El Familiar

espíritu maligno en forma de perro negro del folclore argentino From Wikipedia, the free encyclopedia

El Familiar, también conocido como El cuñado, El Tío o Perro Familiar[1] es un tipo de espíritu familiar devorador de hombres, cuya leyenda se halla muy difundida en los ingenios azucareros del noroeste argentino.[2]

Dibujo del Familiar en su clásica representación como un cánido de piel negra y ojos rojos.

Se han descrito diferentes versiones de esta entidad, pero la más conocida lo identifica con una especie de criatura demoníaca con aspecto de cánido que da poder y dinero a su poseedor a cambio, generalmente, de vidas humanas. A veces, la leyenda involucra un pacto entre los dueños de los ingenios y el Diablo, que asegura la prevalencia de su estatus socioeconómico a cambio de sus almas y de la vida de algunos de sus trabajadores, arrebatadas periódicamente por el Familiar.

Su existencia es tomada como real por gran parte de los trabajadores de las plantaciones de azúcar de la antedicha región, situación que muchas veces es aprovechada por los dueños de los ingenios para coaccionar a su peonada.[3] Muchas desapariciones de zafreros del Ingenio Ledesma y otros sucedidas durante el Proceso de Reorganización Nacional han sido vinculadas con el accionar del Familiar.

Zona de influencia

El Familiar es particularmente temido en las provincias de Tucumán y Salta, y en el noroeste de Catamarca. Además, se hallan irradiaciones de su influencia en Jujuy, Santiago del Estero y, en algunos casos aislados, Entre Ríos y San Juan.

Historia del mito

Los mitos acerca de perros demoníacos tienen una larga historia. Durante el siglo XIX se produjo un auge de la industria azucarera gracias a la expansión del ferrocarril. En este contexto, los ingenios pronto comenzaron a producir y garantizar ganancias millonarias en lapsos de tiempo tan breves que dispararon la imaginación popular, hasta llegar a la conclusión de que los dueños de estos ingenios se habían enriquecido con la ayuda del Diablo u otros demonios mandados por él, con quienes habrían firmado un pacto.

La mayoría de los ingenios tendrían su propio Familiar. Se atribuye al Ingenio Santa Ana de Tucumán, propiedad de Clodomiro Hileret, el haber sido el primero en conseguir a su propio Familiar. El fantasma y la oscuridad, relato corto del escritor argentino Leonardo Oyola, narra el encuentro de un hombre con el Familiar del Ingenio Santa Ana.

Los dueños de los ingenios mantendrían a los demonios que tomarían la forma del Familiar escondidos en sótanos o chimeneas, y los dejarían alimentarse una noche al año con los peones que hallase o que el capataz hubiera engañado para llevarlos ante sí.[4]

Leyenda de El Familiar

Este tipo de espíritus familiares tendrían comúnmente la forma física de una víbora de gran tamaño (a veces una serpiente mitológica con pelos llamada Viborón), o de un perro grande y negro similar al Cadejo (a veces sin cabeza o más similar a un jabalí), de grandes ojos color rojo o de fuego y pelos duros como jabalí. Éstos también podrían presentar algunos rasgos humanos, como garras prensiles con las que destrozarían a sus víctimas, o la capacidad de caminar en dos patas. En ocasiones se lo presenta como un híbrido de ambos seres, similar al Teyú Yaguá, con colmillos de jabalí en la mandíbula inferior y de víbora en la mandíbula superior; e incluso hay algunos relatos que lo describen como de un ser humano de aspecto europeo que se vestiría todo de negro y montaría a caballo.

A veces se lo describe con la capacidad de hablar, y todas las narraciones coinciden en que se siente un fuerte olor a azufre u otras sustancias y el sonido de grandes cadenas arrastrándose cuando está cerca.

Los propietarios de los ingenios azucareros que poseerían un Familiar, recibirían poder y dinero a cambio del sacrificio anual de un obrero. De no transmitirse el conocimiento del Familiar, una vez muerto el patrón, el demonio moriría de hambre y la fortuna familiar se perdería, quedando la familia maldita. Al ser soltado, el Familiar rondaría distintos lugares del ingenio durante la noche para hallar a sus víctimas, aunque su hambre generalmente no es saciada. En caso de no ser alimentado, la leyenda dicta que el propio patrón puede acabar muerto a manos del demonio.

Cuando en las grandes fábricas ocurren accidentes, particularmente en la caldera (el trabajador cae en la caldera y muere carbonizado) y en el trapiche (el obrero va a tirar la caña en éste y se resbala en la cinta transportadora, muriendo triturado), o cuando un zafrero muere de hambre, se dice que el Familiar «ya se ha hecho la víctima» (si muere más de uno es porque «está hambriento»). Se considera que los beneficios para el dueño del ingenio serán mayores cuantos más peones coma el Familiar.

Se cree que los obreros que molestan o desobedecen al patrón son los predilectos para ser asesinados por el Familiar. Una de las tantas formas de condenarlos es mandarlos a buscar herramientas a la habitación donde esté el demonio guardado.

El ataque del Familiar

El Familiar absorbe el alma humana, prefiriendo la de los trabajadores que no respetan a su patrón.

Sólo quienes han sido víctimas del Familiar lo conocen. No es posible matarlo ni herirlo con el filo de las armas o disparándole. Sin embargo, sí es posible escapar con vida, mostrándole la cruz que se forma con la empuñadura de un puñal.

Véase también

Referencias

Bibliografía

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