El aguacero
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| «El aguacero» | ||
|---|---|---|
| Publicación | 1931 | |
| Género | tango | |
| Compositor | Cátulo Castillo | |
| Letrista | José González Castillo | |
| Idioma original | español | |
| País de origen | Argentina | |
El aguacero es una canción que ha sido ejecutada también con ritmo de tango que lleva letra de José González Castillo y música de Cátulo Castillo que fue estrenado en 1931.[1][2][3]
José González Castillo (Rosario, 25 de enero de 1885 - Buenos Aires, 22 de octubre de 1937) fue un conocido dramaturgo, director de teatro, libretista de cine y letrista de tango argentino. Entre el centenar de obras de teatro que escribió se destacan El Parque, La mujer de Ulises Luiggi, La serenata, Los invertidos, La mala reputación, escrita en colaboración con José Mazzanti y Los dientes del perro con Alberto T. Weisbach. Escribió tangos muy difundidos luego, como Sobre el pucho (1922), sobre música de Sebastián Piana, Silbando (1923), Griseta (1924) y Organito de la tarde. Fundó la Universidad Popular de Boedo, la segunda universidad popular de Argentina, donde estudiaron miles de alumnos durante más de veinte años. En su homenaje se le dio su nombre a la esquina SE de San Juan y Boedo.

Cátulo Castillo (Buenos Aires, 6 de agosto de 1906 - ídem, 19 de octubre de 1975), cuyo nombre completo era Ovidio Cátulo González Castillo, fue un poeta y compositor argentino de tango autor, entre otros, de los tangos Organito de la tarde, Tinta roja y del vals Caserón de tejas, ambos con música de Sebastián Piana, María y La última curda con música de Aníbal Troilo.
Historia
José González Castillo escribió los versos durante la travesía del barco en que regresaba a Buenos Aires desde Europa en 1930 junto a su hijo Cátulo. Ya musicalizados por este, los estrenó en noviembre de 1931 el actor-cantor Abelardo Farías -hermano de Dringue Farías- en el Teatro Cómico en el marco de la revista teatral "De la tapera al rascacielos".[4]
Esa palabra aguacero, es una lluvia repentina, abundante, impetuosa y de poca duración, deriva de “aguaza”, que a su vez proviene del latín “aquacea”.[5] El título lo eligió Cátulo Castillo por una anécdota que le contara su madre. Cátulo nació en la casa, como era habitual en la época, y cuando su padre que esperaba en el boliche cercano fue avisado, corrió al hogar en medio de una lluvia torrencial, sacó en brazos al patio al recién nacido y alzándolo dijo: “Que esta agua del cielo te bendiga y te haga un hombre de bien”.[4] Cabe recordar que González Castillo era anarquista y ateo.