Para la obra, la marquesa de Lothan modeló sentada de tres cuartos, su antebrazo recargado en un mueble y con sus manos posadas sobre su regazo, tendiendo hacia su costado derecho. Su rostro, ligeramente de perfil, parece observar hacia un punto lejano en la habitación, por lo que sus facciones se muestran relajadas y naturales. Porta un vestido con claras influencias del quitón griego debido a los drapeados, y sobre este descansa una túnica y un sobretodo de seda azulada y ribeteado probablemente con armiño, el cual es un elemento para enfatizar su pertenencia a la nobleza. Su cabello se encuentra recogido en un peinado alto con adornos y algunos mechones al costado, muy al estilo de los tocados romanos, el cual era una moda en la época.
Joshua Reynolds plasmó un fondo liso con colores fuertes, con el propósito de enfatizar la figura de Elizabeth Kerr, así como contrastar lo blanca de su piel con la gama de tonalidades oscuras, misma que otorga un equilibrio a la obra.[5]
Dicho cuadro, según algunos especialistas, cumplió con los "cuatro principios de la pintura" que Reynolds en su tratado, Discursos sobre arte, debían poseer las obras de gran estilo: invención, colorido, drapeado de telas y expresión.[2][6]
Como algunas de las otras obras del artista británico, fue reproducido en múltiples grabados con el objetivo de formar compilaciones documentales y estéticas. El caso de Elizabeth Kerr, marquesa de Lothian, no fue la excepción, pues se conserva un grabado realizado a la obra que data de 1770 de John Spilsbury, el cual tiene un gran parecido con el cuadro de Reynolds a excepción de algunos detalles en la vestimenta de la marquesa.[7]
Asimismo, existe otra versión de la obra que se encuentra en una colección privada en la Gran Bretaña, en la cual se muestra a Elizabeth Kerr más joven, e identificada aún como la condesa de Ancram.[8]