Domingo Selva | ||
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Administrador general de Obras Sanitarias de la Nación | ||
| 27 de febrero de 1934-20 de febrero de 1938 | ||
| Presidente | Agustín P. Justo | |
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| Información personal | ||
| Nacimiento |
16 de mayo de 1870 Buenos Aires, Argentina | |
| Fallecimiento |
10 de mayo de 1944 Buenos Aires, Argentina | |
| Sepultura | Cementerio de la Chacarita | |
| Educación | ||
| Educado en | Universidad de Buenos Aires | |
| Información profesional | ||
| Ocupación | Ingeniero civil, profesor universitario y funcionario público | |
| Partido político | Unión Cívica Radical Antipersonalista | |
Fue uno de los pioneros en la aplicación del hormigón armado en la Argentina y uno de los primeros especialistas del país en el estudio científico de las estructuras de ese material y de las construcciones sismorresistentes. Sus investigaciones y proyectos contribuyeron a la difusión de nuevas técnicas constructivas en un período de modernización de la ingeniería argentina. A lo largo de su carrera proyectó y dirigió numerosas obras públicas y privadas, entre ellas edificios universitarios, militares, ferroviarios y administrativos, además de participar en el desarrollo de La Constructora Andina, empresa que introdujo el uso sistemático del hormigón armado en la provincia de Mendoza. Fue autor de diversos trabajos técnicos y científicos y recibió numerosas distinciones nacionales e internacionales por su labor profesional.
Biografía
Primeros años y formación
Domingo Selva nació el 16 de mayo de 1870 en la Ciudad de Buenos Aires. Fue hijo de Inocencio y Luisa Abate, integrantes de una familia de origen lombardo establecida en la Argentina. Durante su infancia la familia se trasladó a la provincia de Tucumán, donde cursó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Tucumán. La profesión de su padre, dedicado a la construcción de obras, lo puso desde temprana edad en contacto con el ambiente técnico, circunstancia que influyó en su posterior vocación por la ingeniería. Tras concluir el bachillerato regresó a Buenos Aires para ingresar en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires. Mientras realizaba sus estudios universitarios comenzó a trabajar en dependencias técnicas del Estado, iniciando una trayectoria que le permitió combinar la formación académica con la práctica profesional. Esta experiencia temprana, poco frecuente entre los estudiantes de la época, le proporcionó un conocimiento directo de los problemas vinculados con las obras públicas, el transporte ferroviario y la planificación de infraestructura.[2]
En 1897 obtuvo el título de ingeniero civil con diploma de honor gracias a la tesis Un barrio obrero, trabajo en el que abordó el problema de la vivienda popular desde una perspectiva técnica, urbanística y social. La elección de ese tema reflejaba un interés que mantendría durante buena parte de su carrera: la búsqueda de soluciones constructivas modernas, económicas y duraderas para mejorar las condiciones habitacionales de la población urbana. Décadas más tarde, muchas de esas ideas volverían a aparecer en sus estudios sobre el empleo del hormigón armado y la construcción seriada de viviendas. En 1909 obtuvo además el título de profesor de Matemática, consolidando una formación científica que complementó su actividad como ingeniero. La combinación de conocimientos matemáticos, físicos y estructurales caracterizaría posteriormente su producción técnica y académica, especialmente en el campo del cálculo de estructuras, la teoría de la elasticidad y la ingeniería del hormigón armado.
Los primeros años de la carrera de Selva coincidieron con un período de profunda transformación económica de la Argentina, caracterizado por la expansión ferroviaria, el crecimiento urbano y la modernización de la administración pública. Ese contexto ofreció nuevas oportunidades para una generación de ingenieros formados en la Universidad de Buenos Aires, que pasaron a desempeñar un papel central en la planificación y ejecución de las grandes obras de infraestructura impulsadas por el Estado nacional. Selva integró esa generación, aunque se distinguió por combinar la práctica profesional con la investigación científica y la docencia universitaria, rasgo que marcaría toda su trayectoria posterior.
Carrera profesional
Su carrera profesional se inició antes de finalizar sus estudios universitarios. Mientras cursaba Ingeniería en la Universidad de Buenos Aires ingresó al Departamento de Ingenieros como dibujante copista, iniciando una trayectoria que lo vincularía durante más de cinco décadas con las principales obras públicas impulsadas por el Estado argentino. Su temprano ingreso a la administración técnica le permitió adquirir experiencia práctica en un período de intensa expansión de la infraestructura nacional. En 1890 pasó a desempeñarse en la Dirección General de Ferrocarriles del Ministerio de Obras Públicas, donde ocupó sucesivamente diversos cargos técnicos. Su capacidad profesional le permitió ascender con rapidez dentro del organismo, desempeñándose como proyectista, ingeniero jefe de distintas secciones e inspector general de Ferrocarriles. Asimismo integró la comisión encargada de revisar la legislación ferroviaria nacional, participando en los estudios destinados a adecuar el marco jurídico al acelerado crecimiento de la red ferroviaria argentina.
Su experiencia en materia ferroviaria trascendió el ámbito administrativo. Fue concesionario de la Ley n.º 6778 para la construcción y explotación de un ferrocarril de trocha angosta entre Rosario y Mendoza, con un puerto de ultramar en San Lorenzo. El proyecto llegó a obtener financiamiento en Londres en 1914, aunque su ejecución quedó interrumpida por el estallido de la Primera Guerra Mundial, que afectó el acceso al capital extranjero destinado a grandes obras de infraestructura. En 1899 dejó la Dirección General de Ferrocarriles para incorporarse a la Municipalidad de Buenos Aires como vicedirector del Departamento de Obras Públicas, cargo para el que fue designado por el intendente Adolfo Bullrich. Desde esa función intervino en la planificación y ejecución de obras municipales durante un período de acelerado crecimiento urbano, caracterizado por la apertura de nuevas avenidas, la expansión de los servicios públicos y la modernización edilicia de la capital argentina.
Posteriormente desarrolló una extensa actuación en otros organismos nacionales. En 1904 fue nombrado ingeniero principal de la Quinta División del Gabinete Militar del Ministerio de Guerra, donde participó en el diseño y construcción de establecimientos militares. En el Banco Hipotecario Nacional integró la Comisión de Tasaciones, de la que llegó a ejercer la presidencia, y más tarde fue designado jefe de la Oficina de Construcciones. Hacia el final de su vida profesional ocupó el cargo de Director General de Obras Sanitarias de la Nación, culminando una carrera caracterizada por la combinación de funciones técnicas, administrativas y de planificación. A diferencia de otros ingenieros de su generación, Selva desarrolló simultáneamente una intensa actividad en el ejercicio privado de la profesión. Proyectó edificios públicos, establecimientos industriales, residencias particulares y obras ferroviarias en distintas provincias argentinas, al tiempo que mantuvo una constante producción científica y una activa participación en instituciones académicas y profesionales. Esta combinación de investigación, docencia, administración pública y práctica profesional lo convirtió en una de las figuras más versátiles de la ingeniería argentina de comienzos del siglo XX.
El desarrollo del hormigón armado
La principal contribución de Domingo Selva a la ingeniería argentina estuvo vinculada al estudio, la difusión y la aplicación del hormigón armado, material cuya utilización comenzaba a generalizarse en Europa a fines del siglo XIX y principios del XX. En un contexto en el que gran parte de las estructuras de gran porte continuaban construyéndose en hierro, acero importado o mampostería tradicional, Selva impulsó la incorporación de este nuevo sistema constructivo, convencido de sus ventajas técnicas, económicas y estructurales. Desde los primeros años del siglo XX desarrolló investigaciones sobre el comportamiento resistente del hormigón armado, aplicando criterios científicos al cálculo de estructuras en una época en la que esa disciplina aún se encontraba en proceso de consolidación. Sus trabajos abordaron aspectos relacionados con la resistencia de materiales, la teoría de la elasticidad y el comportamiento de las estructuras sometidas a cargas estáticas y dinámicas, convirtiéndose en una referencia para la ingeniería nacional.
Uno de los ejes de su pensamiento fue la necesidad de adaptar las nuevas tecnologías constructivas a las condiciones económicas y geográficas de la Argentina. En diversas publicaciones sostuvo que el hormigón armado permitía reducir la dependencia del acero importado, favoreciendo el desarrollo de una industria nacional basada en la producción local de cemento y agregados. Consideraba que esa transformación resultaba estratégica para el crecimiento del país, tanto desde el punto de vista económico como desde el tecnológico. Selva también fue uno de los primeros ingenieros argentinos en vincular el empleo del hormigón armado con la construcción de viviendas obreras. Ya en 1904 propuso la producción seriada y estandarizada de componentes constructivos, anticipando conceptos que décadas más tarde serían adoptados por la arquitectura moderna y la industrialización de la vivienda. Para él, el uso racional de nuevos materiales debía contribuir no solo a mejorar la calidad técnica de las edificaciones, sino también a facilitar el acceso a viviendas seguras, duraderas y de menor costo para los sectores trabajadores.
La difusión de estas ideas estuvo acompañada por una intensa actividad académica y profesional. Dictó conferencias en la Sociedad Científica Argentina y en otras instituciones técnicas sobre las aplicaciones del hormigón armado, la vivienda obrera, el papel social del ingeniero y las nuevas tecnologías de la construcción. Asimismo publicó numerosos artículos y trabajos especializados en revistas técnicas, contribuyendo a divulgar conocimientos que hasta entonces eran escasamente conocidos en el país. Sus investigaciones alcanzaron reconocimiento internacional. El estudio Edificación contra temblores obtuvo la Medalla de Oro en la Exposición Internacional de Milán, mientras que años más tarde recibió una nueva distinción en la Exposición Internacional de San Francisco por las obras de hormigón armado ejecutadas en la provincia de Mendoza.
Ingeniería sismorresistente
El estudio del comportamiento de las estructuras frente a los movimientos sísmicos constituyó uno de los principales campos de investigación de Domingo Selva. En una época en la que la ingeniería antisísmica apenas comenzaba a desarrollarse en algunos países europeos, Selva dedicó gran parte de su actividad científica al análisis de las propiedades del hormigón armado como sistema estructural capaz de ofrecer mayor seguridad frente a los terremotos. Sus investigaciones lo convirtieron en uno de los primeros especialistas argentinos en esta disciplina y, según diversos autores, en el primer ingeniero del país que abordó el problema de la construcción sismorresistente sobre bases científicas. Su interés por esta materia se reflejó tanto en sus publicaciones como en las obras que proyectó y dirigió. A comienzos del siglo XX sostuvo que el hormigón armado ofrecía ventajas decisivas respecto de los sistemas tradicionales de mampostería, al proporcionar estructuras monolíticas capaces de absorber y distribuir de manera más eficiente los esfuerzos producidos por los movimientos sísmicos. Estas ideas fueron expuestas en conferencias, artículos especializados y trabajos técnicos destinados a difundir entre los ingenieros argentinos las posibilidades del nuevo material.
El reconocimiento internacional de sus investigaciones llegó con la presentación del trabajo Edificación contra temblores, distinguido con la Medalla de Oro en la Exposición Internacional de Milán. La obra sintetizaba los resultados de sus estudios sobre técnicas constructivas destinadas a reducir los efectos de los terremotos y constituyó una de las primeras contribuciones argentinas al desarrollo de la ingeniería estructural aplicada a zonas sísmicas. Las provincias cuyanas ofrecieron a Selva un ámbito propicio para llevar a la práctica sus investigaciones. Su participación en la empresa La Constructora Andina le permitió proyectar y supervisar edificios realizados íntegramente en hormigón armado en la ciudad de Mendoza y sus alrededores, región caracterizada por una intensa actividad sísmica. Estas construcciones fueron concebidas siguiendo criterios estructurales innovadores para la época y constituyeron una de las primeras experiencias sistemáticas de aplicación del hormigón armado en una zona expuesta a terremotos.
El comportamiento de esas obras reforzó el prestigio profesional de Selva y contribuyó a consolidar la aceptación del hormigón armado entre arquitectos, ingenieros y organismos públicos. Aunque el elevado costo inicial de los materiales limitó su difusión durante los primeros años, la posterior instalación de fábricas nacionales de cemento favoreció la expansión de un sistema constructivo cuya utilización Selva había promovido desde comienzos del siglo XX. Las investigaciones desarrolladas por Selva anticiparon principios que décadas más tarde formarían parte de la ingeniería estructural moderna. Su insistencia en el cálculo científico de las estructuras, el empleo racional de nuevos materiales y la adaptación de las construcciones a las condiciones sísmicas de cada región contribuyó a introducir en la Argentina una concepción más moderna de la ingeniería civil, basada en la experimentación, el análisis matemático y la verificación técnica de los sistemas constructivos.
Actividad docente y académica
La actividad docente constituyó uno de los ejes centrales de la trayectoria de Domingo Selva. Durante más de tres décadas combinó el ejercicio profesional con la enseñanza universitaria y secundaria, desempeñándose como profesor en algunas de las principales instituciones educativas del país. Su labor como docente estuvo estrechamente vinculada a su actividad como investigador y proyectista, circunstancia que le permitió trasladar a las aulas los avances técnicos y científicos que desarrollaba en el ejercicio de la profesión. Su carrera docente comenzó en 1894 como profesor de Matemáticas en el Colegio Nacional Domingo Faustino Sarmiento de Buenos Aires, donde permaneció durante varios años formando a generaciones de estudiantes secundarios. Paralelamente inició su vinculación con la Universidad de Buenos Aires, institución en la que desarrollaría la mayor parte de su actividad académica.
En la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales fue inicialmente profesor suplente de Ferrocarriles y posteriormente profesor titular de Construcciones de Arquitectura. Con el paso de los años amplió su actividad docente al dictado de asignaturas vinculadas con la Resistencia de Materiales, la Teoría de la Elasticidad, las Construcciones de Cemento Armado y las Construcciones de Ferrocarriles, materias en las que incorporó los resultados de sus propias investigaciones y de los avances internacionales en ingeniería estructural. Su actividad académica también se extendió a la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires, donde dictó cursos de Matemáticas y Construcciones Rurales, así como a la Universidad Nacional de La Plata, donde enseñó en la entonces Facultad de Ciencias Físicas, Matemáticas y Astronomía. Asimismo fue profesor en la Escuela Superior de Guerra y en el Colegio Militar de la Nación, contribuyendo a la formación técnica de oficiales del Ejército Argentino en materias relacionadas con la ingeniería y las construcciones militares.
Además de su labor en las aulas, Selva desempeñó importantes responsabilidades en el gobierno universitario. Fue vicedecano de la Facultad de Ciencias Exactas en 1918 e integró los consejos superiores de las universidades de Buenos Aires y La Plata, participando en la definición de políticas académicas y en la organización de la enseñanza de la ingeniería durante un período de profundas transformaciones institucionales. La enseñanza ocupó un lugar central en su concepción de la profesión. Consideraba que el ingeniero debía fundamentar su actividad en el conocimiento científico, el rigor matemático y la investigación permanente, principios que procuró transmitir tanto en sus cursos como en sus publicaciones y conferencias.
Obras públicas
La actividad proyectual del ingeniero Selva se desarrolló en paralelo a su carrera como funcionario y docente. Entre fines del siglo XIX y las décadas de 1900 y 1910 intervino en el diseño, cálculo estructural y dirección de numerosas obras públicas distribuidas en distintas regiones de la Argentina. Sus proyectos abarcaron edificios administrativos, establecimientos educativos, instalaciones militares, hospitales, obras ferroviarias y edificios destinados a instituciones públicas, muchos de ellos concebidos utilizando técnicas innovadoras basadas en el empleo del hormigón armado.
Entre sus primeras realizaciones se encontraron diversas obras ejecutadas para la entonces denominada Colonia Nacional de Alienados de Luján, destinadas a ampliar la infraestructura del establecimiento psiquiátrico más importante del país. También proyectó el Pabellón de Autopsias del Hospicio de las Mercedes y diversos pabellones para el Jardín Zoológico de Buenos Aires, edificios que evidenciaban su preocupación por la funcionalidad, la higiene y el empleo de nuevos criterios constructivos. En el ámbito educativo fue autor del proyecto de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires, una de las principales obras universitarias ejecutadas durante los primeros años del siglo XX. El edificio respondió a las nuevas necesidades de la enseñanza superior y permitió dotar a la institución de instalaciones especialmente diseñadas para la formación científica y técnica de ingenieros agrónomos y veterinarios.
Su actuación para el Ministerio de Guerra constituyó otra de las facetas más importantes de su carrera profesional. Participó en el proyecto y construcción de la Escuela Superior de Guerra, de edificios para el Colegio Militar de la Nación y de numerosos cuarteles destinados a distintas armas del Ejército Argentino, entre ellos los de Artillería e Ingenieros en Campo de Mayo y los correspondientes al Regimiento N.º 1 de Caballería. Estas construcciones respondían al proceso de modernización militar impulsado por el Estado argentino durante las primeras décadas del siglo XX y exigían soluciones técnicas de gran complejidad para la época.
Entre sus obras de mayor trascendencia institucional se destacó la Casa de Gobierno de la provincia de Tucumán, proyectada y construida entre 1908 y 1910. Concebida para concentrar las principales dependencias del Poder Ejecutivo provincial, el edificio pasó a convertirse en uno de los ejemplos más representativos de la arquitectura pública argentina de comienzos del siglo XX y continúa siendo la sede del gobierno tucumano. Además de estas realizaciones, Selva proyectó diversas sucursales del Banco Hipotecario Nacional, establecimientos escolares, edificios administrativos y obras públicas en las provincias de San Juan, Salta, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos. La amplitud geográfica de su producción refleja el reconocimiento profesional alcanzado por el ingeniero, cuya actividad trascendió el ámbito de la ciudad de Buenos Aires para extenderse a buena parte del territorio nacional.
La Constructora Andina y la actividad privada
Además de su extensa actuación como funcionario y proyectista de obras públicas desarrolló una intensa actividad en el ejercicio privado de la profesión. Proyectó residencias particulares, edificios de renta, establecimientos industriales y obras comerciales, incorporando en muchos de ellos los principios estructurales que promovía desde la docencia y la investigación. Su labor profesional alcanzó una dimensión nacional, con intervenciones en la ciudad de Buenos Aires y en diversas provincias argentinas. Una de las etapas más relevantes de esta actividad estuvo vinculada con La Constructora Andina, sociedad cooperativa constituida en la ciudad de Mendoza el 21 de mayo de 1906 con el propósito de introducir nuevas técnicas constructivas basadas en el empleo del hormigón armado. Selva integró la empresa desde su fundación como ingeniero director de obras, compartiendo la dirección técnica con el ingeniero Ludovico Ivanissevich. La influencia que ambos ejercían sobre las decisiones de la compañía fue tal que, según testimonios de la época, la empresa era conocida popularmente como «la empresa de los ingenieros».
La creación de La Constructora Andina coincidió con un momento de renovación de la arquitectura mendocina, impulsada por la necesidad de incorporar sistemas constructivos capaces de ofrecer mayor resistencia frente a la actividad sísmica característica de la región. Los antecedentes científicos de Selva en materia de edificación contra temblores constituyeron uno de los principales argumentos utilizados por la empresa para promocionar sus servicios y diferenciarse de los métodos tradicionales de construcción. La primera obra ejecutada por la empresa fue la residencia del médico Juan Serú, presidente de su directorio. Según relató el propio Selva, Serú había habitado anteriormente una vivienda prefabricada de hierro y madera importada, cuyas deficiencias frente a las condiciones climáticas locales reforzaron su interés por promover sistemas constructivos más sólidos y permanentes. La nueva vivienda, realizada en hormigón armado, se convirtió en una demostración práctica de las posibilidades del material y en uno de los primeros ejemplos de arquitectura sismorresistente desarrollados por la empresa.
Durante sus primeros años de actividad, La Constructora Andina ejecutó alrededor de cincuenta obras en la ciudad de Mendoza y sus alrededores, entre edificios públicos, establecimientos industriales y residencias particulares. Aunque la empresa realizó construcciones monumentales, el mayor volumen de su producción estuvo constituido por viviendas urbanas, concebidas de acuerdo con criterios modernos de distribución funcional, confort ambiental y resistencia estructural. No obstante, el elevado costo del hormigón armado, debido a la dependencia de materiales importados, limitó inicialmente la difusión de estas soluciones entre los sectores de mayores recursos económicos. Entre las obras privadas e industriales vinculadas con Selva se destacan la bodega de Domingo Tomba en el barrio porteño de La Paternal, edificios de renta en la Capital Federal, residencias particulares y numerosas construcciones industriales desarrolladas tanto en Mendoza como en otras provincias. Estas realizaciones evidencian la versatilidad de su producción y su permanente interés por adaptar las innovaciones estructurales a diferentes programas arquitectónicos.
Actividad científica e institucional
Paralelamente a su actividad profesional y docente tuvo una intensa participación en instituciones científicas, técnicas y culturales, convirtiéndose en una de las figuras más activas de la ingeniería argentina. Su presencia en sociedades profesionales y congresos especializados estuvo estrechamente vinculada a la difusión de los avances en ingeniería estructural, construcción y urbanismo, áreas en las que alcanzó reconocimiento tanto en el país como en el extranjero. Fue miembro de la Sociedad Científica Argentina, institución en la que ejerció distintos cargos directivos y representó al país en diversos congresos científicos internacionales. En el seno de esa entidad dictó numerosas conferencias dedicadas al hormigón armado, la vivienda obrera, la función social del ingeniero y los problemas técnicos derivados del crecimiento urbano e industrial. Sus intervenciones contribuyeron a divulgar entre los profesionales argentinos conocimientos que hasta entonces tenían escasa difusión en el ámbito nacional. También desempeñó una destacada actuación en el Centro Argentino de Ingenieros, del que fue miembro de la comisión directiva y representante en encuentros científicos celebrados en el exterior. Desde esa institución impulsó el intercambio de experiencias con profesionales extranjeros y promovió la incorporación de nuevas técnicas constructivas, especialmente en el campo del cálculo estructural y del empleo del hormigón armado.
Su participación institucional trascendió el ámbito estrictamente ingenieril. Integró la Academia Americana de Historia, el Instituto Argentino de Cultura Itálica, la Società Nazionale Dante Alighieri y diversas asociaciones científicas y culturales de la colectividad italiana. Asimismo ejerció la presidencia de la histórica sociedad Unione e Benevolenza, una de las entidades mutuales italianas más importantes de la Argentina, desde la cual promovió actividades educativas, culturales y de beneficencia. También formó parte del Jockey Club y del Club del Progreso.
En 1910, con motivo de las celebraciones del Centenario de la Revolución de Mayo, fue designado vicepresidente de la Comisión de Propaganda del Congreso Científico Internacional Americano y vocal de la Subcomisión de Ingeniería Sanitaria e Higiene Urbana del Congreso Internacional Americano de Medicina e Higiene. Su participación en estos encuentros reflejó el prestigio alcanzado dentro de la comunidad científica argentina y su interés por vincular el desarrollo de la ingeniería con los problemas sanitarios, urbanos y sociales que acompañaban el crecimiento de las grandes ciudades. Además de intervenir en congresos y asociaciones profesionales, Selva mantuvo una sostenida producción escrita. Publicó artículos, memorias técnicas, estudios y ponencias sobre ingeniería estructural, ferrocarriles, urbanismo, vivienda económica, cálculo de estructuras, construcciones resistentes a los terremotos y cuestiones económicas relacionadas con la industria de la construcción. Sus trabajos fueron difundidos en revistas especializadas y presentados en reuniones científicas nacionales e internacionales, contribuyendo a consolidar su prestigio como investigador y divulgador de las nuevas tecnologías constructivas.
Actividad política y presidencia de Agustín P. Justo
Aunque su principal trayectoria se desarrolló en los ámbitos de la ingeniería, la docencia y la administración pública también participó activamente en la vida política nacional. Vinculado por lazos de amistad con el general ingeniero Agustín P. Justo, mantuvo una extensa actividad tanto en la política como en las tareas de gobierno durante la llamada Década Infame. Durante la campaña electoral rumbo a la elección presidencial de noviembre de 1931, Selva integró el grupo de colaboradores que impulsó la candidatura de Justo en la Capital Federal. Junto con el ingeniero Roberto Peralta Martínez y otros profesionales organizó una estructura de apoyo destinada a promover su postulación y colaborar en la elaboración de propuestas vinculadas con la obra pública, el desarrollo de la infraestructura y la modernización técnica del Estado, que tomó como nombre Centros Cívicos Agustín P. Justo.
Justo designó al ingeniero Selva al frente de Obras Sanitarias de la Nación, en febrero de 1934, y se desempeñó hasta el final de la presidencia justista en febrero de 1938.[3] La administración de Selva se desarrolló en el marco del vasto programa de obras públicas promovido por el gobierno de Justo. Mientras el Ministerio de Obras Públicas impulsaba la construcción de caminos, puertos, edificios públicos y obras hidráulicas, Obras Sanitarias recibió un fuerte impulso para ampliar la infraestructura destinada al abastecimiento de agua potable y al saneamiento urbano. En consecuencia, durante esos años el organismo intensificó la construcción de plantas potabilizadoras, estaciones elevadoras, depósitos de distribución, cañerías maestras y redes domiciliarias, al mismo tiempo que continuó extendiendo los sistemas de desagües cloacales en numerosas ciudades del país. Una de las características más importantes de la gestión de Selva fue la consolidación definitiva del carácter nacional de Obras Sanitarias. Desde su creación, la institución había tenido dos responsabilidades fundamentales: administrar los servicios de la Capital Federal y prestar apoyo técnico, económico y operativo a las provincias y municipios que carecían de recursos suficientes para ejecutar obras sanitarias. Durante la década de 1930 esta segunda función adquirió una importancia creciente. El organismo proyectó y ejecutó sistemas completos de abastecimiento de agua potable y cloacas para numerosas ciudades del interior, actuando como organismo planificador y constructor en jurisdicciones donde los gobiernos provinciales no disponían de los recursos financieros o técnicos necesarios para afrontar obras de semejante magnitud.
Bajo la presidencia de Selva continuó desarrollándose el concepto de que el saneamiento urbano constituía una política pública esencial vinculada directamente con la salud de la población. El organismo no limitó su actividad a la construcción de infraestructura, sino que fortaleció los estudios técnicos, los proyectos de largo plazo y la planificación general del crecimiento urbano. En ese sentido, la década de 1930 representó el momento de mayor consolidación de la denominada escuela argentina de ingeniería sanitaria, integrada por profesionales que alcanzaron reconocimiento internacional y convirtieron a Obras Sanitarias de la Nación en uno de los organismos técnicos más prestigiosos de América Latina. El propio desarrollo institucional alcanzaría su máximo nivel hacia 1940, resultado directo del proceso de organización iniciado en las décadas anteriores y profundizado durante los años de la administración de Selva. Otro aspecto relevante de su gestión fue la elaboración de planes de expansión de alcance metropolitano. Hacia 1939, como culminación de los estudios realizados durante los años precedentes, Obras Sanitarias orientó la planificación del saneamiento urbano hacia la creación de un área sanitaria metropolitana, concebida como una unidad técnico-administrativa que integrara la Capital Federal y los partidos vecinos de la provincia de Buenos Aires. El proyecto descansaba sobre tres principios fundamentales: un sistema unificado de provisión de agua potable, un sistema integrado de desagües cloacales y un sistema común de desagües pluviales. Aquella planificación constituyó uno de los desarrollos técnicos más importantes de la historia del organismo y sirvió de base para la expansión metropolitana de los servicios durante las décadas siguientes.
La administración de Selva también se distinguió por la modernización de la organización técnica del organismo. Durante esos años se perfeccionaron los procedimientos de proyecto, construcción e inspección de obras; se fortalecieron los laboratorios especializados; se uniformaron normas técnicas y se consolidó un cuerpo profesional altamente capacitado. Obras Sanitarias funcionaba ya como un organismo de ingeniería de gran complejidad, donde arquitectos, ingenieros civiles, ingenieros sanitarios, geólogos, químicos y especialistas hidráulicos trabajaban coordinadamente en la planificación y ejecución de las obras. Esa organización permitió afrontar simultáneamente proyectos de gran magnitud en distintas regiones del país. La difusión del conocimiento técnico constituyó igualmente una preocupación permanente durante aquellos años. La Revista de Obras Sanitarias de la Nación adquirió un papel fundamental como órgano de divulgación científica e institucional. En sus páginas se publicaban estudios hidráulicos, memorias técnicas, proyectos de abastecimiento de agua, investigaciones sanitarias, reglamentos y conferencias de los principales especialistas del organismo. El índice histórico de la publicación registra numerosas intervenciones, informes y comunicaciones oficiales correspondientes a la administración de Selva, lo que demuestra la intensa actividad técnica desarrollada por el organismo bajo su presidencia.
La gestión de Selva debe entenderse también dentro del amplio proceso de fortalecimiento del Estado argentino durante la década de 1930. Obras Sanitarias fue una de las instituciones técnicas que mejor expresaron esa política. Su capacidad para proyectar, financiar y ejecutar grandes obras públicas convirtió al organismo en un instrumento fundamental de la acción estatal. La expansión de los servicios de agua potable y desagües cloacales no solo respondió a necesidades de infraestructura urbana, sino también a una concepción del saneamiento como requisito indispensable para el bienestar general, la salud pública y el desarrollo económico. Cuando finalizó la presidencia de Agustín P. Justo, Obras Sanitarias de la Nación se encontraba en uno de los momentos de mayor desarrollo de su historia. La planificación metropolitana estaba prácticamente definida, las redes continuaban expandiéndose hacia nuevas localidades y la institución había consolidado un prestigio técnico que la convertiría pocos años después en referencia para toda América Latina. Buena parte de ese crecimiento fue resultado de la continuidad administrativa, del fortalecimiento de los equipos profesionales y de la política de planificación impulsada durante la presidencia de Selva, cuya gestión contribuyó decisivamente a consolidar a Obras Sanitarias de la Nación.
Paralelamente a su desempeñó al frente de Obras Sanitarias de la Nación, Selva fue uno de los principales colaboradores del general Justo durante su presidencia y mantuvo una importante actuación dentro de las filas de la Unión Cívica Radical Antipersonalista. Selva adquirió una posición destacada debido a que era amigo personal de Agustín P. Justo, circunstancia que ayuda a explicar la confianza política depositada en él y su permanencia al frente de Obras Sanitarias de la Nación durante casi toda la presidencia justista. Su relación con el presidente trascendía la esfera administrativa: formaba parte del reducido núcleo de dirigentes antipersonalistas que acompañaban a Justo en la definición de la estrategia política del sector. La presencia de Selva dentro de la conducción del antipersonalismo quedó particularmente de manifiesto en noviembre de 1936. Ese año asistió al importante almuerzo político ofrecido al gobernador santiagueño Pío Montenegro, reunión que congregó a la plana mayor del radicalismo antipersonalista. Entre los asistentes figuraban dirigentes de primera línea como Roberto M. Ortiz, Leopoldo Melo, Ricardo Caballero, Federico Cantoni, Aldo Cantoni, Pablo Nogués, Alberto F. Figueroa, Oscar Meyer, Alejandro Ruzo y otros referentes nacionales del partido. La prensa interpretó aquella reunión como el inicio de una reorganización del antipersonalismo, que había perdido protagonismo en los años anteriores y buscaba recuperar influencia dentro de la Concordancia. La reorganización perseguía un objetivo político concreto: preparar la sucesión presidencial de Justo. Hacia 1936 resultaba evidente que el presidente impulsaría la candidatura de Roberto M. Ortiz, uno de los principales dirigentes del antipersonalismo, y el fortalecimiento de esa corriente aparecía como un elemento indispensable para sostener la continuidad de la Concordancia. Los comentarios periodísticos de la época, recogidos por Piñeiro, señalaban que el almuerzo hacía suponer que la reorganización del antipersonalismo estaba en marcha y que Ortiz comenzaba a perfilarse como el candidato presidencial del oficialismo. Selva participó activamente de ese proceso junto con el resto de la dirigencia nacional del sector.[4]
En las elecciones legislativas de 1942, Selva fue candidato a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires dentro de la lista de candidatos de la UCR Antipersonalista, pero no resultó electo.
Obras seleccionadas
A lo largo de su carrera profesional, Domingo Selva proyectó o dirigió la construcción de numerosas obras públicas, militares, educativas, industriales y residenciales en distintas regiones de la Argentina. Entre las más destacadas se encuentran:
- **Colonia Nacional de Alienados de Luján** (1900). Proyecto y dirección de diversas construcciones destinadas a la ampliación del establecimiento psiquiátrico nacional.
- **Pabellón de Autopsias del Hospicio de las Mercedes** (1900). Edificio sanitario concebido de acuerdo con los principios higienistas vigentes a comienzos del siglo XX.
- **Pabellones del Jardín Zoológico de Buenos Aires** (1901-1903). Diseño de diversos edificios destinados al alojamiento de animales, caracterizados por soluciones funcionales e innovaciones estructurales.
- **Teatro Casino de Buenos Aires** (1902). Considerado una de las primeras aplicaciones de gran escala del hormigón armado en la Argentina. La obra fue distinguida internacionalmente por sus innovaciones técnicas y constructivas.
- **Escuela Superior de Guerra** (1902). Proyecto del edificio destinado a la formación superior de oficiales del Ejército Argentino.
- **Cuarteles de Artillería e Ingenieros de Campo de Mayo** (1903). Conjunto de edificios militares construidos durante el proceso de modernización del Ejército Argentino.
- **Facultad de Agronomía y Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires** (1905-1907). Complejo universitario destinado a la enseñanza e investigación en ciencias agrarias y veterinarias.
- **Casa de Gobierno de la Provincia de Tucumán** (1908-1910). Uno de los edificios institucionales más importantes proyectados por Selva y sede del Poder Ejecutivo provincial hasta la actualidad.
- **Puente Japonés del Rosedal de Palermo**. Estructura ornamental realizada mediante técnicas modernas de hormigón armado, integrada al conjunto paisajístico del Parque Tres de Febrero.
- **Colegio Militar de la Nación**. Participación en el proyecto y construcción de diversos edificios destinados a la formación de oficiales del Ejército Argentino.
- **Cárcel de Encausados de La Plata**. Establecimiento penitenciario proyectado conforme a los criterios arquitectónicos y funcionales predominantes a comienzos del siglo XX.
- **Bodega Domingo Tomba** (La Paternal, Buenos Aires). Proyecto industrial que incorporó soluciones estructurales avanzadas para la época y constituyó una de las principales realizaciones privadas de Selva.
- **Obras de La Constructora Andina** (desde 1906). Como ingeniero director de obras proyectó y supervisó numerosas viviendas, edificios comerciales e industriales en la provincia de Mendoza, convirtiéndose en uno de los principales introductores del hormigón armado en la región cuyana.
Además de estas realizaciones, Selva intervino en el proyecto de sucursales del Banco Hipotecario Nacional, establecimientos educativos, edificios administrativos, residencias particulares, edificios de renta y diversas obras ferroviarias e industriales en las provincias de San Juan, Salta, Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos, conformando una producción arquitectónica e ingenieril de alcance nacional.
Fallecimiento
El ingeniero Domingo Selva falleció el 10 de mayo de 1944 a los setenta y tres años de edad.