Eduardo Neri
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| Eduardo Neri Reynoso | ||
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Senador al Congreso de la Unión de México por Guerrero Primera fórmula | ||
| 1 de septiembre de 1928-31 de agosto de 1932 | ||
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| 1 de septiembre de 1924-31 de agosto de 1926 | ||
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Procurador General de la República de México | ||
| 1 de diciembre de 1920-29 de agosto de 1922 | ||
| Presidente | Álvaro Obregón | |
| Predecesor | Flavio A. Bórquez | |
| Sucesor | Eduardo Delhumeau | |
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Diputado al Congreso de la Unión de México por Distrito 6 de Guerrero | ||
| 15 de abril de 1917-31 de agosto de 1918 | ||
| Predecesor | Francisco Figueroa Mata | |
| Sucesor | Gabino Bandera y Mata | |
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| por Distrito 5 de Guerrero | ||
| 16 de marzo de 1913-10 de octubre de 1913 | ||
| Predecesor | Bonifacio Rodríguez | |
| Sucesor | Legislatura disuelta | |
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| Información personal | ||
| Nacimiento |
13 de octubre de 1887 Zumpango del Río (México) | |
| Fallecimiento |
22 de agosto de 1973 (85 años) Ciudad de México (México) | |
| Nacionalidad | Mexicana | |
Eduardo Neri Reynoso (13 de octubre de 1887, Zumpango del Río, Guerrero - 22 de agosto de 1973, Ciudad de México, México D.F.) fue un jurista y político mexicano. Su cargo más importante fue ser titular de la Procuraduría General de la República de México.[1]
[2] Por haber sido procreado fuera de matrimonio, se le registró con los apellidos de la madre, doña Reverina Neri Reynoso, hija del General Canuto A. Neri, distinguido liberal y soldado, quien peleó y triunfó en Querétaro a las órdenes de Mariano Escobedo militante en 1893 en la rebelión contra el gobierno de Francisco O. Arce.
Según él mismo relata, aprendió a leer en silabario con el maestro Miguel Aldama en una escuela que se encontraba en la calle de Andrés Quintana Roo, en Chilpancingo. La primaria la cursó en otra escuela erigida en el lugar donde hoy se levanta el edificio del Poder Judicial del estado. Con la muerte de su abuelo el General Canuto A. Neri empezaron sus penalidades, pues cesó la única ayuda que recibían él y su señora madre; en consecuencia, tuvo que trabajar como peón en una finca rústica, para no suspender sus estudios. En la misma escuela en que cursó la primaria, terminó también la secundaria bajo la dirección, sucesivamente, de los profesores Luis E. Puig, Lamberto Popoca y Arturo Sotomayor.
La preparatoria la cursó en la escuela que se encontraba en la esquina que forman las calles de Benito Juárez y Galo Soberón, en la ciudad capital, y ahí mismo inició la carrera de leyes hasta el segundo año. Los temblores derribaron la escuela, la cual se trasladó al costado oriente de la iglesia del barrio de San Mateo. En este lugar prosiguió sus estudios de abogado hasta el cuarto año, los cuales no pudo concluir pues el gobernador porfirista Damián Flores clausuró la escuela, pero en cambio otorgó una beca de $25.00 mensuales a los alumnos más aprovechados, entre los que se encontraban, aparte de Eduardo Neri Reynoso, Rodolfo Neri Lacunza y Ezequiel Padilla.
El joven Eduardo Neri se trasladó a México con el fin de terminar sus estudios; sin embargo, no pudo inscribirse en la Escuela Nacional de Jurisprudencia debido a que el plan de estudios era diferente al que se seguía en Chilpancingo. En México, se enteró de que la escuela de leyes de Xalapa, Veracruz, podía admitirlo y hacia allá se dirigió en compañía de Rodolfo Neri Lacunza. Al fin, se graduó de Licenciado en Derecho en la escuela de Jalapa el 28 de septiembre de 1910. Recién egresado, tuvo oportunidad de conocer a Francisco I. Madero en la propia ciudad de Xalapa y de inmediato simpatizó con sus ideales democráticos. Volvió a Chilpancingo, donde abrió su bufete y entró en relación epistolar con Luis Cabrera, quien le encargó la atención de varios casos judiciales que debían ventilarse en los tribunales guerrerenses.
Por esa época, contrajo matrimonio en México con su novia de siempre, Amelia L. Acevedo, oriunda de Chilpancingo, abnegada y fiel compañera con quien procreó a un solo hijo de nombre Eduardo Neri Acevedo.
El 13 de junio de 1911, por encargo de Ambrosio Figueroa y del ayuntamiento de Iguala, tuvo a su cargo el discurso de bienvenida a Madero, quien recorría el estado de Guerrero en su gira como candidato a la Presidencia. Eduardo Neri, de solo 24 años, pronunció una vigorosa pieza oratoria donde, con su característica verticalidad y valentía, le dijo al Apóstol de la Democracia que, mientras siguiera fiel a la causa de la libertad y la democracia, contaría con el apoyo de los guerrerenses, pero si daba las espaldas al pueblo, las armas de los revolucionarios del Sur defenderían contra él los firmes ideales que los inspiraban. Madero, sinceramente emocionado, lo abrazó ante la multitud y prometió ser siempre fiel a sus principios.
Gestión política
Amigos y paisanos le propusieron la candidatura a diputado federal, que declinó en principio, pero enterado Luis Cabrera de esas simpatías, lo exhortó a aceptar. Luis Cabrera fue el fundador del Bloque Renovador que reunió después a los diputados federales que apoyaban a Madero. El licenciado Neri aceptó la postulación, a la que rehuía para que no se dijera que pretendía cargos públicos, y la fórmula integrada por él como propietario y el tixtleco Bonifacio Rodríguez como suplente, obtuvo el triunfó en las elecciones. A pesar de haber sido electo, Neri no se presentó a la instalación de la famosa XXVI Legislatura al Congreso de la Unión, el 16 de septiembre de 1912. Era evidente que no le atraía la actividad política, y menos quería ser diputado; por eso su suplente ocupó en principio la curul.
Bonifacio Rodríguez fue asimilado rápidamente por los diputados reaccionarios, de ahí que, en enero de 1913, Luis Cabrera le dirigió una carta a Neri en la que le explicaba la situación y lo urgía a ocupar su puesto de titular en la Cámara de Diputados. Por su parte, el gobernador de Guerrero y amigo cercano del licenciado Neri, José Inocente Lugo, le informó de un movimiento subversivo en contra de Madero y también le hizo ver la conveniencia de asumir sus funciones. Esto bastó para que Neri enfilara a la capital de la República, se integró a la Legislatura y formó parte del Bloque Renovador en marzo de 1913. A partir de agosto de ese fatídico año y ya posesionado Huerta de la Presidencia, desató su furia homicida contra los diputados que se atrevieron a censurarlo. Así fueron asesinados Serapio Rendón, Adolfo C. Gurrión y hasta un diputado suplente, Eduardo Pastelín. El senador por Chiapas doctor Belisario Domínguez, el 23 de septiembre del mismo año, pretendió leer en tribuna un discurso contra Victoriano Huerta, pero el presidente de la Cámara no aceptó la petición argumentando que las acusaciones contra el Ejecutivo eran competencia de la Cámara de Diputados. De todas maneras, don Belisario imprimió el discurso y lo hizo circular. Días después escribió otro discurso aún más violento, pero otra vez, el presidente de la Cámara no permitió su lectura por considerarlo subversivo.
Don Belisario procedió en la misma forma que en la anterior y, dos días después de que los discursos fueron conocidos públicamente, se advirtió la desaparición del valiente senador. Su hijo Ricardo enteró a los diputados chiapanecos de la misteriosa desaparición de su señor padre, y la denuncia se presentó ante el pleno de la Cámara el 9 de octubre de 1913. Los diputados chiapanecos pidieron que se iniciara una sesión permanente con el fin de averiguar el paradero del senador Domínguez. La Cámara aceptó la propuesta y nombró una comisión en la que figuró el licenciado Neri, misma que se entrevistó de inmediato con el secretario de Gobernación Manuel Garza Aldape, quien dijo desconocer el asunto, al que juzgó competencia de la policía y, por tanto, manifestó que lo turnaría a las autoridades correspondientes. Los diputados comisionados volvieron al recinto legislativo e informaron al pleno del resultado de la entrevista. Fue entonces cuando el licenciado Eduardo Neri, justamente indignado, pronunció un discurso que puede calificarse como el principio del fin de Victoriano Huerta.
En esa valerosa arenga, entre otras cosas, el diputado Neri dijo que no parecían hombres los que seguramente habían asesinado al senador Belisario Domínguez, sino “chacales”, pues no contentos con quitarle la vida devoraron sus restos. De aquí que, en adelante, se le llamó “chacal” al dictador Victoriano Huerta. Neri exhortó a sus compañeros a defender la dignidad del Poder Legislativo y a preservar sus propias vidas, y propuso que de inmediato se tomaran las decisiones apropiadas. La Cámara obró en consecuencia; nombró una comisión de su propio seno para investigar los hechos en que presumiblemente había perdido la vida el senador Belisario Domínguez; se acordó dirigirse al Presidente de la República diciéndole que los diputados ponían sus vidas bajo la salvaguarda del propio Ejecutivo y que, en caso de ocurrir alguna otra agresión a los legisladores, la Cámara celebraría sus sesiones en el lugar en que encontrase garantías.
Al tener conocimiento del acuerdo de los diputados, Huerta montó en cólera y ordenó a Garza Aldape que al día siguiente, esto es, el 10 de octubre, se presentara en el salón de sesiones de los diputados, exigiera de inmediato la revocación del acuerdo y que, en caso de negarse, los diputados fueran aprehendidos e internados en la penitenciaría. Como los diputados se mantuvieron firmes, Garza Aldape, quien antes de la sesión había ordenado el despliegue del ejército alrededor del recinto parlamentario e invadido el salón de sesiones, las galerías y el vestíbulo, ordenó la aprehensión de los 83 diputados que se encontraban presentes, quienes fueron remitidos a Lecumberri.
Los senadores, al tener conocimiento de los hechos, decidieron suspender sus sesiones, de tal manera que el espurio régimen de Huerta se vio ante el dilema de gobernar sin la presencia del Poder Legislativo. Querido Moheno, diputado huertista y asesor jurídico del dictador, le aconsejó emitir un decreto ordenando la disolución del Congreso y convocar a elecciones extraordinarias de presidente de la República, de diputados y senadores, para el 26 de octubre del mismo año. Así se hizo, pero con fecha retroactiva, esto es, del 10 de octubre, cuando los diputados ya estaban presos y los senadores habían suspendido sus sesiones.
Era evidente que las elecciones extraordinarias no podían celebrarse en el corto espacio de 16 días; sin embargo, se llevaron a cabo de manera fraudulenta con la concurrencia de leales o supuestos huertistas. Naturalmente, el candidato a presidente fue Victoriano Huerta.
El usurpador, en realidad, había incurrido en un golpe de Estado, lo que provocó no solo el repudio de los mexicanos indecisos sino que endureció la posición de los Estados Unidos. El presidente Wilson censuró la disolución del Congreso, al que consideraba depositario de la soberanía nacional, reiteró su negativa a reconocer el gobierno de Huerta, prohibió la venta de armas al Ejército federal y anticipó que no reconocería a ningún Presidente mexicano electo de manera ilegal. Por último, conminó a Huerta y a sus allegados a salir del país y les advirtió que, en caso de no hacerlo, autorizaría la intervención. El presidente Wilson dijo: “ha de hacerse la paz en México o nosotros la haremos”. Mientras tanto, pidió al Gobierno francés que negara a Huerta la entrega de un préstamo de 20 millones de libras esterlinas que le había autorizado y levantó la prohibición de vender armas a los revolucionarios.
Todos estos hechos concatenados, obligaron a Huerta a salir del país el 15 de julio de 1914. Como se advierte, su derrumbamiento se inició con el trepidante discurso del diputado Eduardo Neri, cuya intervención no ha sido valorada a profundidad. A resultas de su vibrante mensaje, los diputados tomaron las decisiones que ya se señalan. Armando Z. Ostos, otro de los diputados de la célebre XXVI Legislatura, pasados varios años de aquella tormentosa jornada legislativa, declaró públicamente que la patética y temeraria exhortación de Neri fue la que lo impulsó a redactar los acuerdos que, con ligeras modificaciones, aprobó la Cámara.
Revolución mexicana
Después de su trascendente desempeño como diputado y una vez que fue liberado de prisión, Eduardo Neri se incorporó a las fuerzas carrancistas en Veracruz. El Primer Jefe le expidió un nombramiento como subdirector de Patentes y Marcas y, después, lo envió a colaborar con su hermano, el general Jesús Carranza, con el fin de organizar el contingente revolucionario en el estado de Guerrero. Neri no pudo comunicarse con Jesús Carranza porque este, en enero de 1915, fue arteramente asesinado, junto con su hijo Abelardo Carranza, en una ranchería de Oaxaca. De todas maneras, Neri formó parte de las fuerzas que comandaba Julián Blanco y combatió a su lado a los zapatistas en el norte de Chilpancingo. Blanco, por méritos en campaña, ascendió a Neri al grado de coronel.