El achiote y el huito (mitología de Ecuador)
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El achiote y el huito hace referencia a una serie de mitos de Ecuador que se han desarrollado en la costa y en la amazonía principalmente, aunque también existe la presencia importante de simbolismo alrededor del achiote andino. En general el achiote y el huito son los árboles ancestrales o Chi-matutata en lenguas barbacoanas y representan la dialéctica entre lo masculino, el achiote, y lo femenino, el huito. El simbolismo de los colores es: el negro representa al surco femenino terrígeno o tierra que debe ser fertilizada. El rojo es el coágulo social, la semilla comunitaria. Es el fuego que se obtuvo originariamente al frotar las semillas. El negro representa la noche del sol, mientras que el achiote es el sol en su máxima expresión durante el día.[1]
El achiote viene del nahuatl que significa "achiyotl": achi- 'grano, semilla'. Por otro lado, se desconoce el origen de la palabra huito. Este árbol era usado comúnmente por las tribus amazónicas en especial los uitotos que dervarían su nombre de ahí.[2] En Ecuador era comúnmente usado por los quijos que perderían su idioma durante las misiones de Maynas y esta palabra "wituk" entraría dentro del vocabulario kichwa.[3] Mitológicamente a ambos se los conoce como Chi-Matutatas que en lenguas barbacoanas, significa árbol (chi) y ancestros (matutatas), haciendo referencia a la sacralidad de ambos árboles, su rol en la cosmogonía y su presencia continua en muchos ritos tanto en la costa, como en la sierra y amazonía de Ecuador.[4]
Generalidad de su uso


A diferencia de otras culturas prehispánicas, en los señoríos étnicos de Ecuador la desnudez era común y no tenía connotación negativa, especialmente en las culturas de la costa, Amazonía y las que se encuentran en el piedemonte de los Andes. Por esta razón la decoración corporal era importante y el uso del achiote y el huito como principales pigmentos era generalizada.[5] No eran los únicos pigmentos ya que se pudo haber usado el blanco y el amarillo de las arcillas, su uso no fue generalizado como el del negro y rojo obtenidos a través del huito y el achiote, incentivando una red de intercambio. Además estos tintes son durables y no se desescaman de inmediato.[5] Por esta razón existe evidencia arqueológica precolombina y costumbre que llega hasta la actualidad del uso de estos pigmentos. Dentro de las culturas que lo usaban se encuentran: Chachis, Tsáchilas, Chonos, Manteños-Huancavilcas, Caranquis, Quitus, Puruhá, Cañaris, Quijos, Paltas, Shuar.[6][1][7] En otras palabras es una de las características principales que unifican a las culturas aborígenes de Ecuador.
Su uso en las culturas que habitaban territorios en general tropicales con temperaturas altas y mucha radiación solar es resumido de la siguiente manera:[8]
La pintura corporal, y sobre todo el untado de aceites, era una costumbre generalizada en la mayor parte de los pueblos de América, como refiere el padre Gumilla en su Relación sobre el Orinoco. En esta región, en el siglo xviii, se untaban con una mezcla de aceite y achiote todo el cuerpo, siendo tarea de las madres y esposas hacia sus hijos y maridos. El aceite servía como protector contra los mosquitos y los parásitos, así como para adornarse en las fiestas, ya sea para sus matrimonios, o borracheras ceremoniales, y constituía además un filtro para la piel o aislante frente a los rayos solares.Andrés Gutiérrez - El eje del Universo



