Combina investigación histórica, denuncia política y reflexión feminista.
Parte del testimonio personal de la tía abuela materna estonia de la autora, quien enmudeció tras ser vejada por soldados soviéticos en 1944.
El título juega con el proverbio de Heráclito "Nadie se baña dos veces en el mismo río", sugiriendo de forma irónica que, para las naciones vecinas de Rusia, el río de la historia parece repetirse una y otra vez: mientras el mundo pensaba que la historia no se repetiría, las tácticas de opresión, deportación y borrado cultural han vuelto a fluir por el mismo cauce, se repite la historia: Oksanen analiza cómo la Rusia actual, presidida por Vladímir Putin, utiliza las mismas tácticas de opresión, propaganda y violencia que empleaba tanto Catalina la Grande en la anexión de Crimea por el Imperio ruso en 1783 como las atrocidades cometidas por la Unión Soviética en tiempos de Stalin.[8]
Traza paralelismos entre la ocupación soviética de los países bálticos tras la Segunda Guerra Mundial y la actual invasión de Ucrania argumentando que el imperialismo ruso no es un fenómeno coyuntural, sino una estructura de pensamiento inalterable en el tiempo.
Como características comunes destaca la misoginia: la autora pone especial énfasis en cómo la violencia sexual contra las mujeres se utiliza como un arma de guerra sistemática y herramienta de dominación,[7] empleada en 1945 cuando el Ejército Rojo avanzaba hacia la Alemania nazi y se repitieron en época de la Federación Rusa en la guerra en Chechenia, en Siria, en Georgia [9] y en Ucrania. La guerra contra Ucrania también implica una guerra ideológica contra los derechos de las mujeres y contra los valores democráticos.[8]
Además, la retórica anti-género es herramienta empleada en la guerra colonial rusa, lo mismo que la eliminación de todo acervo cultural y símbolo de identidad de los pueblos ocupados. Oksanen, cuya madre es estonia, explica por qué, para las naciones que formaron parte de la URSS, la amenaza rusa nunca fue un "fantasma del pasado", sino una realidad latente.
Otro aspecto que resalta es cómo el Kremlin utiliza la propaganda y el control del discurso público para negar o minimizar estos crímenes, además de culpar a las víctimas y cómo ha revertido los avances en igualdad de género dentro de la propia Rusia para facilitar la movilización bélica.
Es un libro crítico con Occidente pues cuestiona la ceguera de Europa Occidental que, por intereses económicos o ingenuidad política, desdeñó las advertencias que los países de Europa oriental llevaban años haciendo sobre las intenciones imperialistas de Putin.