El origen de la ermita está relacionado con una leyenda que cuenta que un hombre afectado por la peste, se refugió en una cueva no muy apartada de Vilafranca, entonces prometió solemnemente que si quedaba curado levantaría una ermita a San Roque. Es así como se erige la primera ermita a San Roque ( y al considerar obra también de este santo que la población entera se librara de una plaga de langostas, San Roque fue nombrado patrón de la localidad en 1688),[2] que se localizaba cerca del conocido como “Barranc de la Fos” y del “Pou de la Llàmia”.[3][4]
Esta ermita dataría de 1520 y dejó de utilizarse por la dificultad que entrañaba acceder a ella. De hecho se tardó más de cien años en realizar tanto un sermón en la ermita (en 1658), como en realizar una procesión hasta ella (en 1665).[3] Es por esto que se decidió entre los años 1705 y 1726, construir una nueva ermita en las proximidades del pueblo, en la llamada calle de las Eras de San Roque, en el mismo lugar en el que se levantaba un peirón, actualmente desaparecido, que se conocía como de San Agustín, y que acabó por conocerse como peirón de “Sant Roc”.[5][4] La antigua ermita pasó a tener como advocación Santa Bárbara, hasta que a la santa se le construyó otra más idónea, momento en el que el edificio quedó totalmente abandonado.[3]
Se llevaron a cabo reformas estructurales en la ermita entre 1740 y 1741, al presentar graves grietas. Durante la guerra de 1936 se utilizó como herrería, lo cual supuso la pérdida o la destrucción de la mayoría de sus ornamentos. Es por ello por lo que más tarde se procedió a rehabilitarla y restaurada al menos parcialmente, pese a lo cual sufrió un abandono progresivo que ha llegado hasta la actualidad en la que permanece sin culto y en continuo proceso de deterioro, alcanzando en breve la ruina.[5][4]
En el año 2019 el 16 de agosto se inauguró la restauración llevada a cabo por el ayuntamiento, la Generalitat y el obispado. Se han reparado los elementos estructurales afectados se ha reforzado el muro que presentaba las grietas y se ha consolidado la bóveda. Se ha pavimentado el coro. Falta reconstruir un tramo de bóveda, el de encima del coro se cayó. En la misa de inauguración se cantó el motete Iste Confesor Domini, en versión de Scarlatti, la misa en Do mayor de Gounod por el coro de la Asociación Cultural Luis Miralles del Carro. No pensábamos volver a entrar en la ermita cerrada desde 1983. Por tanto ha sido un motivo de alegría para todos los devotos.