Día Internacional de las Mujeres en la Diplomacia

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Primeravez 20 de junio de 2022
Comienzo 2022
Fecha 24 de junio
Día Internacional de las Mujeres en la Diplomacia
Datos generales
Tipo día internacional
Primera vez 20 de junio de 2022
Comienzo 2022
Fecha 24 de junio
Organizador Organización de las Naciones Unidas
Motivo diplomacia y mujer
www.un.org/es/observances/women-in-diplomacy-day

El 24 de junio de cada año se conmemora el Día Internacional de las Mujeres en la Diplomacia. El 20 de junio de 2022, en su 76.º periodo de sesiones, la Asamblea General de las Naciones Unidas, mediante la Resolución 76/269, declaró su conmemoración.[1]

Esta fecha tiene como objetivo visibilizar las contribuciones de las mujeres en el campo de la diplomacia y repensar esta profesión desde el enfoque de género. Del mismo modo, siguiendo con la Agenda 2030 de las Naciones Unidas, se espera que su conmemoración visibilice la sub-representación de las mujeres en el ámbito diplomático, por lo que se invita a los la comunidad internacional a realizar actividades conmemorativas para concientizar sobre la importancia de la participación plena y equitativa de las mujeres en la diplomacia.

¿Qué se entiende por diplomacia?

La diplomacia se define como la profesión que conduce, mediante la negociación y el diálogo, las relaciones entre los actores del Sistema Internacional, como los Estados, las Organizaciones Internacionales (O.I), las Organizaciones no Gubernamentales (ONG), las empresas trasnacionales, la sociedad civil, entre otros. Asimismo, con el fin de hacer frente a los desafíos globales, el objetivo de la diplomacia se centra en establecer intereses comunes para fomentar la resolución pacífica de conflictos y promover acuerdos y alianzas. La función de los diplomáticos y de las diplomáticas se centra en actuar como intermediarios y representantes de sus respectivas naciones para facilitar la cooperación. [2] [3]

La diplomacia se ha convertido en una de las herramientas más importantes de la política exterior. Asimismo, es descrita como un reemplazo del uso de la fuerza para la resolución de controversias en el sistema internacional. Sin embargo, considerando que los actores internacionales pueden optar por utilizar medidas punitivas contra otros, la diplomacia aún posee un carácter coercitivo. [3]

La brecha de género en la diplomacia

La desigualdad de género histórica

A lo largo de la historia de la humanidad, ha existido una tendencia a desvalorar la presencia femenina en todos los ámbitos. [4] Para Simone de Beauvoir, los dos sexos nunca han compartido el mundo en pie de la igualdad. Bajo los constructos sociales, la mujer ha sido percibida como un "Otro" del hombre o su opuesto. [5] [6]

Existe un principio bueno que ha creado el orden, la luz y el hombre, y un principio malo que ha creado el caos, las tinieblas y la mujer.
Las mujeres no pueden ser presidentas porque la configuración emocional de una mujer y un hombre es totalmente diferente.
Rodrigo Duterte, ex presidente de Filipinas

La historia de la diplomacia, escrita por sus practicantes, ha sido una profesión ejercida mayoritariamente por hombres, lo que construyó una diplomacia con códigos patriarcales y masculinos. [7] [8] En efecto, los roles de género y los estereotipos que asocian la figura femenina con el ámbito doméstico, así como con el caos, el peligro y la imprevisibilidad han sido utilizados como justificación para excluir y limitar la participación de las mujeres en la esfera pública y el dominio públic[6] Las únicas "excepciones" se vinculan a los Imperios dirigidos por mujeres, como la emperatriz Catalina II de Rusia, la Grande; la reina Victoria de Inglaterra o María Antonieta de Austria, reina de Francia.[4]

Más allá de las mujeres que lograron trascender las limitaciones sociales para convertirse en figuras influyentes en la política exterior, muy pocas fueron reconocidas formalmente como diplomáticas. Sin embargo, la historiografía actual se ha propuesto reivindicar el papel de las mujeres en el campo de la diplomacia.[6]

La marquesa de Mirabel en París

La participación de las mujeres en la política se centraba principalmente en apoyar a sus maridos siendo buenas anfitrionas. La residencia de un embajador se convertía en un ambiente propicio para las negociaciones diplomáticas en tanto las esposas desempeñaran correctamente las tareas domésticas y crearan un entorno acojedor. [6] Sin embargo, el caso de la marquesa de Mirabel, quien acompañó a su esposo en París desde 1620 hasta 1632, demuestra cómo, bajo determinadas circunstancias, las mujeres pudieron conseguir más protagonismo en el área de la diplomacia. [9]

Tras producirse el intercambio de princesas de 1615, una de las mayores preocupaciones de Felipe III de España, era el bienestar de su hija, Ana de Austria en París, donde sería coronada como reina de Francia. Con ella fueron enviados criados españoles y el embajador Héctor Pignatelli y Colonna, IV duque de Monteleón, a quienes Felipe III les otorgó la responsabilidad de velar por su hija. Sin embargo, posteriormente, la corte parisina expulsó a los criados y prohibió que los siguientes embajadores españoles tuvieran contacto directo con la reina. Por ello, para garantizar el bienestar y mantener contacto con Ana de Austria, el principal criterio para nombrar al sucesor del duque de Monteleón era a partir de quién era su esposa. Se buscaba una mujer de autoridad y prudencia que pudiera acompañar a la reina de Francia. El elegido definitivo por Felipe III fue Antonio Dávila y Zúñiga, el marqués de Mirabel, quien había adquirido el título al casarse con Francisca de Zúñiga. Según los documentos oficiales de la época, el motivo de su nombramiento subyace en las altas cualidades que obstentaba la marquesa; es así que a partir de 1620 hasta 1632 el marqués de Mirabel cumpliría la labor de embajador de la Monarquía española en Francia. No obstante, cuando en 1629 el marqués fue enviado a Bruselas para asistir en una misión diplomática, en lugar de enviar un embajador interino, Felipe IV ordenó que la marquesa de Mirabel fuera nombrada como "embajatriz" hasta el regreso de su esposo. [9]

El ingreso de las mujeres al cuerpo diplomático en el siglo XX

Con la llegada de la Segunda ola del feminismo, el sufragio universal y la incorporación de las mujeres en el mundo laboral eran una realidad cada vez más posible. Las primeras mujeres en ingresar a las cancillerías desempeñaron labores administrativas dentro del cuerpo diplomático, siendo secretarias o archivistas; del mismo modo, para 1920 la presencia de las mujeres en el cuerpo diplomático se hizo ligeramente más notorio. [4]

En Occidente, sin embargo, esta incorporación estaba condicionada a que las mujeres fuesen solteras y sin hijos, de lo contrario, se exigía su renuncia para que cumplan labores domésticas tradicionales. A esto se le agrega que aún se mantenía la creencia de que las mujeres eran incapaces de desempeñarse en un contexto internacional bélico y los prejuicios de otros gobiernos para aceptar mujeres en el área diplomática. Este tipo de discriminación no sería superado hasta 1972.[4]

La diplomacia con perspectiva de género

Ante una diplomacia históricamente construida desde los pilares del patriarcado, se convirtió en una necesidad entender la diplomacia desde una perspectiva de género para identificar de qué manera el patriarcado opera en las relaciones internacionales. Por ejemplo, dicha perspectiva sostiene que los conflictos internacionales son vistos desde una percepción masculinizada que asocia el poder con la brutalidad y prioriza la fuerza milita,[10] en consecuencia, se subestima el aporte de las mujeres y se las excluye de las decisiones finales en la resolución de estas controversias internacionales.[8]

La diplomacia feminista

En 2014, la exministra de Asuntos Exteriores de Suecia, Margot Wallström, propuso la diplomacia feminista como un instrumento de acción política, basándose en tres pilares: derechos, recursos y representación. La Política Exterior Feminista considera que la igualdad de género es un objetivo prioritario y una herramienta para perseguir nuevos fines. Su área de acción incluye medidas para erradicar la desigualdad de género y mejorar la representación de las mujeres en todos los niveles de la diplomacia, con el fin de que su criterio se manifieste mejor en las negociaciones y en los procesos de toma de decisiones.[10][11]

Siguiendo los pasos de Suecia, las Cancillerías de Canadá, Francia, México, España, Luxemburgo y Alemania también han adoptado este tipo de enfoque y lo han integrado, cada uno a su manera, en su política internacional.[10] En América Latina, los países que cuenta con Políticas Exteriores Feministas son México, Colombia y Chile.[12]

Proclamación

Contribución de las mujeres en la diplomacia

Referencias

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