Escalera de la participación
La escalera de la participación es una figura metafórica creada por Sherry Arnstein para evaluar los distintos grados de participación ciudadana, aunque también se ha aplicado a la participación de personas en empresas, organizaciones y otros campos. La escalera original cuenta con ocho peldaños, aunque existen otras versiones. Los más altos representan un mayor grado de poder de la ciudadanía. Los peldaños inferiores se consideran modelos de participación "engañosa", "no-participación" o sustitutos de una verdadera participación. Los peldaños de la zona media corresponden a un grado de "formulismo", que relaciona con el tokenismo y no llega a la etiqueta de "poder ciudadano". La utilidad de una clasificación como esta para la ciudadanía es que, con este conocimiento, posibilita valorar qué tipo de participación se les ofrece y, quizá, demandar niveles de participación genuina. De hecho, numerosas publicaciones posteriores sobre participación ciudadana hacen referencia a esta figura.
From Wikipedia, the free encyclopedia

La escalera de la participación es una figura metafórica creada por Sherry Arnstein para evaluar los distintos grados de participación ciudadana, aunque también se ha aplicado a la participación de personas en empresas, organizaciones y otros campos.
La escalera original cuenta con ocho peldaños, aunque existen otras versiones. Los más altos representan un mayor grado de poder de la ciudadanía. Los peldaños inferiores se consideran modelos de participación "engañosa", "no-participación" o sustitutos de una verdadera participación. Los peldaños de la zona media corresponden a un grado de "formulismo", que relaciona con el tokenismo y no llega a la etiqueta de "poder ciudadano".[1]
La utilidad de una clasificación como esta para la ciudadanía es que, con este conocimiento, posibilita valorar qué tipo de participación se les ofrece y, quizá, demandar niveles de participación genuina. De hecho, numerosas publicaciones posteriores sobre participación ciudadana hacen referencia a esta figura.[2][3]
Nivel de la no-participación
- Peldaño 1: Manipulación. Representa la distorsión de la participación como herramienta de quienes detentan el poder. Se trata de engañar a la población en un supuesto proceso de participación en el que no se les informa correctamente y tampoco se les consulta de forma adecuada.
- Peldaño 2: Terapia. Quienes administran esta forma de participación "asumen que la falta de poder es sinónimo de enfemerdad mental" y, bajo ese supuesto, crean un entorno dónde la ciudadanía se desahogue o se les trate pero sin atender a su expresión.
Nivel del formulismo
- Peldaño 3: Información. Se establece un canal unidireccional en el que se facilita información de sus intenciones pero sin dar opción a la réplica. Informar a la ciudadanía de sus derechos, responsabilidades y opciones puede ser el primer y más importante paso para legitimar su participación. Sin embargo, si se trata de un canal unidireccional, en el que no hay lugar a la negociación, la participación no se completa.
- Peldaño 4: Consulta. Se crea un entorno de expresión de la ciudadanía y atención a la misma, aunque sin el compromiso de tratar, tener en cuenta e incorporar sus opiniones a las decisiones finales.
- Peldaño 5: Aplacador. Se aceptan algunas propuestas de la ciudadanía que sirvan como muestra de las intenciones de quienes ostentan el poder, pero sin permitirles ser partícipes reales de las decisiones globales.
Nivel de la participación:
- Peldaño 6: Colaboración. Es un proceso de negociación derivado de las demandas ciudadanas pero conducido por una minoría poderosa en todos sus ámbitos.
- Peldaño 7: Delegación de poder. En este peldaño, la ciudadanía cuenta con ámbitos en los que su opinión prevalece sobre la minoría poderosa.
- Peldaño 8: Control ciudadano. En el que la ciudadanía participa sin tutelaje alguno del gobierno.[4]
