Economía del cuidado (concepto)

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Maternidad como expectativa

La economía del cuidado comprende todo trabajo que se realiza de forma no remunerada en los hogares, incluyendo el trabajo doméstico y de cuidados, que comúnmente se remunera en el mercado laboral.[1] En la mayoría de los casos son mujeres las cuales están a cargo de estos trabajos, que principalmente están dirigidos al cuidado de niños, de adultos de la tercera edad y de personas con alguna discapacidad pero también de la realización de las actividades domésticas, este tipo de trabajos han tenido un aumento de demanda en los últimos años.[2]

La economía del cuidado es un concepto desarrollado por la autora española Yayo Herrero, en el libro Sujetos arraigados en la tierra y los cuerpos.[2]

Este concepto también hace referencia a la organización social del cuidado, siendo la manera en la que las familias, el mercado y la comunidad distribuye y reproduce el trabajo, este recayendo directamente en las mujeres.[2] A su vez, en la actualidad este concepto se ha definido como parte de los elementos que nutren o cuidan a las personas, ya sea proveyéndoles de los elementos físicos o emocionales necesarios para vivir en sociedad. Es decir, la economía del cuidado también hace referencia a los bienes y actividades que permiten a las personas alimentarse, educarse, estar sanas y vivir en un ambiente adecuado.[1]

Dentro de las principales características de la economía del cuidado se encuentran las siguientes:

  • Comprende el trabajo de las mujeres tanto en el ámbito mercantil como en el hogar, el cual está vinculado al cuidado, atención, mantenimiento y reproducción de este y sus miembros, así como al desarrollo económico de los países y el bienestar de sus poblaciones.
  • Estas actividades se consideran como bienes o servicios económicos, ya que generan valor y demandan costos representados en tiempo y energía. Además, son capaces de generar bienestar a quienes los reciben.
  • A las mujeres que realizan este tipo de actividades no se les reconocen sus derechos laborales ni la seguridad social, ya que no reciben ninguna compensación económica por su labor.
  • Estas mujeres no tienen acceso a condiciones dignas de trabajo, como días de descanso obligatorio, un salario justo, vacaciones y un contrato de trabajo.[3]
  • Hay un alto nivel de desigualdad entre mujeres y hombres cuidadores. De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo en el continente americano, las mujeres dedican 268 minutos al día al cuidado no remunerado, mientras que los hombres dedican solamente 155 minutos por día.
  • Muchas mujeres con un trabajo fijo se ven forzadas a realizar las tareas del hogar también para vivir adecuadamente, lo que hace que lleguen a tener más de una jornada laboral al día.[1]
  • La “economía del cuidado” suele implicar un alto grado de responsabilidad sobre las mujeres y niñas, ya que toda la carga del trabajo suele recaer sobre ellas desde edades tempranas.
  • Este concepto está basado en la creencia errónea de que las mujeres están dotadas naturalmente para la realización de este trabajo por sobre los hombres.[3]

Impacto en la sociedad mundial

Tal como lo indica el Informe Global sobre la Brecha de Género, la deficiencia que existe en los sistemas de cuidado, representa uno de los mayores obstáculos a mejorar en relación a las diferencias de género en los mercados laborales de todo el mundo. Según la Organización Internacional del Trabajo, el 76% del trabajo de cuidado no remunerado es realizado por mujeres, haciendo que la disparidad aumente, especialmente en aquellos países con cambios demográficos en donde la demanda de cuidado se relaciona tanto al cuidado de niños como de adultos de la tercera edad.[4] De esta manera, la economía de cuidado representa un campo en donde predominan las mujeres con un 64.7% de la participación de las mujeres en la población mundial, siendo esta caracterizada por un bajo nivel de remuneración, malas condiciones laborales y reforzando aún más las diferencias existentes entre hombres y mujeres en materia del liderazgo.[4]

La economía del cuidado también se relaciona con la inexistencia de servicios públicos de cuidados, yendo de la mano con un mercado frecuente poco regulado y de heterogeneidad estructural; desde la pandemia por el virus del SARS-CoV-2, estas diferencias estructurales aumentaron.[3]

Impacto en México

Papel de la mujer en el desarrollo sostenible en la Agenda 2030

Referencias

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