Economía creativa
sector económico
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La economía creativa designa el conjunto de actividades económicas en las que la creatividad, el conocimiento y la propiedad intelectual constituyen los insumos principales de producción. El término fue acuñado y sistematizado por el economista británico John Howkins en su libro The Creative Economy: How People Make Money from Ideas (2001) y consolidado a escala global por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) en el Creative Economy Report de 2008.[1][2]
El concepto está relacionado —aunque no es sinónimo— con otros dos términos: industrias creativas, que designa los sectores económicos específicos basados en creatividad y propiedad intelectual, y economía naranja, una adaptación latinoamericana promovida por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en 2013.[3] Las diferencias entre estos conceptos —sus genealogías, alcances y connotaciones políticas— son objeto de debate académico.
Según el Creative Economy Outlook 2024 de la UNCTAD, las exportaciones mundiales de servicios creativos alcanzaron 1,4 billones de dólares en 2022, mientras que los bienes creativos sumaron 713 000 millones. La UNESCO estima que las industrias culturales y creativas aportan en torno al 3,1 % del PIB mundial y dan empleo a aproximadamente 50 millones de personas (6,2 % del empleo global).[4][5]
Antecedentes conceptuales
La «industria cultural» como crítica (Adorno y Horkheimer, 1944)
El antecedente intelectual más influyente de la economía creativa no es una afirmación sino una crítica. Los filósofos de la Escuela de Frankfurt Theodor Adorno y Max Horkheimer acuñaron el término Kulturindustrie (industria cultural, en singular) en el capítulo «La industria cultural: Ilustración como engaño de masas» de Dialektik der Aufklärung (1944/1947). Los autores sustituyeron deliberadamente la expresión «cultura de masas» para denunciar la subsunción de la creación cultural bajo la lógica industrial capitalista, argumentando que el resultado era estandarización, pseudoindividualización e integración ideológica.[6]
Este diagnóstico crítico contrasta radicalmente con el uso contemporáneo del concepto en políticas de desarrollo: donde Adorno y Horkheimer veían alienación, la economía creativa contemporánea ve potencial de crecimiento económico e innovación.
De la crítica a la categoría empírica: industrias culturales en plural
La pluralización del término —«industrias culturales»— fue obra principalmente de la escuela francesa de economía política de la cultura, en particular Bernard Miège (The Capitalization of Cultural Production, 1989), y fue adoptada por la UNESCO en el informe Cultural Industries: A Challenge for the Future of Culture (1982) y la Declaración de México sobre Políticas Culturales de ese mismo año. Este uso plural despojó al concepto de su carga crítica original para convertirlo en una categoría empírica aplicable a políticas de desarrollo cultural.[7]
Historia y consolidación del concepto
Creative Nation (Australia, 1994)
El primer antecedente en política pública es Creative Nation: Commonwealth Cultural Policy, documento publicado en octubre de 1994 por el Department of Communications and the Arts del gobierno laborista de Paul Keating. Fue la primera política cultural federal australiana y asignó 252 millones de dólares australianos adicionales en cuatro años. El documento afirmaba: «Esta política cultural es también una política económica. La cultura crea riqueza. En sentido amplio, nuestras industrias culturales generan 13 000 millones de dólares al año».[8]
Creative Nation introdujo por primera vez «multimedia» como categoría de política cultural y anticipó la convergencia entre cultura y tecnología. Sin embargo, usó predominantemente el término «industrias culturales», no «industrias creativas»; es considerado un precursor conceptual por vincular por primera vez política cultural con política industrial.
DCMS y el Reino Unido (1997-1998)
La cristalización del término «industrias creativas» tal como se usa globalmente hoy se debe al Departamento de Cultura, Medios y Deporte del Reino Unido (DCMS), renombrado así en julio de 1997 bajo el gobierno de Tony Blair. El Secretario Chris Smith presidió la Creative Industries Task Force, que incluyó a figuras como Richard Branson y David Puttnam.
El resultado fue el Creative Industries Mapping Document 1998 (DCMS, noviembre de 1998; 2.ª edición revisada en 2001), cuya definición se convirtió en referencia canónica internacional:[9]
Those industries which have their origin in individual creativity, skill and talent and which have a potential for wealth and job creation through the generation and exploitation of intellectual property.DCMS, 1998
La definición oficial en español sería: «Aquellas industrias que tienen su origen en la creatividad, habilidad y talento individual, y que tienen potencial de creación de riqueza y empleo a través de la generación y explotación de propiedad intelectual».
El documento identificó 13 subsectores: publicidad, arquitectura, mercado de arte y antigüedades, artesanía, diseño, moda de diseñador, cine y video, software interactivo de ocio, música, artes escénicas, editorial, software y servicios informáticos, televisión y radio. En 2015-2016, la clasificación fue revisada a 9 subsectores.
John Howkins y The Creative Economy (2001)
John Howkins sistematizó el concepto en The Creative Economy: How People Make Money from Ideas (Allen Lane/Penguin, 2001; 2.ª ed. 2013; trad. esp. La economía creativa: Transformar una idea en beneficios, Paidós). Howkins organizó la economía creativa en torno a cuatro tipos de propiedad intelectual: derechos de autor (copyright), patentes, marcas comerciales y derechos de diseño, e identificó 15 industrias —más amplio que el DCMS, al incluir investigación y desarrollo, software, juguetes y videojuegos junto a las artes más tradicionales.[1]
Su argumento central: «La creatividad no es nueva y la economía tampoco, pero lo que es nuevo es la naturaleza y la extensión de la relación entre ambas». Howkins estimó el valor mundial de la economía creativa en aproximadamente 2,2 billones de dólares en el año 2000, con un crecimiento anual del 5 %.
Consolidación global: UNCTAD y la ONU (2008-2021)
El Creative Economy Report 2008, publicado conjuntamente por la UNCTAD y el PNUD, fue el primer informe del sistema de Naciones Unidas sobre el tema. Introdujo una definición operativa que ha orientado las estadísticas y políticas internacionales desde entonces.[2] El informe de 2010 documentó que las exportaciones globales de bienes y servicios creativos más que se duplicaron entre 2002 y 2008.
La Asamblea General de la ONU declaró 2021 como el Año Internacional de la Economía Creativa para el Desarrollo Sostenible mediante la Resolución A/RES/74/198, aprobada el 19 de diciembre de 2019 y propuesta por Indonesia con el copatrocinio de 81 países. El año estuvo coordinado por la UNCTAD y vinculó la economía creativa con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, especialmente el ODS 8 (trabajo decente), el ODS 9 (industria e innovación) y el ODS 11 (ciudades sostenibles).[10]
Definiciones institucionales
Las principales organizaciones internacionales han propuesto definiciones que comparten un núcleo pero difieren en alcance:
UNESCO
La Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales (UNESCO, 2005, Artículo 4) define las industrias culturales como aquellas que «combinan la creación, la producción y la comercialización de contenidos creativos que sean intangibles y de naturaleza cultural». El Marco de Estadísticas Culturales de la UNESCO (FCS, 2009) organiza el sector en seis dominios culturales centrales, dos relacionados (turismo cultural; deportes y recreación) y cuatro transversales (educación cultural, archivos, equipamiento, patrimonio inmaterial).[11]
UNCTAD
El Creative Economy Report 2008 define:[2]
La economía creativa es un concepto en evolución basado en activos creativos que potencialmente generan crecimiento y desarrollo económico. Puede fomentar la generación de ingresos, la creación de empleo y los ingresos de exportación, al tiempo que promueve la inclusión social, la diversidad cultural y el desarrollo humano.UNCTAD/UNDP, 2008
DCMS del Reino Unido
La definición del DCMS (1998), ya citada en la sección de historia, sigue siendo la más utilizada en la literatura académica internacional por su precisión conceptual al vincular origen creativo individual con explotación de propiedad intelectual.
BID y la economía naranja
Felipe Buitrago Restrepo e Iván Duque Márquez acuñaron el concepto de «economía naranja» para el BID en 2013, definiéndola como:[3]
El conjunto de actividades que de manera encadenada permiten que las ideas se transformen en bienes y servicios culturales, cuyo valor está determinado por su contenido de propiedad intelectual.Buitrago y Duque, 2013
El color naranja fue elegido como representación visual asociada a la creatividad y la cultura en el imaginario latinoamericano. La economía naranja organiza sus actividades en tres bloques: (a) Artes y Patrimonio; (b) Industrias Culturales Convencionales; (c) Creaciones Funcionales, Nuevos Medios y Software de Contenidos.
Diferencias conceptuales
Los cuatro conceptos relacionados —industria cultural, industrias culturales, industrias creativas, economía creativa y economía naranja— tienen genealogías, alcances y connotaciones distintas:
| Concepto | Año | Autor / institución | Alcance |
|---|---|---|---|
| Industria cultural (singular, crítica) | 1944 | Adorno y Horkheimer | Denuncia de mercantilización de la cultura |
| Industrias culturales (plural, empírico) | Años 1970-1980 | Miège; UNESCO | Sectores con producción y reproducción industrial de cultura |
| Industrias creativas | 1998 | DCMS (Reino Unido) | Amplía a sectores basados en propiedad intelectual (software, diseño, moda) |
| Economía creativa | 2001 / 2008 | Howkins / UNCTAD | Sistema económico completo; paradigma de desarrollo |
| Economía naranja | 2013 | Buitrago y Duque, BID | Adaptación latinoamericana con connotación de política pública |
Clasificaciones y marcos
Distintas organizaciones han propuesto clasificaciones operativas para delimitar el sector:
Marco de la UNCTAD (2008)
La UNCTAD organiza las industrias creativas en cuatro grupos y nueve subcategorías:[2]
- Patrimonio: expresiones culturales tradicionales (artesanía, festivales); sitios culturales (museos, bibliotecas, sitios arqueológicos).
- Artes: visuales (pintura, escultura, fotografía); escénicas (teatro, danza, música en vivo, circo).
- Medios: editorial y medios impresos; audiovisual (cine, televisión, radio, videojuegos).
- Creaciones funcionales: diseño (de interiores, gráfico, de moda, joyería, juguetes); nuevos medios (software, contenido digital); servicios creativos (arquitectura, publicidad, investigación y desarrollo creativa).
Marco de estadísticas culturales de la UNESCO (FCS 2009)
El FCS 2009 organiza el sector en seis dominios culturales centrales: (A) Patrimonio cultural y natural; (B) Presentaciones artísticas y celebraciones; (C) Artes visuales y artesanías; (D) Libros y prensa; (E) Audiovisuales y medios interactivos; (F) Diseño y servicios creativos.[11] En 2025, durante la Conferencia Mundial de Políticas Culturales (MONDIACULT, Barcelona), la UNESCO lanzó una versión actualizada del FCS que incorpora el concepto de «ecosistema cultural y creativo».
Modelo del BID / economía naranja
El BID organiza la economía naranja en tres bloques: (a) Artes y Patrimonio (incluyendo artes escénicas, artes visuales, artesanías y patrimonio cultural material e inmaterial); (b) Industrias Culturales Convencionales (audiovisual, editorial, fonográfica); (c) Creaciones Funcionales, Nuevos Medios y Software de Contenidos (diseño, publicidad, software, videojuegos, moda).[3]
Modelo del DCMS (Reino Unido)
El DCMS identificó 13 subsectores en 1998, revisados a 9 en 2015-2016 para reflejar la convergencia digital y la eliminación de fronteras entre categorías.[9]
Modelo de círculos concéntricos (Throsby, 2008)
El economista cultural australiano David Throsby propuso un modelo alternativo de círculos concéntricos que organiza las industrias culturales en capas: un núcleo de artes (literatura, música, artes escénicas y visuales), otras industrias culturales centrales (cine, museos, fotografía), industrias culturales más amplias (patrimonio, editorial, televisión, radio, videojuegos) e industrias relacionadas (publicidad, arquitectura, diseño, moda).[12]
Datos económicos
Panorama global (2022-2024)
Según el Creative Economy Outlook 2024 de la UNCTAD, en 2022:[4]
- Las exportaciones mundiales de servicios creativos alcanzaron 1,4 billones de dólares (+29 % respecto a 2017), representando el 19 % de las exportaciones totales de servicios.
- Las exportaciones de bienes creativos sumaron 713 000 millones de dólares (+19 % respecto a 2017), equivalentes a cerca del 3 % del comercio mundial de bienes.
- La composición de los servicios creativos exportados: software (41,3 %), investigación y desarrollo (30,7 %), publicidad/investigación/arquitectura (15,5 %), audiovisuales (7,9 %).
- La economía creativa contribuye entre el 0,5 % y el 7,3 % del PIB y emplea entre el 0,5 % y el 12,5 % de la fuerza laboral según el país.
La UNESCO estima que las industrias culturales y creativas aportaron 3,1 % del PIB mundial y emplearon aproximadamente 50 millones de personas (6,2 % del empleo global) antes de la pandemia de COVID-19.[5] Los principales países exportadores de bienes creativos en 2020 fueron China (169 000 millones de dólares), Estados Unidos (32 000 millones), Italia, Alemania y Hong Kong. En servicios creativos lideran Estados Unidos (206 000 millones), Irlanda, Alemania, China y el Reino Unido.
Impacto de la pandemia de COVID-19
La pandemia de 2020 provocó la pérdida de 10 millones de empleos en el sector cultural y creativo y una contracción de 750 000 millones de dólares en Valor Agregado Bruto. Las exportaciones de bienes creativos cayeron un 12,5 % en 2020, mientras que las de servicios creativos, por su mayor digitalización, retrocedieron solo el 1,8 % (frente a una caída general del 20 % en el sector servicios), mostrando mayor resiliencia relativa.[13]
América Latina y el Caribe
El BID estima que la economía creativa en América Latina y el Caribe equivale a aproximadamente el 2,2 % del PIB regional. Entre 2013 y 2022, el BID aprobó más de 120 proyectos relacionados con el sector con una cartera asociada de 2 538 millones de dólares.[14]
Datos por país:
- Colombia: el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) estimó la economía naranja en el 3,2 % del PIB antes de la pandemia (2019); en 2021 representó el 2,61 % con unos 600 000 trabajadores.[15]
- Argentina: el Sistema de Información Cultural de la Argentina (SInCA) estimó el valor agregado cultural en el 2,56 % del PIB (2017).[16]
- Brasil: el sector cultural y creativo aportó aproximadamente el 2,61 % del PIB, con estimaciones de hasta 7,8 millones de empleos (Ministério da Cultura, 2025).
México
El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) publica desde 2014 la Cuenta Satélite de la Cultura de México (CSCM). Según los datos de 2023 (publicados en noviembre de 2024):[17]
- El PIB cultural ascendió a 820 963 millones de pesos, equivalentes al 2,7 % del PIB nacional.
- El sector empleó a 1 439 671 personas (3,5 % del empleo total).
- Las principales áreas de actividad: artesanías (19,1 %), contenidos digitales e internet (18,1 %), medios audiovisuales (17,6 %) y diseño y servicios creativos (13,6 %).
- El sector experimentó una caída del 20,3 % en 2020, seguida de recuperaciones del 9,0 % (2021) y 9,3 % (2022), y un crecimiento más moderado del 2,6 % en 2023.
Políticas públicas
Iniciativas multilaterales
La Convención de la UNESCO sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales (2005), ratificada por más de 150 países, constituye el marco normativo internacional más amplio para el sector. El Año Internacional de la Economía Creativa para el Desarrollo Sostenible (2021) (Resolución ONU A/RES/74/198) fue el instrumento multilateral más reciente.[10]
El MERCOSUR Cultural (desde 1995) opera a través del Sistema de Información Cultural del MERCOSUR (SICSUR, desde 2009), el Mercado de Industrias Culturales del Sur (MICSUR) y la Comisión de Economía Creativa e Industrias Culturales (CECIC), que fomenta políticas regionales coordinadas.
Colombia
La Ley 1834 de 2017 («Ley Naranja»), promovida por el entonces senador Iván Duque y sancionada bajo el gobierno de Juan Manuel Santos, creó el Consejo Nacional de la Economía Naranja y la Política Pública Integral de la Economía Creativa (Decreto 1204 de 2020). Durante el gobierno de Iván Duque (2018-2022), la economía naranja fue bandera central del Plan Nacional de Desarrollo, con la meta de elevar el aporte del sector del 3 % al 6 % del PIB. El balance fue crítico: pese a movilizar más de 24 billones de pesos colombianos, el sector no alcanzó las metas y en 2021 estaba por debajo de los niveles de 2019. La Ley 2319 de 2023 (gobierno de Gustavo Petro) renombró la Cuenta Satélite a «Cuenta Satélite de Economía Cultural, Creativa y de Saberes», matizando la orientación «naranja» del período anterior.[18]
México
México no adoptó el término «economía naranja» como categoría oficial; predominan «industrias culturales y creativas» y «economía cultural». Los instrumentos principales incluyen el Programa Sectorial de Cultura 2020-2024 (DOF, 3 de julio de 2020), la Cuenta Satélite de la Cultura del INEGI (desde 2014), el EFICINE (artículo 189 de la LISR) y el EFIARTES (artículo 190 de la LISR) como mecanismos de financiamiento mediante créditos fiscales. En septiembre de 2022, Ciudad de México fue sede de MONDIACULT 2022 (Conferencia Mundial de Políticas Culturales de la UNESCO).[17]
Brasil
La Secretaría de Economía Creativa fue creada en 2011 bajo el gobierno de Dilma Rousseff con el Plano da Secretaria da Economia Criativa 2011-2014. Fue desmantelada durante el período 2019-2022 al convertirse el Ministerio de Cultura en Secretaría. El gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva recreó el Ministerio de Cultura (Decreto 11.336 de enero de 2023) y la Secretaría de Economía Criativa (Decreto 12.471 de mayo de 2025), implementando la Política Nacional de Economia Criativa «Brasil Criativo». La Lei Paulo Gustavo (LC 195/2022) destinó 3 800 millones de reales al sector cultural. La Lei Rouanet (Ley 8.313 de 1991) sigue siendo el principal instrumento de financiamiento cultural.[19]
Otros países
Chile cuenta con la Ley 21.045 de 2017 que creó el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, y elaboró la Política Nacional de Fomento de la Economía Creativa 2017-2022. Argentina desarrolla sus políticas a través del Mercado de Industrias Culturales Argentinas (MICA) y el SInCA. Perú aprobó la Ley 31658 de 2022 de las Artes Escénicas e Industrias Culturales.
Debates académicos y críticas
Del concepto al mercado: Garnham y Hesmondhalgh
Nicholas Garnham cuestionó en un influyente artículo de 2005 el tránsito de «industrias culturales» a «industrias creativas», argumentando que el nuevo término fue adoptado principalmente para promover sectores basados en explotación de propiedad intelectual, alineándose con la «economía del conocimiento» y el discurso neoliberal, a costa de perder la especificidad de la cultura.[20]
David Hesmondhalgh argumenta, en la misma línea, que el giro «creativo» descuida cuestiones de equidad, acceso y condiciones de trabajo cultural, al subordinar la diversidad cultural a criterios de rentabilidad económica y propiedad intelectual.[21]
La «clase creativa» de Richard Florida y sus críticos
El economista urbano Richard Florida propuso en The Rise of the Creative Class (2002) que las ciudades que atraen una «clase creativa» —trabajadores creativos, técnicos y profesionales— a través de las «3T» (tecnología, talento, tolerancia) experimentan un mayor crecimiento económico.
Jamie Peck ofreció la crítica más incisiva, caracterizando el modelo como una agenda neoliberal disfrazada que ignora desigualdades, legitima la gentrificación y promueve la competencia entre ciudades para captar élites profesionales, sin atender a los trabajadores de servicios que sostienen esas ciudades creativas.[22] Ann Markusen cuestionó la coherencia sociológica de la categoría. El propio Florida reconoció en The New Urban Crisis (2017) que su modelo inicial subestimó los problemas de desigualdad y segregación generados por la concentración de clases creativas en ciertas metrópolis.
La nueva división internacional del trabajo cultural
Toby Miller desarrolló el concepto de Nueva División Internacional del Trabajo Cultural (NICL), argumentando que las plataformas y corporaciones globales —Hollywood, las grandes distribuidoras— organizan la producción cultural explotando diferenciales salariales transnacionales y haciendo competir a los gobiernos por atraer producciones mediante incentivos fiscales, lo que precariza el trabajo creativo en los países receptores.[23] Miller añade, junto con Maxwell, que la llamada economía creativa «inmaterial» es en realidad profundamente material: genera residuos electrónicos, consume energía masivamente y produce externalidades ambientales generalmente no contabilizadas.
Precarización y trabajo creativo
Angela McRobbie documenta cómo el discurso del emprendimiento creativo naturaliza la precariedad, el autoempleo y la autoexplotación, transformando a los artistas en «proto-empresarios» que internalizan el riesgo económico sin las protecciones laborales del trabajo asalariado.[24]
¿Economía creativa o economía naranja? El debate latinoamericano
En América Latina, parte de la literatura académica y de política pública usa los términos «economía creativa» y «economía naranja» como sinónimos. Sin embargo, una corriente crítica los distingue conceptual y políticamente. La «economía naranja» es una adaptación marcada políticamente, ligada especialmente al gobierno de Iván Duque en Colombia (2018-2022), que aplica el marco del BID sin discutir sus supuestos teóricos y subordina la diversidad cultural a criterios de rentabilidad y propiedad intelectual.
George Yúdice y Enrique Bustamante —con raíces en la crítica frankfurtiana— advierten que el giro hacia la economía creativa y naranja instrumentaliza la cultura para fines de mercado y competitividad, vaciándola de su dimensión política y simbólica autónoma.[25] Néstor García Canclini añade que la medición estadística del sector —al privilegiar el Valor Agregado Bruto sobre indicadores culturales— tiende a invisibilizar las prácticas culturales no mercantilizadas y las asimetrías de género, étnicas y territoriales dentro del sector.
En suma, mientras «economía creativa» es el concepto multilateral (UNCTAD, UNESCO), «economía naranja» es su adaptación latinoamericana con connotación específica de política pública, y presentarlos como sinónimos intercambiables oculta tensiones intelectuales y políticas relevantes.